martes, 20 de noviembre de 2007

La palabra callejera de un siglo de fútbol

El periodismo deportivo ha contado con multiples personalidades a lo largo de su historia. Algunos, eruditos de la táctica, murieron en el recuerdo por el aburrimiento de lo obvio. Hubo otros que dibujaron los trazos de la historia como si de un ensayo se tratara. Solamente los que supieron estudiar el fútbol como un concepto de la vida, pasaron al recuerdo con la etiqueta de inolvidables. En este escalón del podio encontramos la figura de Luis Alfredo Sciutto.

Galardonado con la Orden al Mérito Deportivo por la contribución de su palabra a las gestas del deporte, Sciutto fue mucho más que un narrador de crónicas. En sus artículos quedaron grabadas notas de leyenda y desde su particular rincón de "Clarín" desfibrilaba cada aspecto de la vida como si en cada partido de fútbol hubiese estado presente el espíritu de lo imperecedero. Acabado el partido, el público aplaudía el esfuerzo y esperaba, alma en vilo y puño apretado, la columna del día siguiente. Desde "Minuto 91", Luis Alfredo desgranaba cada detalle con la minuciosidad del cirujano y la sensibilidad del poeta.

Tras su muerte, acaecida en 1999, el periodismo mundial quedó huérfana de su letra más sensata y arrebatadora, de la ilusión más profunda por contar el éxito de un gol, del testigo directo de todos y cada uno de los mundiales disputados durante el siglo XX. Un amante del tiempo y un obcecado ideólogo de la libertad, dolorido ante las pretensiones capitalistas de la sociedad y nostálgico empedernido.

En su puño quedaron marcadas las muescas de una infancia tormentosa en las callejuelas junto al arroyo Quita Calzones, en el corazón del viejo Montevideo. Su letra quedó impregnada de la sabiduría callejera y en cada chorro de tinta derramada dibujó el paisaje de jugadas inolvidables. Y es que Sciutto pudo representar al fútbol, lo que Alfonso Navalón al mundo de los toros; el ingenio impagable del que cuenta las cosas mejor aún de como sucedieron. Y es que, como Navalón, Sciutto también fue cocinero antes de fraile. Cocinero de alta escuela según quienes le conocieron, centrocampista buscador de sueños según su palabra inmortal; medio defensivo, titular indiscutible en Nacional de Montevideo e internacional ocasional por Uruguay hasta que el menisco de su rodilla derecha dijo basta y en sus frustraciones se vio obligado a cambiar el balón por la pluma. El fútbol perdió un stopper de primera y el periodismo ganó un reportero de categoría especial.

Aunque criado y macerado en Montevideo, la pluma de Sciutto se consagró en la cosmopolita e invocadora Buenos Aires. Allí pudo disfrutar del arte de Arsenio Erico y Bernabé Ferreira, desde allí pudo acalorar su ánimo ante las majestuosas exhibiciones de La Máquina de River, las estiradas de Carrizo, la infinita astucia de los cara sucias, la progresión del mariscal Perfumo. Luis Alfredo Sciutto siempre acompañaba con paciencia el nacimiento y la muerte del mejor de los acontecimientos. Después, el lo explicaba mejor que nadie.

El frío de la infancia aplomaba sus desacuerdos, su espíritu aventurero aparecía para fundar diarios y opiniones, su sabiduría callejera le ayudaba en los peores momentos. Corresponsal de guerra en Europa, liberador de anarquistas en Uruguay y testigo directo de cientos de rencillas en el bajo Montevideo, de Sciutto se puede concluir que fue el periodista que todos hubiésemos deseado ser.

Porque vio la muerte tras un fusil de la falange española y vivió para contarlo, porque fundó el diario Clarín y apostó una vida en su progreso, porque dejó para la posteridad más de mil crónicas inolvidables y nunca dejó de amar el fútbol, porque soñó victorias y estuvo allí para celebrarlas, porque estuvo allí donde quiso y en cada lugar depositó un trocito de su prosa, porque fue periodista y le reconocieron como artista. Porque vivió. Porque existió. Porque fue irrepetible, nadie podrá olvidar jamás la figura de aquel a quien, un día, el dibujante Guevara bautizó con el inmortal sobrenombre de Diego Lucero.

8 comentarios:

zaragocista dijo...

Me parece, pues, que desde hoy te llamaré Sciutto jaja.

Excelente Pablo. No conozco al personaje, aunque no creo que tarde mucho en buscar referencias suyas en el google.

Pero sí debo decir, que me gusta pasearme por la edición digital de Clarín. Es curioso. Yo oigo a los argentinos que no hacen más que largar de aquél diario, y a mí, alejado de aquél país, me encanta su manera de enfocar el deporte.


Un abrazo Pablo.

piterino dijo...

Soy un apasionado de Borges, Benedetti, Fontanarrosa, ... A Sciotti no lo conozco, pero viniendo de quien viene la mención me lo apunto para lecturas inmediatas.

Saludos, Pablo!

Alvaro dijo...

Que bueno Pablo. Creo que tu también podías haber llegado a ser Sciutto, pero el destino y la suerte no te lo permitieron. Tienes una pluma exquisita, magnífica. Mucha gente recordará a Sciutto, pero yo te recordaré a tí. Qué grande.

Un abrazo.

Pablo dijo...

@ zaragocista

Muchas gracias por la apreciación, pero creo que el apodo me vendría demasiado grande. Yo también tengo a la edición digital de Clarín como uno de mis diarios de cabecera.

@ piterino

Has mencionado a tres monstruos de la literatura sudamericana. Sciutto fue menos novelista y mucho más cronista, pero con mucha poesía también en su prosa.

@ alvaro

Es todo un honor escuchar palabras tan bonitas de tu parte.

Silvi dijo...

Muy buen post, porque vives porque existes...

Saludos

Stubbins dijo...

Enorme enorme post Pablo.

Mientras iba leyéndolo, me iba dando la sensación que el bueno de Sciuto haria unas crónicas parecidas a las crónicas taurinas del Maestro Navalón. Mira por donde de repente aparece en tu texto el nombre de la prestigiosa pluma taurina.

Desconocia por completo al personaje, aunque creo recordar que Calígula se refirió a él en alguno de sus posts.

Pablo, debo unirme a la apreciación de Zaragocista. Si no Sciuto, te reconoceré como el más aventajado de sus discípulos.

Ahora mismo voy a curiosear por la edición digital de Clarín.

Un saludo.

No, gracia a vo´ dijo...

Me gusta el blog! Es la primera vez que entro.
Lo voy a visitar más seguido! te espero por el mio!

Saludos

Migue

Anónimo dijo...

Excelente homenaje a un hombre fuera de serie. Tuve el privilegio de conocer a este Señor Periodista y cuanta sabiduria, cuanta chispa en su pluma, pero ante todo cuanta calidez humana. Donde estés Diego, siempre te recuerdo.
La Giocondina.