miércoles, 12 de diciembre de 2007

El nacimiento de las estrellas

Mientras el régimen venezolando apuraba sus últimos coletazos, a principios de 1958, Estados Unidos y la Unión Soviética, ajenos al mundo, acrecentaban su crisis institucional proponiendose una guerra en pleno espacio sideral. Así, mientras el Sputnik se hacía añicos y el Explorer conquistaba su particular parcela galáctica, el resto del planeta intentaba hacer frente a sus problemas más cotidianos. China dio un paso al frente de su integración introduciendo el alfabeto latino, España defendía su pequeña parcela sahariana en Ifni, Roma lloraba la muerte del papa Pío XII y Brasil celebraba, en forma de apoteósis, la victoria de su selección en el mundial de fútbol celebrado en Suecia.

Un mundial que había nacido un par de años antes con el inicio de las rondas clasificatorias. Entre las cuarenta y ocho selecciones inscritas, todo un record para la época, se encontraban Argentina (ausente desde 1934) y la URSS (en su primera participación), y se habían retirado, por problemas políticos y raciales, países en contínuo conflicto interno como China, Egipto o Turquía.

La renuncia de Egipto rebotó en el País de Gales que, sin haberlo esperado previamente, se encontró con una segunda oportunidad para obtener el pase clasificatorio. Resulta que el último enfrentamiento de la zona asiática había deparado un duelo definitivo entre Egipto e Israel. Al negarse Egipto a jugar contra quien consideraba violaba los derechos humanos, la FIFA recurrió a Europa para encontrarle rival al país hebreo. Al final la pelota llegó a Gales que, tras ser previamente eliminada, recuperó la oportunidad, ganó sus dos duelos a Israel y obtuvo el pasaporte para viajar a Suecia y competir contra los mejores. De no haber sido así, el mundo se hubiese perdido un enfrentamiento frente a Brasil que deparó uno de los goles más bellos de la historia de los mundiales.

Tras empatar a tristeza y dudas contra Inglaterra, los jugadores brasileños afrontaron el partido decisivo contra la URSS en conocimiento de lo que se jugaban; o ganar o volver a casa. Didí y Nilton Santos conocían la fórmula ganadora y así se lo hicieron saber al seleccionador Feola. "O pone usted a Garrincha, Pelé y Vavá o nos vamos todos a Brasil". Dicho y hecho. Feola consintió el consejo y facilitó el trabajo de sus capitanes. Brasil ganó a la URSS y el mundo descubrió la magia de dos jugadores distintos. En Garrincha se adivinaba el descaro de quien solamente juega para divertirse. En Pelé se adivinaba la frescura y atrevimiento de la insultante juventud.

Argentina, por su parte, viajó a Suecia con un excesivo nivel de confianza. Seguros de sí mismos y del nivel del fútbol argentino, prepararon la cita bastante por encima. Viajaron a Suecia faltos de entrenamiento y de equipaje. De esta manera, tras perder el sorteo de camisetas en su primer partido tuvieron que pedir prestada la equipación amarilla al país anfitrión. Allí llegó la primera derrota. El seleccionador señaló a los jugadores por falta de compromiso y los jugadores señalaron al seleccionador por falta de valor. Al final el desastre se consumó con una eliminación inesperada a las primeras de cambio y con un revuelo de vergüenza que invadió el país de arriba a abajo y que se cebó con cada uno de los futbolistas en su cabizbajo regreso a Buenos Aires.

Años después, cada integrante de aquel fracaso, intentó analizar, a su manera, el breve paso de Argentina por el mundial de Suecia. El genial Labruna, que había acudido al mundial en el ocaso de su carrera, dijo que "Fuimos con los ojos vendados porque no estábamos preparados de ninguna manera para afrontar tres partidos en una semana". El capitán Dellacha intentó justificarse diciendo que "Nosotros estábamos acostumbrados a jugar solamente los domingos y a entrenar martes y jueves. Ahí radicó nuestro fracaso. Pagamos el precio de creer que con lo que teníamos nos daba para bailar a los europeos". Y es que nadie dudaba de que Argentina era superior a cualquier combinado europeo y así lo ratificó el Nene Sanfilippo: "Veíamos a los checoslovacos y pensábamos que les íbamos a meter catorce. El número siete de ellos era tan torpe y grandote que nos causaba hasta risa. Nos hizo tres". La sentencia final la proclamó el seleccionador Stábile: "Hemos aprendido mucho de este mundial. Cuando regresemos a Argentina tendremos que variar nuestros planes. Solamente así lograremos vencer a los europeos". Asi quedó dicho, pero Argentina hubo de esperar otros veinte años para encontrar una mentalidad y un juego acorde a las exigencias de un campeonato del mundo.

Pelé llegó a Suecia de casualidad. Meses antes, el club Santos de Sao Paulo quiso cederlo al Internacional de Porto Alegre. Tras varios informes bien detallados, el club de Porto Alegre envió el siguiente telegrama: "Pelé no interesa. Desconocido. Manden a Pagao". Pagao era uno de los veteranos delanteros que tenía en nómina el Santos y aquel viejo telegrama aún decora una las paredes de la sede del club paulista.

Brasil, que tras la tragedia sufrida en 1950, tenía una cuenta pendiente con su afición, viajó a Suecia acompañada por una veintena de periodistas y un dentista. Se trataba del mayor despliegue mediático jamás conocido hasta entonces; quedaba claro que no les iban a pasar ni un fracaso más. Aunque mucho más que los periodistas acreditados, tuvo que trabajar el dentista de la expedición ya que, durante el mes que duró el campeonato tuvo que extraer la asombrosa cantidad de sesenta y dos dientes entre todos los componentes del plantel.

Días antes del gran partido, las dos delegaciones finalistas recibieron dos curiosos telegramas. Al equipo sueco le llegó un soplo de ánimo de parte de la federación italiana en pos de defender el orgullo europeo. A Brasil, el ánimo se lo insufló su viejo rival Uruguay quien, de parte de toda sudamérica, le deseó suerte y le dio las gracias por su juego y por "haber salvado el prestigio del fútbol mundial".

Final aparte, pocas veces se ha dado tanta importancia al partido por dilucidar el tercer y el cuarto puesto. El encuentro, que tradicionalmente había sido jugado con jugadores suplentes, fue tomado por el seleccionador francés como un camino perfecto hacia la venganza. Dolido por los daños ocasionados por el ejército alemán en suelo francés durante la reciente y cruenta guerra mundial, el preparador galo dio entrada y ánimo encendido a sus mejores jugadores. El partido terminó con una soberana lección francesa y con un marcador final de seis goles a tres con exhibición incluída del magnífico delantero Just Fontaine.

Fontaine fue, Pelé y Garrincha aparte, el gran protagonista del mundial de Suecia. Tras un fulgurante y exitoso inicio de carrera en Francia, el joven delantero se descubrió en un mundial donde batió todos los records anotando trece goles en seis partidos. El record, tanto de goles como de promedio anotador, aún sigue vigente y el francés aprovechó el tirón de su fama para cumplir uno de sus sueños; lanzar su carrera como cantante. Aunque no tenía una gran voz, vendió muchos discos y el dinero recaudado le ha servido para pasar cómodamente el resto de sus días ya que su carrera futbolística, desafortunadamente para él, no duró mucho más, puesto que una grave lesión le obligó a decir adiós al fútbol pocos años después.

10 comentarios:

piterino dijo...

Otro post grande de verdad, sigues con el repaso a la historia del fútbol desde una perspectiva muy personal. Me ha encantado.

Conocía la anécdota del telegrama sobre Pelé, y tanto eso como la "sorpresa" de los argentinos me recuerdan la idea de lo mucho que tardaban antes las influencias en influir y las noticias en notarse. Cómo pasa el tiempo ...

Ernst dijo...

Felicidades por el post, me ha encantado de veras.

Un saludo y sigue así.

Pavlo dijo...

Gracias por esta historia. Excelente recuerdo del mundial 58.
Ese equipo de Brasil solo puede ser comparado con el campeón de México 70.

zaragocista dijo...

Tú aprendes de la historia, y los dem´s aprendemos de ti. Me gusta la cadena. Genial post Pablo.

christian dijo...

de ese mundial solo e podido ver integro el partido de la final y en muy mala calidad, pero fue una competicion espectacular.
me gustaria añadir una anecdota q ocurrió también en este mundial.
creo q tras pasar la primera fase, a cada jugador brasileño le dieron 100 dolares de prima. con esos 100 pavos, garrincha se compró una radio impresionante. Su sorpresa fue q esa radio hablaba sueco!!!!
garrincha le comentó el problema al dentista: habia comprado una radio q no le valía de nada, porque él no sabia sueco. El dentista le dijo q él la qería, q le gustaba el sueco (o algo asi) y q se la compraba por 50 dolares. Garrincha accedió, a cambio de q el dentista no dijera a nadie q los suecos le habian timado vendiendole una radio q solo hablaba en sueco.
como podemos comprobar en garrincha, ay veces q en el futbol es mejor dejarse llevar q pensar demasiado (y esto lo digo yo, q es anti-mí)

un abrazo, crack

Pablo dijo...

@ piterino

Es cierto lo que dices. La verdad es que para muchas cosas el paso del tiempo no ha ayudado en nada.

@ ernst

Muchas gracias amigo.

@ pavlo

A menudo hay debates sobre qué equipo de Brasil fue mejor. A mí me cuesta decantarme.

@ zaragocista

La cadena es más larga aún porque yo aprendo cada día un poquito más gracias a todos vosotros.

@ Christian

Muy buena la anécdota de Garrincha. La verdad es que el pobre de Mané nunca fue una persona que destacase por su lucidez mental. Pero a los genios se les perdona todo.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Un gran Mundial. Pelé, Garrincha y Fontaine fueron los jugadores más destacados. Además, Argentina sufrió una gran humillación que provocó un cambio paulatino en el modo de jugar en el fútbol albiceleste.

Gran post. Un abrazo.

Javi dijo...

En realidad creo que aprendo mas historia leyendo tus magnificos artículos que en clase. Si algo aprecio de Garrincha es que era un niño jugando al fútbol, mentalmente y tambien sobre el campo. La anécdota de Fontaine no la conocía, voy a ver si están sus discos en el emule jejejeje.

un saludo crack

Giorgio dijo...

joder , muy buena la historia. just fonataine? ese sale en grease!

saludos

Chechu dijo...

Buen post. nos conviene saber de dónde vienen los pelé, Garrincha y compañía. Lástima lo de Jsut fontaine