miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mito padre de un mito

Imponer una modernidad necesita del triunfo de una revolución y toda revolución necesita una nueva inventiva, capacidad de sorpresa y ganas de romper con el pasado. En el fútbol cada revolución modernista ha sido un paso hacia delante y el primero en avanzar dos pasos en la línea defensiva fue el triestino Cesare Maldini.

Suele ocurrir que los clásicos recelan, por miedo a la novedad, de la intención revolucionaria de algunos jugadores. No suele ser así cuando descubren el tope de sus capacidades competitivas. Nereo Rocco fue uno de los personajes más importantes del Milan en el siglo XX. Técnico de férreas pretensiones y clásica escuela, hizo del Milan un equipo rocoso y difícil de ganar. En ataque basaba sus bienes en el instinto creativo de Nils Liedholm y Juan Alberto Schiaffino. Para su defensa confió en las pretensiones de grandeza del joven Cesare Maldini.

En su debut como rossonero ayudó a destrozar a su querida Triestina, en su primera temporada ya se consagró como el mejor defensor italiano y durante toda su carrera creó escuela y abrió las puertas a los defensores técnicos, participativos y orgullosos de ejercer en la zona de atrás. Maldini sacaba el balón con limpieza, se permitía florituras y en su cabeza llevaba memorizados cada uno de los movimientos del delantero rival. Por ello, el día que se enfrentó a Eusebio en la final de la Copa de Europa de 1963 asumió el reto como un partido más trascendental que la final en sí; Eusebio apenas pudo tocar la pelota y el Milan se convirtió en el primer equipo italiano en alzar la orejona de los campeones continentales. Y el gran Cesare estaba allí, capitán al mando y director de orquesta. Si los grandes equipos se forman desde atrás, aquel Milan era mitad talento, mitad energía defensiva y dos italianos tenían la culpa de todo; uno era un imberbe descarado llamado Gianni Rivera, el otro era un corpulento defensor, alma, espíritu y corazón, llamado Cesare Maldini.

Pero el tiempo suele pasar dejando ocultas las huellas de cada camino. Las esquirlas de cada zancada y los ecos de cada celebración se fueron apagando y hoy ya nadie recuerda a ese señor espigado y con la mirada caída como uno de los tres mejores defensas centrales italianos de la historia. Nadie identifica ya a Cesare Maldini con el jugador que vistió durante más de trescientos partidos la camiseta rossonera, ni con sus famosas “maldinates” convertidas en regates furibundos en el área propia. El tiempo, la vida y el fútbol tienen memoria hasta donde alcanza la sonrisa y hoy, el capitán milanista de los años sesenta es, simplemente, el padre de Paolo Maldini. La estirpe de un hombre deja una cima difícil de alcanzar; los logros de un padre son un reto para un hijo, los logros de un hijo son un orgullo para un padre.

8 comentarios:

Jorge dijo...

Que crack
Don Paolo Maldini
Su padre fue buen jugador con la Eurocopa,pero bueno el hijo le ha pasado

Un saludo Pablo Gracias por escribir siempre

CALIGULA dijo...

Que homenaje!!!!

fernando dijo...

Al final, el hijo superó al padre. Y ahora si viene el nieto...

un abrazo.

Anónimo dijo...

Debe ser curioso ser conocido como el 'padre de Paolo' habiendo sido uno de los mejores defensas de su época. Evidentemente, a Cesare no le vi, pero por Paolo siento debilidad. ¡Balón de Oro ya!

Un saludo a todos.

SUCA

Nicolás dijo...

Que orgullo tan grande debe sentir Cesare. Su hijo siguio su camino, aprendio de el y hasta llego a superarlo. Paolo es un ejemplo de futbolistica. Es unico.
Un saludo.

www.dalepelota.blogspot.com

Silvi dijo...

Gran post una vez más Pablo y de paso yo me he enterado de esta historia que desconocía ya ves... llevas razón que el fútbol tiene muy poca memoria... (de mí mejor no hablo jejeje)

Un beso

Pincho dijo...

Cuando uno habla de Maldini y se para a pensar que Pepe valió 30 kilos y empieza a echar cuentas, los números no cuadrán, cuanto valdría un maldini de 22 o 23 años.
Sencillamente un defensa soberbio, buen post.

Anfield dijo...

Y ademas Sergio Maldini(otro mas) ya anda haciendo sus pinitos por Milanello.