viernes, 4 de julio de 2008

Cuando Pirlo y Gattuso eran un mismo jugador

Hubo un tiempo en el que el fútbol nació como parte de una evolución. Muchos se cansaron de la mecánica del rugby e intentaron reescribir las normas para ingeniar un nuevo juego. Balón y pie dieron con la fórmula sencilla del fútbol y en sus albores los futbolistas lo jugaron como jugadores de rugby.

Que el fútbol pasase de ser un juego en el que el más hábil fuese el driblador a ser un juego en el que el pase prevaleciese sobre el regate, es algo que debemos a los escoceses. Desde entonces, decenas de buenos y generosos futbolistas se empeñaron en modernizar el juego, fijar las zonas de precisión y trasladar el balón a las zonas de peligro. Escoceses primero, sudamericanos después y desde aquí, hasta el sur de Europa donde Italia se convirtió en el principal imitador del estilo argentino de las primeras décadas del siglo XX.

Tras la estela y la tutela del gran Luisito Monti, creció uno de los mejores mediocentros que ha dado el fútbol italiano. Michele Andreolo nació en Uruguay y al igual que había hecho Monti desde su Argentina natal, Andreolo viajó a Italia para triunfar, enseñar y dejar para el recuerdo una manera distinta de entender el fútbol.

Se puede decir que la verdadera vida deportiva de Michele Andreolo comenzó una tibia tarde de 1935. Por aquella época eran frecuentes los viajes intercontinentales entre los más prestigiosos preparadores europeos. En uno de tantos, el profesor Fedullo hizo escala en Montevideo antes de llegar a su destino en Buenos Aires. Su primera visita dentro de la capital uruguaya fueron los campos de entrenamiento de Nacional, donde esperaba encontrar a su viejo amigo, el maestro Héctor Scarone. Scarone, convertido en un mito viviente, le contó los progresos del fútbol uruguayo desde el campeonato mundial obtenido cinco años antes, le habló de los jóvenes valores de Nacional y recalcó un nombre por encima de todos: Miguel Andreolo.

Fedullo, que tenía poco tiempo y mucha prisa, retrasó su llegada a Buenos Aires con la única intención de ver al fenómeno. Dicen que solamente existe una única oportunidad para causar una buena primera impresión; el dicho, tan exclusivista como puntualmente efectivo, no fue tenido totalmente en cuenta por el técnico italiano puesto que en el siguiente partido que disputó Nacional, Andreolo no formó parte del equipo titular ¿Tan bueno y suplente? Algo fallaba.

Lo que fallaba era una baja forma física y una pérdida de confianza por parte del entrenador del equipo. Fedullo no estaba dispuesto a abandonar Uruguay sin ver a Andreolo y Scarone no estaba dispuesto a quedar como un loco mentiroso. Se organizó un partido amistoso en el Parque Central con Andreolo en la formación titular y el italiano no tardó más de veinte minutos en volverse hacia Scarone y afirmarle: “Me lo llevo”. Aquel joven tenía todas las virtudes de los mejores directores de orquesta.

Andreolo tuvo que elegir. Igual que aquel día que se despidió de su familia en la localidad de Dolores para decir “me marcho a trabajar a Montevideo”, tuvo que volver a dar un portazo a su vida para decir: “me marcho a trabajar a Europa”. Andreolo fichó por el Bolonia y tardó poco en erigirse en estrella y motor del equipo. Aquel conjunto, sin duda el mejor que tuvo la ciudad de Emilia-Romaña durante toda su historia, alcanzó el hito de lograr cuatro campeonatos consecutivos. A Miguel le rebautizaron como Michelle y le ofrecieron la camiseta azzurra de la selección italiana para que sustituyese en su corazón a la celeste de Uruguay. Como eran tiempos en los que el amor de la gente podía con cualquier otro amor patrio, Andreolo accedió a la petición y el seleccionador Vittorio Pozo, toda una institución en el país, no lo dudó un solo segundo; si en 1934 había sido el argentino Monti quien cargase con su espaldas la responsabilidad de hacer jugar al equipo, en 1938 sería el uruguayo Andreolo quien se hiciese cargo de manejar al equipo italiano en el mundial de Francia.

Y Andreolo mejoró a Monti. Parecía difícil pero lo hizo. Su fortaleza defensiva le convertía en un tercer zaguero y su visión de juego le convertía en el mejor lanzador del ataque. Sus centros, tan precisos como efectivos, se hicieron famosos. Andreolo podía poner el balón a treinta metros sin ninguna dificultad; al pie de un extremo, a la cabeza de un delantero, al pecho de un interior. Italia renovó el título mejorando números y aguantando, estoicamente, el odio que le profesaban las aficiones rivales. Era una época en la que el fascismo de Mussolini pretendía conquistar Europa y en la que Italia hizo todo lo posible para triunfar en fútbol. En Francia demostraron que si habían ganado su mundial cuatro años antes había sido, en parte, por los favores recibidos y en parte, porque eran el mejor equipo de Europa. Un equipo en el que Meazza y Piola mandaban en plan general y maestro y en el que Andreolo tenía toda la capacidad constructiva que se podía desear.

Michelle Andreolo alargó su carrera hasta 1950. Tras su retirada se convirtió en una eminencia. Los aficionados tomaron su nombre como una referencia y la prensa acudía a él a menudo para recalar sus opiniones de experto. Tras criar una familia y forjar todos sus lazos en Italia, Andreolo murió en 1981 con el dolor de no haber podido regresar a su Dolores natal para ofrecer una despedida y dejando tras de sí la estela inconfundible de quien hizo escuela en la posición más determinante del terreno de juego. Y ahora que vivimos una época en la que la afición se divide entre los jugones y los currantes, conviene recordar que el fútbol nació como un deporte en el que la pelota tenía un significado especial por encima de cualquier otro detalle y que en aquellos albores existió un futbolista llamado Michele Andreolo que demostró que Pirlo y Gattuso pueden vivir, al mismo tiempo, en un mismo jugador.

10 comentarios:

piterino dijo...

La especialización, en todos los ámbitos, es un rasgo identificativo de la evolución, no hay duda.
Pero el fútbol, como tantas otras veces, lo ha exagerado tanto que ahora necesitamos casi tantos especialistas como funciones a desempeñar en un campo.

Aprovecho otro gran post histórico sobre un grande (Monti lo fue, y conocer la Historia demuestra cultura y amor a una disciplina) para reivindicar al individuo y al dinamismo frente al colectivismo y la absurda tendencia estática de nuestro tiempo.

Saludos!

fernando dijo...

Me encanta leer estas historias. El fútbol de antes tiene mucho para aplicar en la actualidad. Un abrazo

JUANPA dijo...

HOLA!!!!!! QUE TAL??????

GRANDISIMA HISTORIA, ME HA ENCANTADO.

EN EL FÚTBOL DE HOY EN DIA ES POSIBLE QUE LE HUBIERA IDO MUY BIEN, QUIEN SABE...

UN SALUDO!!!

Juan dijo...

Un gran blog.

¿Intercambiamos links? Si te interesa responde en mi blog:
http://marcador-deportivo.blogspot.com/

Un saludo.

miguel diaz dijo...

Pablo,

IM-PRESIONANTE, estupendo post. El inicio histórico para adentrarte en la biografía de Andreolo y concluir con un final espectacular. un abrazo. miguel

Dale pelota dijo...

Gran historia, no conocia la trayectoria de este jugador.
Estupendo!!
Saludos.

NoTe dijo...

Excelente contenido. Abrazo!

Iñaki dijo...

Grande Pablo como siempre. Un gran post lleno de historia con un final espectacular.

Un saludo y sigue así

Suca dijo...

Gran historia. No le vendrían mal algunos 'Andreolos' a Italia para jugar un poquito mejor. Un saludo a todos.

nico_7601 dijo...

Gracias x publicar esta historia!! esta muy buena!! la he estado buscando xq soy bisnieto o algo asi :D... buenoo impecable el post y q sigas asi, firma: nico andriolo ;)