
El Levante ganó al Barça con dos de los factores imprescindibles a la hora de afrontar un duelo; constancia y suerte. Tuvo la fe necesaria para encontrar rendijas en el sistema de Valverde y, sobre todo, tuvo un portero que supo tapar las pocas ocasiones claras que tuvo el Barça. El Levante jugó bien y no se puede decir que el Barça lo hiciese mal, pero antes de acusar a la segunda unidad, convendría saber que quizá el problema es que el equipo, más allá de Messi, tiene serias dificultades para encontrar un camino.
A medida que fue desprendiéndes de buenos centrocampistas, el Barça hubo de ir virando su manera de afrontar los partidos. Del control total pasó al control alterno y, en muchas ocasiones, al mismo desgobierno. El problema lo soluciona el Barça con esa dosis descomunal de talento que tiene arriba; Messi es el pegamento perfecto entre una línea media que va y viene sin la determinación de antaño y Luis Suáez, ese delantero centro que, como dijo Picasso, no deja de trabajar en busca del momento de inspiración.
Sólo desde el talento atacante puede entenderse una victoria tan contundente en un partido tan gris como el de anoche. No fue la mejor versión del Barça y se pareció mucho a esa versión que sufre en demasía cada vez que el rival se atreve a taparle la salida de balón. Ese ejercicio de audacia suicida tiene el contrapunto de dejar a Messi a su libre albedrío siempre que el Barça supere la primera línea de presión, pero puestos a creer que todo está perdido, mejor salir a jugar como si ya todo estuviese ganado.
A medida que fue desprendiéndes de buenos centrocampistas, el Barça hubo de ir virando su manera de afrontar los partidos. Del control total pasó al control alterno y, en muchas ocasiones, al mismo desgobierno. El problema lo soluciona el Barça con esa dosis descomunal de talento que tiene arriba; Messi es el pegamento perfecto entre una línea media que va y viene sin la determinación de antaño y Luis Suáez, ese delantero centro que, como dijo Picasso, no deja de trabajar en busca del momento de inspiración.
Sólo desde el talento atacante puede entenderse una victoria tan contundente en un partido tan gris como el de anoche. No fue la mejor versión del Barça y se pareció mucho a esa versión que sufre en demasía cada vez que el rival se atreve a taparle la salida de balón. Ese ejercicio de audacia suicida tiene el contrapunto de dejar a Messi a su libre albedrío siempre que el Barça supere la primera línea de presión, pero puestos a creer que todo está perdido, mejor salir a jugar como si ya todo estuviese ganado.
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