
El Nottingham Forest es un club de ciento cuarenta y seis años de historia que hoy debate su identidad en la zona alta de la Football League Championship, el equivalente a nuestra Segunda División B. Atrás quedaron aquellos años de gloria en los que McGovern levantó dos Copas de Europa e Inglaterra se dividía en opinión entre el rojo del Liverpool y el rojo del Forest. Fueron los años de Brian Clough, de Shilton, de Roberston, de Anderson. Pero hubo más años, una prehistoria en la que el club fue forjando a hierro su destino y en la que hombres de honor se hicieron un hueco en los corazones de los aficionados del City Ground.
Junto al galés Terry Hennessey formó, en el tramo final de su carrera, uno de los centros del campo más recordados del fútbol inglés; uno ponía el recorrido y otro la pausa, uno la llegada al área contraria y otro la protección del área propia, uno decidió buscar fortuna en otro lugar y el otro decidió ser por siempre fiel al color rojo de Nottingham. El mismo con el que había logrado levantar la FA Cup de 1959 tras ganar por dos goles a uno al Luton Town después de jugar durante una hora con un hombre menos.
Se adelantaron los rojos con goles de Dwight y Gray y en veinte minutos el pescado parecía estar vendido por completo, pero lo que llegó después fue un ejercicio de épica en estado puro. A la media hora, y con el partido completamente controlado, el goleador Dwight chocó violentamente contra el defensor del Luton Brendan McNally. El diagnóstico fue rotura de pierna y la obligación, para el Forest, de jugar con un futbolista menos. En aquellos tiempos, la FIFA no había modificado las reglas y los equipos no tenían opción a realizar cambios durante el partido por lo que los Tricky Trees hubieron de afrontar los minutos que quedaban con diez futbolistas en el campo.
Y es que la historia de los equipos de fútbol la escriben aquellos que forjan un sueño y también los que lo hacen realidad. McKinlay no vivió, como futbolista, los días más grandes del Nottingham Forest, pero gracias a él, el equipo subió un peldaño en la escala de los sueños. Es obligatorio saber de dónde se viene para saber hacia dónde se quiere ir.
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