jueves, 24 de enero de 2008

Abarcando y apretando

Dicen que el que mucho abarca poco aprieta. Debe ser por el afán de algunos de estar en más sitios de los que realmente puede acceder, o por el interés contínuo que existe de conservar el nombre por encima de los actos. Para la admiración más sensata debemos acudir a aquellas personas que dejaron más huella entre las conciencias que entre el clamor popular.

Ser cocinero antes que fraile y diablo viejo suele retribuir conocimientos impagables. Pedro Escartín fue futbolista, árbitro, dirigente, entrenador, secretario técnico y periodista y en ninguno de sus oficios se le conocieron vicios detestables. Debe ser porque anteponer la honradez a los intereses suele dar como premio un reconocimiento mudo, pero mucho más satisfactorio y, sobre todo, el orgullo del trabajo bien hecho.

Como futbolista, Escartín fue un correcto empleado que vivió lejos del profesionalismo. En una época en la que el fútbol estaba en manos del amauterismo, los jornaleros del balón vivían ajenos a la fama y luchaban entre el barro por un pedazo de pan. Escartín luchó mientras se lo permitieron sus pulmones. Nunca pasó de divisones inferiores, nunca alcanzó el prestigio que envidió de otros, no fue Zamora ni Samitier, pero, aunque entonces no lo sabía, el tiempo le convertiría en un tipo tan célebre como ellos.

Cuando el físico te impide jugar al fútbol, pero la cabeza y el corazón solamente laten en un mismo pensamiento, lo más lógico es lanzarse a la piscina e intentar no dar por perdida la afición a la pelota. Escartín se convirtió en árbitro y alcanzó tal celebridad que las mejores selecciones se lo disputaban para convertirle en juez de sus mejores enfrentamientos. Arbitró en juegos olímpicos, mundiales y estadios de máxima pasión. Tras más de ochocientos partidos y con más arrugas que ganas de seguir se despidió del césped y se abrazó a los despachos.

Como presidente del comité de árbitros interpeló en los factores humanos por encima de la aplicación estricta de las normas. Como miembro casi permanente del comité técnico de la FIFA reescribió el reglamento e impuso muchas de las bases del fútbol moderno. Curiosamente, había sido tras abandonar los terrenos de juego cuando más influencia habían tenido sus decisiones. Como jugador luchó, como árbitro medió y como dirigente, al fin, consiguió revolucionar sus propios sueños.

Cuando la selección española se encontraba asfixiada por la crítica y la desidia, el gobierno, más preocupado de la imagen que del resultado, acudió a él como chaleco salvavidas. En su primera experiencia como seleccionador sufrió el infierno de la crítica periodística y abandonó el cargo tras un puñado de meses infructuosos y una depresión que casi acaba con su pequeña parcela de prestigio. Seis años después, cuando la desesperación llamó de nuevo a su puerta lo tuvo mucho más claro; "lo hago por mi país, pero hago lo mío y me voy". Y así fue, Escartín clasificó a España para el mundial de Chile y antes de la cita hizo la maleta para regresar a su casa y a sus menesteres. En Chile hubo otro seleccionador, otra crítica, otra historia.

Cuando se limpió de pelo pero ganó en ideas y experiencia, Pedro Escartín se dedicó de lleno a su más apasionado menester; el periodismo. Desde las páginas de "Pueblo" y "Marca" impuso magisterio y conocimiento. Como conocía el efecto de la presión desde el lado de la barrera, intentó engalanar la línea y espantar la creación de enemistades. Toreó con capote largo y recibió los honores de toda una vida. Murió a los 97 años y obtuvo todos los reconocimientos posibles. Nunca los buscó, pero ellos lo encontraron. Porque Escartín hizo casi de todo y casi todo lo hizo bien. Tipos como él engrandecen el fútbol. El fútbol sigue necesitando tipos como él.

8 comentarios:

Sergio Cortina dijo...

Y un estudioso del reglamento además!

piterino dijo...

Sigues dedicando posts brillantes a figuras insignes. Cierto, Don Pedro Escartín sabía de fútbol desde todos los ángulos posibles, un verdadero "hombre del Renacimiento" en el universo futbolístico.

Dale pelota dijo...

Una historia de vida brillante. Felicitaciones por el post, exelente!
Un abrazo.

Juan José Mateo Socorro dijo...

Un personaje dinámico y muy flexible. Personas como él hacían el fútbol, y todos sus rincones, aún más grande.


Saludos Pablo

Christian dijo...

pues si, pablo, tipos como él son los que deberian ocupar los puestos d responsabilidades. pero aora, en lugar de ablar de gente como él, ablamos de moggis, gallianis, blatters y primos de gente q pertenece a asociaciones de ultraderecha. qien te a visto y qien te ve...
es lo q ay

un abrazo

Pablo dijo...

@ sergio cortina

Y tanto. Muchos de sus libros soy hoy auténticas biblias del balompié.

@ piterino

Si no fuese exagerada la comparación, podríamos decir que es algo así como un Leonardo del fútbol. Siempre salvando las distancias.

@ dale pelota

El fútbol está repleto de biografías brillantes. Espero ir recopilándolas poco a poco.

@ juan josé mateo socorro

El fútbol le dio todo y él le dio al futbol todo lo que pudo. Ambos salieron beneficiados.

@ christian

Pues sí, amigo, es triste. Antes había gente que trataba de cambiar el fútbol desde la palabra y la regla. Ahora se trata de dar un pelotazo y olvidar los escrúpulos. Hay muchos cadáveres en el camino detrás de los pasos de los individuos que has citado. Eso es el fútbol del siglo XXI

Stubbins dijo...

Desconocia por completo a D. Pedro Escartín.

No cabe duda que era un hombre de un dinamismo notable. Me ha impresionado el respeto que se generó como arbitro internacional. Creo que hoy en dia bien pocos lo merecen, aunque muchos lo disfrutan como si de figuran mediáticas se tratasen.

Gracias por darme a conocer a un personaje brillante, que a pesar de su discreción, ha pasado por derecho propio al libro de la historia de esta locura llamada futbol.

Un abrazo monstruo!

Javi dijo...

Pues ni idea de quien era Pablo, es una pena que en la actualidad, gente como Pedro no tenga cabida, no me lo quiero ni imaginar lo que supondría alguien como el.

saludos maestro.