El Getafe de Bordalás ha convertido la austeridad en un modo de vida y el aprovechamiento de los recursos en su caballo de batalla. Durante muchas jornadas de la temporada pasada, el plan se caía por sí mismo al no encontrar el trabajo un buen sastre que supiese dar la última puntada. Si sobrevivió en la jungla fue porque tuvo una pareja de mediocentros que sostuvieron al equipo con juego y energía, por ello, cuando el invierno le regaló un delantero aseado, el equipo despuntó hacia arriba hasta conseguir ese premio en forma de plaza europea.
El problema de vivir por encima de las posibilidades es que, tarde o temprano, el zarpazo de la realidad terminará llamando a tu puerta. La energía de Arambarri y el talento de Milla han tomado rumbos distintos y ambos lejos del Coliseum. La que durante un tiempo se convirtió en la pareja timón y guía del plan maestro de Bordalás, vuela hacia tierras lejanas para dejar un barco en la deriva a un equipo en la incertidumbre.
Seguramente, Toni Muñoz tenga que volver a poner el sombrero boca arriba y esperar a que le llegue alguna limosna en forma de ganga o de cesión. De acertar, el equipo seguirá compitiendo porque el gen de su entrenador ya se ha mimetizado en toda la ciudad, pero, de no conseguirlo, el trayecto puede hacerse demasiado largo para un equipo que, a falta de vértigo, había encontrado la estabilidad en su pareja de medios. Nadie sabe qué vida hay más allá del horizonte, lo que si se sabe es que ahora, más que un timón, hacen falta unos buenos remos para alcanzar el primer puerto de manera intacta.

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