Durante
algunos minutos del partido, la Real se atrincheraba en el viejo estadio de
Atocha. Cuando era un barrizal, al equipo rival le costaba adaptarse al
terreno. La Real se sentía en el patio de su casa y durante un tiempo, hizo del
ejercicio defensivo una obra de arte. Cuando los días no eran tan buenos, los
delanteros rivales encontraban un resquicio por el que encarar la portería. Era
entonces cuando aparecía el titán. Una ocasión tras otra y todas desbaratadas.
Desde una esquina del estadio sonaba una voz y toda la grada acompañaba a coro.
"¡No pasa nada, tenemos a Arconada!".
Ecuaciones
Hace 3 días
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