lunes, 12 de marzo de 2012

El otro gol de Kiko

Todos recordamos hoy el saque largo de Molina, el fallo de Tomás, el defensor del Albacete, que se come el bote, el control de Kiko, la orientación hacia su pierna mala y el disparo cruzado ante Plotnikov. Aquel gol sellaba un partido, un título y un doblete. El tiempo enmarca momentos como imprescindibles, pero a medida que transcurre, se va dejando otros, tan importantes como aquellos, en el cajón de las cosas perdidas. Dos semanas antes de la fiesta del doblete, en un domingo soleado de primeros de mayo, el Atlético agonizó hasta última hora en un partido que, a priori, parecía fácil ante un Salamanca deshauciado. Fue aquel día en el que Jesús Gil acusó a los jugadores del club charro de haberse vendido por un plato de lentejas. Es posible que hubiese habido prima, pues el Atlético tuvo el partido en latín. Empezó ganando pronto pero pronto comenzó a recorrer un runrrún por cada asiento de la grada, las sensaciones no eran las mismas que se habían percibido durante el resto de la temporada y la catástrofe sobrevoló el Calderón cuando Ovidiu Stinga empató en el ecuador de la segunda parte. A raíz de ahí llegó un quiero y no puedo del Atlético; balones cruzados que se perdían en manos del portero, combinaciones fallidas y ansiedad en el rostro de cada uno de los futbolistas. El Valencia, que había ganado su partido, se ponía a dos puntos con dos jornadas aún por delante. Todos pensábamos en aquello que nos habían contado de una leyenda de un pupas hasta que un ataque en estático más llegó a los pies de Roberto Fresnedoso que volvió a repetir acción. Balón cruzado a la frontal del área, Caminero la peina a duras penas y Kiko se encarga del resto. El movimento de bailarín le define como futbolista: control con el pecho, aguante de embestida, media vuelta, regate en corto y disparo cruzado. El estallido del Calderón explicaba la tensión que cada uno de los espectadores tenía guardada. Basta ver la reacción de Gil para darse cuenta de la importancia del gol. El Atleti celebró la liga en un partido contra el Albacete, pero realmente la ganó aquel doce de mayo con un gol de Kiko a cuatro minutos para el final.