jueves, 27 de agosto de 2026

La tierra prometida

Durante los últimos años se puso de moda desdeñar el fútbol italiano. Sólo porque ya no dominan el continente. Resulta curioso el poder de fascinación que el resultado tiene sobre el aficionado. Cuando imponían el físico sobre la pelota y lo ganaban todo, la gente se rendía a ellos. Cuando iniciaron el camino inverso a través del juego con balón, el público les dio la espalda porque dejaron de ganar.

Los partidos del Inter llevan tiempo dejando claro que Italia está cambiando y que hay una serie de entrenadores que han roto con el pasado y han convertido al Calcio en una liga mucho más entretenida. Dos finales de Champions en los últimos cinco años y la sensación de que, en cualquier momento, pueden volver a asaltar ese lugar común de los años noventa.

Mucho se ha hablado en las últimas semanas de los argumentos tácticos del Arsenal o del cambio de paradigma de Chelsea o Manchester City, pero poco se ha hablado del calado histórico que envuelve a aquellos entrenadores, más ocupados en el detalle que en la naturalidad, tratan de confeccionar equipos de autor en base a conceptos que hoy denominamos clásicos, justo aquellos que, durante décadas, fueron nota de distinción de los mejores equipos de la vieja Italia.

Más allá de la conceptualidad, queda la racionalidad. El Atlético de Madrid lleva años creciendo de la mano de un estilo más ortodoxo que heterodoxo y, hasta para regresar a la cima, el Madrid ha echado mano de un clásico antes que aventurarse con otra carta boca abajo. Y es que, cada vez que Italia se alejó más del estilo, el viejo mundo lo fue echando cada vez de menos.

Hoy el Inter, el Nápoles e incluso el Milan, han virado en redondo para dejar atrás las férreas líneas de cuatro para abonarse a los carrileros altos, los medios visionarios y las transiciones rápidas y, mientras ellos siguen buscando el talento perdido, tratan de evolucionar hacia afuera lo que muchos les piden que vuelvan a traer hacia adentro, porque aquello que les funcionó durante muchos años, es el concepto básico a lo que otros se agarran para tratar de impulsarse una vez conocida la derrota.

Las fórmulas mágicas no existen, pero abandonada la revolución conceptual, con muchos los que tratan de regresar al origen y establecer una nueva revolución coyuntural. El éxito suele estar donde está el dinero y si Luis Enrique sigue ganando, la excepción seguirá siendo la reina de la regla, pero cuando deje de hacerlo, todos mirarán atrás y asentirán orgullosos por haber regresado, mal que bien, a la tierra prometida.

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