lunes, 30 de mayo de 2011

Extremos

Durante los últimos años, los que amamos a la selección española como un pedacito de nuestro propio corazón, hemos podido disfrutar de un equipo de magníficos centrocampistas liderado por tres creadores de magia infinita: Xavi Hernández, Xabi Alonso y Andrés Iniesta han dotado a España de una identidad, de un prestigio y de un tipo de jugador que ha querido instalarse en nuestro fútbol como una marca con denominación de origen.

Pero no siempre fue así. Durante años, tanto Xavi como Xabi, con Guti en la recámara de los defenestrados, hubieron de vivir a la sombra de tipos más fajadores como Albelda, Baraja o Iván Helguera. Aquella era una España de pequeños ratos que buscaba su continuidad en las líneas de cal; Vicente y Joaquín se presentaban ante el mundo como la nota de distinción y, mientras ellos buscaban abrir la lata, el equipo se partía por la mitad.

Es por ello que ahora se convierte en prácticamente imposible el realizar un proceso de regresión. A esta España de hoy que ya encontró su lugar le resultará difícil regresar a tiempos en los que se soñaba más de lo que se conseguía, aunque para ello hay dos tipos en edad juvenil que están dispuestos a tirar la puerta, abrir la boca de los aficionados y proclamar de nuevo aquella máxima tan holandesa que decía que para divertir al espectador hacen falta un buen par de extremos.

Jesé Rodríguez es un chico canario que desborda hasta a su sombra, que inventa sueños sobre el césped y que se ha convertido en un deseo de sonrisa para los aficionados del Real Madrid. Jesé, que no siempre juega como extremo aunque auna condiciones sobradas para ello, gusta de volcarse hacia la banda para buscar el desequilibrio; cuando lo hace hacia dentro busca vacunar al portero contrario con uno de sus terribles disparos, cuando lo hace hacia fuera busca un lugar en la línea de fondo desde el que regalar un gol a un compañero. Tanto confía en su pierna derecha que apenas se atreve a utilizar la izquierda, se siente tan fuerte que cada vez que recibe el balón utiliza el cuerpo para volcar adversarios, encontrar el espacio y arrancar en ventaja hacia el área contraria. El chico atrevido que deslumbró en el Huracán de Gran Canaria firmó hace poco hasta el año 2014 con el Real Madrid, el club que le captó cuando era un cadete, el club que lleva tiempo devorando futbolistas de su factoría y que algún debe reencontrar el mirlo blanco que le devuelva la identidad. Quizá sea Jesé.

Gerard Deulofeu también es diestro aunque a él le gusta jugar siempre a pierna cambiada; como maneja la izquerda con la soltura de un malabarista, su abanico de recursos le permite ser tan imprevisible como para causar pavor a los defensas rivales. Deulofeu se dio a conocer en el torneo internacional alevín de Arona en las navidades de 2006, allí, los espectadores, al otro lado de la tele, pudieron descubrir a un niño imprevisible de apellido impronunciable ¿Quién era ese rubito del Barça que los volvía a todos locos? Su nombre era Gerard y su uno contra uno era demoledor. Con el tiempo ha ganado entereza y sabiduría, ha mantenido su descaro y no ha perdido un ápice de su verticalidad. En él, el Barcelona ha encontrado el eslabón perdido entre la sapiencia de Xavi y la magia inalcanzable de Messi; a Deulofeu, el tiempo puede convertirle en el hábil inesperado, el invitado sorpresa capaz de resolver duelos a cara o cruz. Para asegurarse ese as bajo la manga, el Barça le ha renovado hasta 2014 y Guardiola le ha recitado cantos de sirena al oído convocándole con el primer equipo en un par de ocasiones. Quizá no tardemos demasiado en descubrir las verdades de este chico tan atrevido que se ha convertido en la referencia de una Masía en sus horas más altas.

Son el futuro de un país que ahora sueña con razón, de dos equipos que ahora disfrutan la patente de corso que les ha concedido la historia, de miles de aficionados que quieren seguir disfrutando de una cantera inagotable y que ya ha dado sus frutos en forma de éxtasis nacional. Dos extremos que llamarán a la puerta de la España de los jugones, de ellos depende el derribarla y que les dejen pasar.