
En la penúltima y recordada escena de Blade Runner, el desgastado replicante Roy Batty declama uno de los discursos más recordados de la historia del cine; "he visto cosas que no creeríais..., todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". Las generaciones venideras crecerán con las grandes historias glosadas con hipérboles de admiración, pero nosotros, convertidos en replicantes con corazón, moriremos recordando, y sintiendo, el poder de cada una de esas historias contadas en Informe Robinson con la delicadeza y la minuciosidad de quien elabora una joya de primera clase. Estas lágrimas de aquella lluvia serán el recuerdo perenne de un tipo que se estableció en nuestras vidas para hacernos reír, disfrutar y descubrirnos a nosotros mismos. Porque Robin cambió el tempo, la variedad y el sentido del espectáculo. Y cuando los malos imitadores tendieron a la tertulia barata, él se mantuvo en el lugar de siempre, el de los tipos íntegros que no quieren reprochar sino que sólo quieren instigar, descubrir y contar.
Tiene bemoles que tuviese que venir un inglés para enseñarnos como se hace televisión de calidad en España. Produce sonrojo, además, que a pesar de las loas y los aplausos, hayan pasado los años y no hayamos aprendido nada.
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