
Prometer no es sinónimo de cumplir, pero viajamos tan deprisa en el
tren de las exigencias, que queremos que cada nombre signfique gloria y
cada gol signifique futuro. Hay tantos tipos desparramados en el camino
de la promesa que se convierte en obligatorio reflexionar sobre si
exigimos a los demás lo que no exigimos a nosotros mismos o si,
realmente, nuestra necesidad de victoria nos convierte en devoradores de
mitos.
Bojan llegó al
fútbol con la vitola de chico deslumbrante. Se encontró a Messi en el
camino y no le cupo la comparación. Más allá de dejarle crecer y creer
en que podría ser otra cosa, ninguno nos paramos a reflexionar que Messi
sólo hay uno y que basta con ser un buen jugador para vivir del fútbol.
El profesional, como persona, busca la estabilidad, pero nosotros la negamos con el ímpetu del deseo. Los chicos que, como Bojan, caen en el pozo de la desesperación, terminan su recorrido a mitad del camino. No le sirvió al Barcelona, como no le sirvió a la Roma, ni al Ajax, ni al Mainz. Sigue buscando un atajo en Inglaterra, pero más allá del final, están las consecuencias del principio. A él, como a otros, le mataron antes de empezar, porque no supieron entender que una promesa no es más que un bonito recipiente vacío de contenido.
Crecer es creer. Valorar es respetar.
El profesional, como persona, busca la estabilidad, pero nosotros la negamos con el ímpetu del deseo. Los chicos que, como Bojan, caen en el pozo de la desesperación, terminan su recorrido a mitad del camino. No le sirvió al Barcelona, como no le sirvió a la Roma, ni al Ajax, ni al Mainz. Sigue buscando un atajo en Inglaterra, pero más allá del final, están las consecuencias del principio. A él, como a otros, le mataron antes de empezar, porque no supieron entender que una promesa no es más que un bonito recipiente vacío de contenido.
Crecer es creer. Valorar es respetar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario