martes, 28 de febrero de 2012

El profe

Había un tipo con dos poderosas piernas, sus muslos parecían toneles, su pie derecho era un martillo, su cuerpo era robusto, su mirada desafiante, su garganta un mar de emociones encendidas. Llegó al sur siendo un joven petulante, prometía goles, pero no goles cualquiera, y marcó goles, pero no goles cualquiera. Su cabeza pensaba en fútbol y su corazón latía por Peñarol, pero hizo oficio en Sevilla ejerciendo magisterio en el centro del campo.

Cada golpe franco era una apuesta segura. Tenía un empeine angelical y una puntería divina. Goles por la escuadra, pases de cuarenta metros y paredes al borde del área. En Sevilla le hicieron canciones y en Montevideo le levantaron estatuas. Allí, donde su figura se convirtió en imagen santoral, la apodaron "el profe" porque en su ascendencia resucitó la magia del histórico Manya. Fluía Peñarol y se convirtió en ídolo de Peñarol. Un quinquenio mágico le catapultó al cielo, un recuerdo inolvidable le sigue manteniendo en el pedestal.

Aquí le vimos jugar cinco años. Dicen que era irregular, que su ritmo era más latino que americano, que su aureola se apagaba ante los centrocampistas robustos. La duda siempre acompañó al talentoso. Él era un tipo de carácter que enseñó la maestría del golpeo a la gradería del Pizjuán. Aún recuerdan sus tres pasos de carrerilla, su golpeo imparable, su celebración cercana, el puño cerrado agradeciendo la primera gran oportunidad de su vida.