lunes, 10 de enero de 2011

Tirar del carro

Existen futbolistas que necesitan pocos partidos para consagrarse y mucho más para ir engrosando su leyenda. Los elitistas de la exigencia, esos que piden más sin saber si ellos mismos son capaces de sobreponerse a su cotidianidad, dicen que a Cristiano Ronaldo le hace falta un gran partido para consagrarse. Los que generalmente reprochan el valor de lo tangible, suelen obviar el precio de las victorias. El chico, más cómodo en los primeros planos que en las actuaciones secundarias, lleva más de cinco años asombrando al mundo con su velocidad de vértigo, su precisión de cirujano y su voracidad de caníbal del césped. Ligas, Copas de Europa y otros trofeos de brillo insigne no sirven a menudo para hacer florecer el genio de quien lleva a cuestas el peso de la ambición. Cristiano, más que títulos, lleva años levantando partidos con la inercia descomunal que le regala su físico y le ordena su orgullo.

Lo de anoche no fue si no un acto más en su costumbrista devenir diario. El Villarreal, un equipo fabricado a base de constancia, criterio y fiabilidad, desarboló al Madrid en una primera parte plena de fútbol. Un despliegue táctico y técnico digno de los mejores equipos del mundo teniendo en cuenta que estaba en el mejor escenario posible. Pero hay pocos grupos de buenos futbolistas, Barcelona aparte, que sean capaces de tumbar a este Madrid de Mourinho. Alcanzado el descuento de la primera parte, y en el típico detalle de equipo en racha, Cristiano anotaba su segundo gol y anulaba el recital amarillo para buscar la caseta en busca de un refuerzo moral con un empate a dos en el marcador.

Lo que aconteció en el segundo acto es más común de un relato de épica militar que de una crónica deportiva. Como si en el vestuario se hubiese tocado a rebato, el Madrid salió con todo a devorar a su rival. El Villarreal, que durante los primeros cuarenta y cinco minutos había desarbolado al Madrid, se veía incapaz de sobrepasar la línea de tres cuartos. Los blancos dieron un paso al frente y se encomendaron al ángel portugués que, un día más, volvió a cargar de oxígeno las bombonas de La Castellana. Porque este Madrid tiene dos buenas puntas de lanza, pero los detalles fastuosos de Ozil y Di María no bastan para derribar un muro, para la cruenta batalla hace falta artillería de primera y allá apareció Ronaldo para destrozar a un equipo que hubo merecido más y se marchó a Castellón con la sensación de haber sido arrollado por un tornado.

El tornado se llama Cristiano Ronaldo, tiene veinticinco años y un lustro por delante al máximo nivel. En el debe, muchos le reprochan no haber ganado aún un partido de los de verdad. En el haber, cuenta con un centenar de batallas ganadas por la mano. Batalla a batalla se gana la guerra, pasará el tiempo y la gente le recordará como aquel tipo que no se cansaba de ganar y en cuya espalda se apoyaban las esperanzas de su equipo. Cuando se apagan las luces, siempre hay un tipo con fuego en el alma dispuesto a alumbrar a su alrededor. Es lo que se llama tirar del carro. Es lo que hace Cristiano con este Madrid.

2 comentarios:

J.G. dijo...

Pablo, te felicito. Escribís muy bien. Nunca había entrado a tu blog.

Si podés, enviame un mail a jg@sben.com.ar así tengo tu mail.

Abrazo grande desde sben.com.ar

elultimogol dijo...

Cristiano estuvo súblime, se echó el equipo a las espaldas y va camino del Balón de Oro, aunque para ello deberá de ganar algo.

Te interesa el cambio de links?

Saludos!!