lunes, 8 de abril de 2024
Elogio del mérito
lunes, 11 de marzo de 2024
Lejos del ruido
jueves, 26 de enero de 2023
Con Dios en la memoria
jueves, 5 de agosto de 2021
Reconstrucción
Sucede que existe una máxima cuando has llegado a ser el mejor del mundo; de alguna manera u otra estás obligado a repetir. Porque la exigencia se bifurca en dos direcciones que confluyen en una única parada final, y no es otra que la cima de la pirámide. Por un lado están los tuyos, quienes con la memoria latente y el orgullo intacto, siguen reclamando su porción de éxito partido tras partido. Y por otro lado está uno mismo, pintando la autoexigencia de promesa y la promesa de carácter. Y si algo no le faltó a Italia jamás, fue carácter.
Podemos estar de acuerdo en que esta no es la mejor selección italiana que hemos visto, sin embargo, sobrevive en ella esa suerte de competitividad extrema que la situó en lo más alto del escalafón durante demasiados años como para no dejar de sorprenderse cuando le dijeron adiós al último mundial sin haberse siquiera clasificado. Porque resurgir, como ave fénix, de aquellas cenizas, no sólo tenía un trabajo futbolístico, sino que requería de un trabajo de concienciación destinado a la fe y, sobre todo, a la convicción.
El milagro de Italia reside en su mutación, pero reside, sobre todo, en su reconstrucción. Hace poco más de tres años, quedaban apeados del mundial de Rusia y se veían obligados a ver el campeonato desde el sofá. La noticia, siendo una tetracampeona, sonaba a sorpresa y, sobre todo, a incredulidad. Tocaba volver a construir el casillo, recoger los naipes y hacer creer al mundo y, sobre todo, a los propios futbolistas, de que iban a ser capaces de regresar a lo más alto. Trabajo, fe y constancia. Realmente no quedaba otra.
Suele ocurrir que cuando un campeonato doméstico se devalúa, la selección nacional sale ganando. De aquel Calcio impensable de abordar en Europa, la crisis nos trajo este Scudetto light en el que los equipos son más débiles pero en el que curiosamente, se juega mejor al fútbol. De este caladero de necesidad, surgieron tipos como Spinazzola, Berardi o Chiesa, o tipos como Jorginho, fichado con su perfil bajo y convertido por derecho propio en el amo y señor del centro del campo mundial ganando Champions y Eurocopa en el transcurso de un mes. Gracias a la reconstrucción y a la modernización del juego, Italia ha podido encontrar de nuevo su momento. Se convirtió, desde el primer día, en la selección que todos querían ver, supo esperar su momento ante Austria, canalizó su ansiedad ante Bélgica, supo sufrir ante España y controló a Inglaterra cuando todo un país tifaba en su contra.
Suerte, tensión, aplomo y talento. Poco más necesitan los campeones. Poco más ha necesitado Italia para convertirse en el merecido ganador de una Eurocopa que no ganaba desde el año sesenta y cuatro y para hacer las paces de una vez con el fútbol. Por primera vez en su historia dejó de ser Maquiavelo y se centró en los medios para conseguir el fin. La victoria justificó la espera.
jueves, 8 de abril de 2021
Imparable
Es fácil comprobar cuando un jugador está en el mejor momento de su vida. Es fácil adivinar ese brillo en sus ojos, ese hambre en su rictus, esa sonrisa de disfrute en cada definición, ese grito de rabia en cada celebración. Cuando un tipo está en su cúspide pueden ocurrir dos cosas: que se trate de un jugador sencillo y se le alabe el esfuerzo o que se trate de un jugador capital y termine las jornadas subido en el altar de los venerados.
Romelu Lukaku asomó la cabeza por vez primera en el fútbol profesional cuando apenas tenía dieciséis años. La primera vez que nos fijamos en él fue el día que el Athletic se enfrentó al Anderlecht en eliminatoria de dieciseisavos de final de la Europa League. Entonces tenía diecisiete y tardó cuatro minutos en anotar un gol. Los expertos en el análisis de jóvenes promesas nos anticipaban un futbolistas rápido, voraz y con un buen juego de espaldas. Lo que vimos aquel día fue a un niño gigante y flacucho que intentaba imponer su potencia ante los curtidos San José y Amorebieta.
Su viaje a la Premier fue tan esperado como precipitado. Apenas tenía veinte años y se veía obligado a competir con el mismísimo Didier Drogba como delantero del Chelsea. Vistas las hechuras y comprobadas las costuras, el chico fue cedido dos veces, una al West Bromwich y otra al Everton, pero entre las idas, las venidas y las nostalgias, el chico no llegó a cuajar como blue. Por ello fichó por el United y, a pesar de mejorar su rendimiento, se encontró en un equipo de entreguerras que no sabía si ir o venir, y mientras todos buscaban su lugar, Antonio Conte fichó por el Inter y su primera petición fue el delantero belga que el United había puesto en el mercado. Lo que nadie sabía entonces es que lo mejor estaba por venir.
Lukaku ataca los espacios con la verocidad de la pantera, se lleva por delante a los defensores como una manada de bisontes y se impone por arriba como un águila imperial. Chuta con el alma, rompiendo la pelota y ganándose a sí mismo en un duelo constante por ser cada día mejor. En Milan ha encontrado su hábitat; un equpo que juega a mil por hora y un entrenador que cree ciegamente en sus facultades. No en vano, el equipo, como una moto, va directo a conquistar su decimonovena liga y, sobre todo, a cortar de raiz la racha de la Juventus más ganadora de la historia del Calcio. Y todo ello subido a lomos del tipo que, un domingo tras otro, abre la lata y machaca a todos sus rivales.
martes, 10 de noviembre de 2020
Imperator
Cualquiera que se haya asomado al fútbol italiano durante los últimos años habrá descubierto que el
juego, más allá de lo tradicionalmente especulativo, se ha convertido en atractivo, rápido, de ida y vuelta, en un entretenimiento tan sorprendentemente agradable que hemos sido muchos los que hemos tenido que pestañear más de dos veces para afrontar la realidad de un fútbol que, desde que perdió poder económico, ganó en voluntad de juego.Curiosamente, a medida que el Calcio fue ganando en entretenimiento fue perdiendo en competitividad. Esta ecuación de proporción inversa viene dada, sobre todo, a que Italia ya no es la NBA del fútbol, ya no es el país donde, como en los noventa, acudían los mejores futbolistas del planeta y, sobre todo, se ha adaptado a una manera moderna de jugar al fútbol donde prima el espectáculo por encima de la especulación.
En su camino hacia la reconquista del imperio, Italia va ofreciendo beneficios fiscales a los millonarios extranjeros que quieran asentarse en el país y el fútbol va haciendo un esfuerzo para, poco a poco, volver a situarse como opción preferencial en los hogares del mundo. Muy lejos de la Premier y perdida, de momento, la batalla contra la liga, su misión prioritaria es consolidarse en el podio como lugar preferencial y, a partir de ahí, ir creciendo exponencialmente al tiempo que sus equipos se van consolidando, de nuevo como potencias europeas.
El ejemplo más claro de la decadencia del fútbol europeo es el Milan. El equipo que gobernó Europa durante casi dos décadas, con ocho finales de Champions y varios Scudettos, es hoy una sombra que quiere renovar el aire y volver a iluminar su camino. Una sombra pisoteada por los excesos y por haberse convertido en la marioneta de un tipo con mucha grandilocuencia y pocos escrúpulos. Cuando el fútbol se convirtió en una ruina, Berlusconi se echó a un lado y el Milan comenzó su peregrinación por los infiernos.
Su último título de liga data de hace diez temporadas y entonces, en la capital de Lombardía, reinaba por encima de todos, un futbolista que ya había dominado el Calcio durante el lustro anterior: Zlatan Ibrahimovic. El emperador sueco abandonó Milan para ganar petrodólares y aplausos en París. Durante estos diez años, ha sido dueño del área parisina, amo de los destinos americanos y un infructuoso mago en el secarral de Manchester. Con la madurez más que sobrepasada y el retiro llamando a la puerta, Zlatan se niega a claudicar y quiere dejar para eternidad y un último baile asombroso. Es el máximo goleador del campeonato, es el jugador diferencial del líder, es el futbolista que está sacando las castañas del fuego a un equipo que juega a la remontada histórica pero que aún tiene algún complejo guardado en la mochila.
Zlatan saca la chistera, alza el bastón de mando y se autocorona de laureles. Aquí estoy yo, Imperator y conquistador. Con él, el Milan tiene menos miedo, con él, el Milan quiere saberse, de nuevo, el equipo más importante de la ciudad más importante del país.
lunes, 8 de abril de 2019
Cómplices del odio
Hay un problema de defecto de forma a la hora de excusar ciertos comportamientos. Aquellos que buscan el aplauso antes que la verdad, siempre recurrirán a la tibieza porque prefieren las medias tintas a los chapuzones en negro. Hay más verdad en su silencio que en muchas frases porque, más allá de las consecuencias, las causas suelen derivar de una bolita de nieve que va convirtiéndose en alud a medida que va creciendo y nadie va siendo capaz de pararlo.martes, 19 de marzo de 2019
El triunfo de la virtud
viernes, 8 de marzo de 2019
Un equipo nada casual
Los análisis en caliente y desde la ignorancia suponen un peligro para la confianza global porque son muchos los que hablan sin saber y muchos más los que opinan sin ver. De nada vale creer lo que has visto y, mucho menos, repetir lo que han contado, porque para poner en valor a cada rival primero hay que sentarse cada domingo y discernir el día a día. El problema es que el trabajo produce pereza y el sensacionalismo vende más que la verdad.martes, 8 de enero de 2019
Los penaltis de Signori
jueves, 8 de noviembre de 2018
Cosa de egos
En el juego de egos el talento suele promulgar su crédito, pero la suerte, en ocasiones, es un factor intrínseco que, caprichoso por naturaleza, termina de desvirtuar una balanza que, a priori, creíamos inclinada hacia el lado más lógico. Ocurre, en ocasiones, que la desesperanza, mezclada con la necesidad, convierte a los hombres en temerarios y es cuando no tienen nada que perder, en ese momento en el que dejan de temerle a derrota, cuando desarropan sus sentidos y aparcan el miedo para lanzarse hacia la gesta.






