viernes, 5 de noviembre de 2010

El vulgo entre la nobleza

Hubo una época, en plena Edad Media, en la que una serie de ciudadanos, agrupados en burgos (o lo que posteriormente se conocería como ciudades) y formada por comerciantes, artesanos libres y personas no sometidas a la jurisdicción señorial, reclamaron su lugar en una sociedad que avanzaba a pasos demasiado cortos. Ellos, a medio camino entre el populacho obligado a cumplir su jornal y pagar su diezmo y la nobleza que se enriquecía del sudor del campesino y el jornalero, decidieron someterse al juicio de los libros de historia y pasaron a ser conocidos como burguesía. Eran gente acomodada que comerciaba su propio dinero, se atrevían a manifestarse políticamente y movían el capital de las ciudades.

El fútbol, a medida que ha ido progresando en cuanto a negocio por encima del sentimentalismo, se ha convertido también en una sociedad injusta en la que, como aquella, los nobles hacen pagar su diezmo a los pobres vulgares a base de fichajes de estrellas, goleadas implacables y una atención mediática desorbitada. Ocurre a veces que algún jornalero, harto de ver su espalda quebrada al sol del feudalismo, se rebela contra el noble y pide un hueco en la burguesía. A menudo son sueños de grandeza incontrolable, anécdotas de abuelo cebolleta, momentos para recordar y aplausos en la memoria. En cada gran liga europea, inmiscuido entre el poder de la firme mano de hierro de los grandes, hay un pequeño burgués o un minúsculo campesino que sueña durante un par de meses con la magia de la grandeza del fútbol. Porque ellos también forman parte del juego.

En Inglaterra, el West Bromwich Albion, un recién ascendido con más de cien años de historia, se ha colado entre los grandes con un fútbol donde la fe ha conseguido mover más de una montaña. Situada en la región de Sandwell, la ciudad de West Bromwich se convirtió en uno de los puntos álgidos durante la segunda revolución industrial. Allí la ingeniería y la química tienen un lugar prioritario como motor económico y sus ciento cuarenta mil habitantes pueden volver a soñar con aquellos felices años veinte en los que el equipo consiguió el que, a día de hoy, es su único título de liga. El equipo, que ya ha derribado la puerta del Emirates Stadium y de Old Trafford, marcha en sexta posición, a diez puntos del imparable Chelsea e igualado a puntos con el incipiente Tottenham Hotspur. Allí jugaron tipos como Cunningham, Zoltan Gera o el aclamado Brian Robson y allí patea hoy la pelota nuestro paisano Pablo Ibáñez que, al igual que el equipo, intenta regresar al lugar donde una vez estuvo.

En España, un lugar donde el bipartidismo se ha convertido en costumbre por encima de la noticia, un pequeño equipo vestido de amarillo intenta llamar la atención con un fútbol de precisión y entusiasmo. En realidad su aporte al campeonato no es novedad sorpresiva puesto que el Villarreal lleva jugando, para bien, con la felicidad de sus aficionados durante varias temporadas. Situado en plena zona de La Plana Levantina, el municipio de Villarreal, de apenas cincuenta mil habitantes, se situó en el primer plano de la pirámide económica del país gracias a su colosal industria azulejera. En unos años en los que la crisis económica se ha llevado por delante miles de sueños y de empleos, a los habitantes del municipio aún les queda la esperanza de pedirle a San Pascual Bailón por un puñado de alegrías convertidas en goles. El equipo, sujetado por la maravillosa conexión formada por Cazorla, Rossi y Nilmar, está situado en la tercera posición de la tabla, a dos puntos del brillante Barcelona de Guardiola y a tres del arrebatador Madrid de Mourinho. Atrás quedaron los inolvidables años de Pellegrini, las semifinales de Champions y la dupla Riquelme - Forlán. Hace muy poco de aquello pero nadie puede pararse a añorar porque la nostalgia es el camino más directo hacia el olvido.

En Italia, el Lazio intenta, a base de un fútbol clásico, arrebatarle el protagonismo a los tres grandes del país. El equipo que ya ganó Scudettos, Coppas y títulos europeos antes de que el imperio de Cragnotti se fuera al traste, intenta reverdecer viejos laureles apoyado en las genialidades de Hernanes, Zárate o Rocchi. De momento aguanta el tirón y, tras un impresionante arranque de temporada, lidera la clasificación con cuatro puntos por encima del Inter, cinco por encima del Milan y siete por encima de la Juventus. Ahora la gente no mira a Roma solamente para citar el Colisseum, el imperio o el Vaticano. A la que fue capital del mundo le ha costado mucho ser referencia futbolística y este año, a los más de cuatro millones de habitantes de la capital de la República, no les basta con discutir por una rivalidad centenaria; la Roma sigue siendo un equipo inconstante el Lazio ya no es solamente aquel equipo donde jugaron Chinaglia, Giordano, Signori y Crespo, ahora mismo es el lider del Calcio.

En Alemania, la hermosa ciudad de Maguncia ha dejado de ser, provisionalmente, y de manera única, la cuna del mejor vino alemán. Los doscientos mil habitantes de la que fue capital del primer estado democrático en territorio alemán, pueden hoy presumir de un equipo joven, veloz, atrevido y descarado. Ahí está el sello del entrenador Thomas Tuchel, un tipo que se ha atrevido a mirar de tú a tú a los más grandes y les ha intentado decir que la osadía, en el fútbol, puede ser un camino hacia el éxito y no solamente hacia la locura. En Renania, hoy saben que el Mainz 05 es más una referencia que una casualidad y es por ello que sueñan con lo imposible. Desde la segunda posición de la tabla, a un punto del Dortmund y con nueve de ventaja sobre el Bayern Munich, ven la vida desde el lugar donde se acomoda la felicidad. Allí recuerdan las mejores tardes de Pekovic, Subotic y Voronin. Pequeños ídolos de una pequeña ciudad, pequeños pilares de un sueño muy grande que hoy intentan mantener con un equipo joven donde destacan, entre otros, los conocidos Polanski y Szalai, dos tipos que salieron de nuestra liga en busca de un lugar donde aprender a ilusionarse.

En Francia, el Stade Brestois 29 ha sorprendido a propios y extraños después de colocarse en el primer lugar de la clasificación. La ciudad de Brest, situada en la Bretaña francesa, se convirtió en el principal puerto militar de Francia después de haber sido arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que no podían haber imaginado sus ciento cincuenta mil habitantes es que la reconstrucción iba a ir acompañada de la reanimación de un equipo sin palmarés, de esos que viven entre dos divisiones y que no destacan más que por su juego ordenado. A este juego hoy le han sumado la ilusión y la velocidad y con un equipo plagado de jugadores nacionales está haciendo sonreir a una pequeña ciudad que ya en su día fue cuna de inolvidables genios como David Ginola o Franck Ribery.

En Holanda, el Twente intenta (y consigue) hacerle creer al mundo que su triunfo en la Eredivisie de la temporada anterior no fue fruto de la casualidad. La ciudad de Eschende, de apenas ciento cincuenta mil habitantes y lugar de nacimiento (cuento esto a modo de anécdota) del secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, lleva muchos lunes consecutivos despertándose con el pecho erguido gracias a su equipo de fútbol. La ciudad industrial, capital de Overijssel, es hoy también ciudad futbolística y referencia europea. Haciendo gala de un contragolpe brutal, el Twente se ha situado primero en la tabla por encima de los poderosos Ajax y PSV Eindhoven y amenaza, un año más, con cortarles las alas en su camino hacia el título. Allí, los Ruiz, Janko, Collins y Bruggink intentan, y consiguen, hacer olvidar a los no hace mucho tiempo ídolos Elía, Engelaar o Nkufo.

Y en Portugal, ante el dominio casi abrumador de un Oporto retozado, es el Vitoria de Guimaraes el que se ha empeñado en hacer sombra al Benfica en su lucha por el segundo puesto. En el corazón de la región de Braga, Guimaraes es una ciudad donde la nobleza tuvo demasiado poder y donde la burguesía prefirió obviar el camino de la prosperidad. Zona rural, cuna y patria de los Duques de Braganza, la ciudad también copa su parcela de pasión futbolística. En un país dividido en dos y con la aportación pasional de un Sporting que cada año cojea de un pie distinto, los cincuenta mil habitantes de Guimaraes han de decidir si su corazón es azul, rojo o blanco. De momento, el equipo es casi brasileño y como tal actúa en el terreno de juego intentando demostrar que el carioca es un estilo inmortal. Tras la venta de Bebé al Manchester United el equipo se reforzó con jugadores de samba y el estilo les ha llevado al tercer lugar de la tabla. Hay mucha liga y poco objetivo; ser campeón es quimera, ser segundo una proeza.