jueves, 26 de noviembre de 2009

Otra vez

Otra vez. Ya está aquí, titileando como el anuncio de una promesa espectacular, un nuevo partido del siglo rondando el pensamiento, el pronóstico y las emociones de millones de aficionados repartidos por España y otros rincones del mundo. Ya está aquí el mejor partido que puede verse en el mundo, con dos colosos enfrentados a sus verdades, sus mentiras, sus valores y sus miedos. Ya está aquí el Barça - Madrid, otra vez.

Intentar pronosticar en un partido de semejante envergadura es como atreverse a adivinar el gordo del próximo sorteo de la lotería de navidad; sabemos que puede tocarnos, pero no sabemos lo cerca o lo lejos que estaremos. Dicen que el Barça viene mejor en cuanto a fútbol, otros dicen que lo que importa son los resultados y ahí el Madrid va ganando la partida, dicen que Messi decantará la balanza, dicen que será Cristiano. Todos dicen muchas cosas y todos dan su particular análisis sobre la situación. Pecaré de cansino, pero yo también tengo el mío.

Me esquilma en cierta modo la corriente de opinión que ha convertido al Madrid en lo que hoy es; un equipo con pegada pero sin juego. Me esquilma, no por sentimentalismo ni simpatía, si no por la poca aproximación a la realidad que se extrae de cada una de las opiniones. Parece que el Madrid debe conformarse con lo que es: un equipo que no juega bien pero gana y que así será siempre porque el Madrid siempre ha sido un equipo ganador que, más allá de los adornos y las vibraciones, es lo que cuenta. Pues bien señores, yo he visto al Madrid jugar muy bien.

Va para dos décadas que el Madrid abandonó un puente guía de sensata dirección para lanzarse al precipio de las arrancadas de espíritu. Vale que el madridismo siempre valoró el coraje y la entrega con un ánimo especial, vale que querer ganar es la premisa fundamental para llegar a la cima, vale que el gen impositivo de cada especie es el factor que encamina a cada individuo a cumplir con sus premisas. Pero si el Madrid se abandona a ganar de cualquier manera cada vez la costará más esfuerzo reajustar los cimientos tras el huracán.

Algo diferente ocurre en Barcelona. En aquellos años en los que el Madrid era fuente de inspiración para los poetas del fútbol, el Barça se perdía en proyectos sin dirección. A menudo señalaban a los estamentos de su mala suerte, regeneraban la ilusión cada mes de agosto con un fichaje de relumbrón y volvían a cambiar de estilo cada mes de septiembre con un nuevo inquilino en el banquillo. En aquellos días el Barcelona jugaba tan mal como el Madrid de ahora con la diferencia de que no ganaba.

Para analizar la importancia del buen fútbol en la cadena del resultado, solamente hace falta ver al Barça. Su código genético lleva implícito la obligación de mantener el estilo. Fútbol elaborado, centrocampistas inteligentes, extremos incisivos y delanteros con alma de inventores. Así ha sido desde que Cruyff creó un Dream Team y así se demostró cada vez que el club intentó un inútil salto al vacío. Por ello, cada vez que el Barça culmina una temporada triunfal no queda ningún resquicio para la duda; cuando enamora gana y cuando gana enamora.

Y en el punto álgido de cada respectiva consolidación, ambos colosos se enfrentan para dirimir sus fuerzas por enésima vez. Es el clásico de los clásicos, el partido más esperado, el más visto, el que más comentarios suscita tanto en la previa como en la semana posterior. Un partido que no decidirá la liga, ni hundirá a ninguno de los dos equipos, pero en el que se sigue jugando el orgullo, la primacía y la posibilidad de que hablen bien de uno durante los días siguientes.

Que tengan cuidado los del Barça si piensan que con su tiqui taca pueden bailar a este Madrid en continua búsqueda de sí mismo porque ante cualquier mal partido o cualquier pronóstico incierto existe siempre la indiscutible competitividad de un equipo muy difícil de ganar. Y que tengan cuidado los del Madrid si piensan que media docena de destellos de sus estrellas bastarán para doblegar a un Barça que dicen "ya no es el que era", porque en cualquier momento puede despertar el monstruo de once cabezas capaz de desarbolar al mejor equipo con su majestuosa colección de pases incontrolables.

Que nadie se confíe y que todos lo disfrutemos. Es el partido del siglo. Otra vez.

2 comentarios:

Jorge-George Olmos dijo...

Pues,no se por que me recuerda al partido en que marco Baptista,que nadie daba un duro por el Madrid y mira o con el 3-3 de Messi.
No se,nunca te debes fiar del Madrid,aunque si fuera le futbol justo(que no suele serlo) deberia ganar el barcelona

Un abrazo perdona por no haberme acercado desde hace mucho tiempo

Coro dijo...

Hola.

Te informo que tu blog "El futbol de Pablo" ha sido nominado a los "Premis Semàfors d'Or" que da mi blog anualmente.

Haz clic en el enlace para ver a los otros nominados (deja un comentario en la entrada si quieres)
http://elsemafor.blogspot.com/2009/11/nominats-als-premis-semafors-dor.html

El 25 de Diciembre los ganadores.