viernes, 25 de abril de 2008

El chico para todo

Existen personas que, con su silencio, pueden decir mucho más que el mas proclive de los charlatanes; la diferencia entre quienes le aplauden y quienes le silban, reside en la capacidad para saber escucharlos. Para algunos entrenadores, vestidos impecablemente con su traje de aficionado, no existe jugador más intocable que aquel que levanta la grada en gestos, regates y carreras. Y en la inservibilidad de los detalles encontramos la diferencia entre quienes hacen las cosas bien por naturaleza y quienes las hacen bien por prestidigitación.

Quien juega con la conciencia libre y los pies en su sitio, le cuesta menos mantenerse en lo más alto que llegar arriba, porque cuando tienen lo que buscan simplemente ejecutan su misión de la manera más sencilla posible; para jugar al fútbol hay que saber jugar al fútbol. Como en su rol de ganadores no dudan en cambiar su traje de economista impecable por el mono de faena del obrero más sacrificado, el entrenador, como buen jefe que sabe aprovechar sus recursos, recurre al esforzado para endosarle sus marrones. Hágame estas fotocopias, tráigame esos cafés, sáqueme esos informes, reserve mesa en este restaurante. Y como todo lo hacen bien, le cambian el piano por un martillo. Y cuando las cosas salen mal, la culpa es de ese, que no ha hecho bien su trabajo.

Es el sino del trabajador abnegado, del que sabe que cualquier error pone en peligro la estabilidad de su empresa, del que sabe que cualquier protesta pone en peligro su propio puesto de trabajo. A menudo tienen que aguantar, de manera estoica, como alguien con más currículum pero menos preparación ocupa su puesto con la mitad de eficiencia y el doble de elogios, muchas veces terminan su tarea con la satisfacción del deber cumplido pero con la ausencia del reconocimiento debido.

Durante muchas temporadas, Guti fue considerado como la eterna promesa del fútbol español. El hecho de que así fuera correspondía más al ansia de su club por fichar remiendos en su zona de influencia que en la de confiar realmente en las posibilidades del chico de casa. Cuando al chico le daban la oportunidad de hacer lo que sabía, demostraba que lo sabía era mucho y bueno, pero trabajaba sin hablar, corría sin hacer ruido y celebraba con los dientes apretados. Nada de extravagancias, nada de arreones innecesarios, nada de palabras interesadas. Por allí pasaron Conceiçao, McManaman, Cambiasso, Beckham, Gravesen, Emerson y Gago. Todos pasaron de largo, todos terminaron ganando más dinero que experiencia y todos acabaron sucumbiendo ante el poder del que realmente sabía. Guti sigue allí; con sus mismas maneras de estilista, con sus mismos aciertos mal reconocidos y con sus mismos errores tan subrayados. Y seguirá allí, más madridista que nadie, hasta que los años le manden a casa y el recuerdo consiga que todos los que hoy le echan de más, algún día le echen de menos.

Iniesta es de un perfil futbolístico muy parecido. Si el equipo necesita un parche en la izquierda, Iniesta va a la izquierda. Si el equipo necesita un parche en la derecha, Iniesta va a la derecha. Y aunque todos, incluído su entrenador, saben que donde más daño hace es en el vértice superior del centro del campo, el chaval baja la cabeza, cierra la boca y cumple con solvencia tanto en la derecha como en la izquierda. El principal castigo a su constancia e impecable rendimiento es el de no haber recibido, aún, el merecido premio de la titularidad indiscutible, y aunque su entrenador sepa que su rendimiento es superior al resto, cuando tiene a todos disponibles, no duda en sentarle en el banquillo porque en la balanza de problemas, prefiere mil veces el silencio del abnegado, que la protesta del mediático.

Seguirán existiendo. Hoy son Guti e Iniesta y mañana serán otros tantos. Se les ninguneará, se les reconocerá muy de vez en cuando, servirán como coartada perfecta ante las derrotas y como pieza mecánica en las victorias. Otros disfrutarán sus laureles, otros disfrutarán sus aplausos, ellos aguantarán los silbidos y la bronca de la grada, pero nunca dejarán de ser necesarios porque cuando nadie ya les espere y el equipo más les necesite, de sus pies saldrá el balón definitivo y de sus gargantas saldrá el grito más sincero.

jueves, 24 de abril de 2008

La manta corta

En numerosas ocasiones, la intención de un padre a la hora de ponerle un determinado nombre a su hijo recién nacido es, más que un simple capricho, una llamada al destino. Cuando el ferroviario brasileño Vargas Lima quiso recompensar su admiración hacia el emperador Napoleón Bonaparte dando a su hijo el nombre de la isla donde falleció, no pudo imaginar que en el nacimiento de aquel débil bebé estaba contemplando el nacimiento del mayor estratega futbolístico que Brasil hubo de regalarle al mundo.

El pequeño Elba de Pádua Lima creció sumido en la pobreza y llorando la pérdida del padre que tanto luchó por él. Como cuenta cualquier historia de héroes y bondadosos, Elba hubo de trabajar mucho para llegar muy alto; aferrado a la mano de su madre, se hizo grande con la boca cerrada por el hambre y las manos manchadas por el barro. Y los pies, como toda gran estrella que se precie, pegados por siempre a una pelota desde el primer día que descubrió que las calles encharcadas eran el escenario perfecto para jugar un partido interminable.

Siempre con un balón en el filo de sus sueños y una vieja pelota de trapo sobre sus pies descalzos, su madre no pudo impedir que el pequeño Ti (sobrenombre que le dio nada más nacer), apartase el ejercicio de sus deberes para dedicarse por completo al ejercicio futbolístico que tanto le encandilaba. Allí, en las calles de Sao Paulo, Ti se convirtió en Tima y, con el paso de los años, es el centrocampista de Botafogo, Tim; jugador de visión privilegiada, técnica depurada y zurda divina.

A medida que fue quemando etapas, al joven Tim le fueron saliendo admiradores detrás de cada piedra. Campeón del campeonato nacional de selecciones estatales, el joven líder del combinado de Sao Paulo fue aclamado por una afición que exigió, a gritos, su inclusión en el equipo nacional que habría de jugar el sudamericano que se disputaría en Buenos Aires unos meses más tarde. Por entonces, Tim tenía veinte años, un corazón tan grande como un estadio de fútbol y unas condiciones impagables para jugar y disfrutar del fútbol. En Argentina, Tim cuajó un torneo sublime y la prensa argentina, acostumbrada a centrocampistas más corajudos que estilistas y más físicos que inteligentes, le rebautizó con el sobrenombre de “El Peón”, porque como buen guía, cada vez que lanzaba a su equipo al ataque, se asemejaba a un peón pampero, vara en mano, guiando a su rebaño por el sendero correcto.

Botafogo intentó retenerlo durante un par de ocasiones, pero solamente en una lo consiguió. Tras una breve estancia en la Portuguesa de Santos, Tim, sorbido por la “saudade” regresó a casa para marcharse poco después rendido ante la poderosa oferta económica de Fluminense, club en el que se convirtió en estrella y leyenda.

Tras sus primeros campeonatos con el tricolor, el seleccionador brasileño Ademar Pimenta se acordó de él y le consideró una pieza importante de cara afrontar el que sería tercer campeonato mundial de fútbol. Tim voló a Francia con la cabeza cargada de sueños y regresó de Europa con unos pocos minutos jugados y la desilusión de un desencuentro que nunca tuvo reconciliación. Y es que Tim, como el ave libre que siempre se quiso sentirse, buscó en cada calle francesa un rincón de diversión que le ayudase a sobrellevar los días sin fútbol, pero le cortaron las alas el día que le descubrieron mientras escapaba, en busca de una nueva fiesta, por la ventana de su habitación.

Tim jugó ocho años en Fluminense antes de regresar a Botafogo para retirarse cerca de casa. Como el fútbol le corría por la sangre como un veneno sin antídoto, cambió el balón por la libreta y los pases medidos por las pizarras y decidió sentarse en la silla eléctrica del banquillo con su traje de entrenador. Empezó en su querido Botafogo, probó en la enriquecida liga colombiana y regresó a Brasil para convertirse en leyenda. Si su padre había homenajeado a Napoleón el día de su nacimiento, Tim se convirtió en un Bonaparte perfecto a la hora de dirigir a sus jugadores. Si en Argentina le habían llamado “El Peón” por su capacidad de dirección en el campo, Tim demostró que aquella capacidad cabía en su cabeza para todo el fútbol y que también desde el banquillo era capaz de conseguir las gestas más grandes.

Innovaba siempre que podía; explicaba las tácticas con botones de colores, intentaba mantener una distancia respetuosa con los futbolistas, atormentado tras sus lamentables experiencias como jugador, e intentaba hacer prevalecer la ironía en su discurso como una manera eficaz de mantener la tensión sin hacer que el buen humor desapareciese del entorno. Una prueba única de su extraordinaria capacidad humorística y del sentido libre que le daba al fútbol, la dio el día en que un joven muchacho de buenas cualidades y obedientes actuaciones se acercó hacia él para intentarle convencer de su valía; “Entrenador, estoy preparado. No bebo. No fumo. Nunca voy de fiesta”. Tim lo miró de arriba a abajo y sin desprenderse de su sonrisa le espetó: “No se preocupe. Aquí usted también aprenderá a hacer todo eso”.

Y es que Tim sabía que en la felicidad del jugador residía el mejor secreto de su rendimiento. Por ello no dudaba a la hora de alabarles, de quitarles presión o de criticarles como lo haría un padre. Como era un gran cocinero, organizaba grandes comidas en su jardín para unir a su plantilla. Como era un gran futbolero, explicaba las virtudes y defectos de cada rival con la naturalidad que aporta la experiencia. Como era un gran psicólogo, cada jugador ya sabía lo que era capaz de hacer antes de saltar al campo. Por ello, crítica, afición y jugadores se rindieron a sus métodos de trabajo; en la eficiencia y la felicidad basaba sus triunfos y en la seguridad basaba su trabajo, prueba de ello son las palabras del gran Domingos Da Guía, posiblemente el mejor defensa central nacido en Brasil, que, preguntado por el éxito de Tim, respondió, con voz tranquila: “Nunca lo vi errar”.

Si existe un lugar donde recuerden al gran Tim con un especial cariño y un impagable agradecimiento es en San Lorenzo de Almagro. Tim llegó a Buenos Aires a finales de los años sesenta y se encontró un equipo pleno de calidad pero falto de ganas. Aquel San Lorenzo venía de vuelta tras varios años de éxitos bajo el sobrenombre de “los carasucias”, una especie de homenaje y continuidad a la gran selección argentina que conquistó Lima en el sudamericano del 58. Al equipo entrenado por Tim, consagrado a base de victorias apabullantes y juego espectacular, le apodaron como “los matadores”, gracias, en gran medida, a la eficacia contundente de una delantera formada por Gonzalez, Rendo, Fischer, Telch y Veglio.

Tim llegó a un fútbol argentino demasiado europeizado, por lo que su principal misión fue la de liberar al futbolista de los corsés tácticos que promulgaban la fórmula del éxito y, renunciando a las panaceas, se volcó en un discurso sencillo; “Tenemos talento, tenemos técnica y tenemos hambre. Tenemos lo justo para ganar”. Y ganaron. Ganaron tanto que acabaron el año como invictos, arrollaron en las rondas finales y levantaron el trofeo frente a una multitud enloquecida ¿El secreto? Tim, sonreía. “Simplemente, lo que a mí siempre me gustó tener cuando era futbolista: libertad y confianza”. Habiendo calidad, no hacía falta mucho más.

Por ello, cuando en la algarabía del éxito, alguien se atrevió a preguntarle si por fin había encontrado la fórmula del equilibrio futbolístico, Tim dejó para la historia una de las frases más populares y que describe el fútbol a la perfección. El equilibrio no existe porque “jugar al fútbol es como tratar de taparse con una manta corta. Si uno se cubre la cabeza, es inevitable impedir que se descubran los pies. Y si se cubren los pies, queda descubierta la cabeza”.

Y así ha sido para siempre el fútbol. Existieron equipos que, con los pies descubiertos fueron capaces de romper los moldes y otros, que con la cabeza al aire, destronaron mitos y reescribieron leyes. Tratar de mantener ambos tapados es como intentar lanzarse al agua y mantener la ropa seca.



P.D. Tal día como hoy, hace exactamente un año, este blog inició su andadura impulsado por el empujoncito de ánimo de Javi; posiblemente el blogero que más control y sapiencia tiene sobre el planeta futbolísitico y uno de los que más creyó en mí. De antes también conocía a Álvaro, de quien siempre me asombró la entusiasmada lucidez que le aportaba su corta edad. Y tras reiniciarme en este mundillo con este nuevo blog, tuve la suerte de cruzar mi camino con una serie de auténticos maestros de la palabra y la razón; hablo de Christian, Piterino, Guille, Silvi, Carlos, Fernando, Juan y otros tantos a los que quiero dar las gracias por leerme y, sobre todo, por enseñarme. Y gracias también, de manera especial, a Suca y a Juanra porque ellos ya llevan muchos años aguantándome y creyendo en mí. Sin vosotros no hubiese aguantado todo un año ni hubiese escrito estos cien post (doble celebración). Gracias.

martes, 22 de abril de 2008

¿Por qué interés se quiere a este "Andrés"?

No soy muy partidario de pararme a hablar de los medios de comunicación en este humilde espacio de opinión, historias y encuentros diversos. Cuando lo he hecho, he tratado de hacer primar la ironía sobre el enfado, la realidad sobre la noticia y la palabra sobre la voz. No soy partidario de perder mucho tiempo hablando sobre programas o diarios porque lo considero un acto de soberbia imperdonable, siendo yo como soy un mero aficionado y siendo ellos como son un grupo de prestigiosos profesionales.

Tampoco pienso entrar en las entrañas de una crítica despiadada, solamente quiero jugar a las preguntas de aficionado perplejo, dolido y sin cicatrizar. Hace tiempo que quieren ponernos una venda en el lugar equivocado; nos duele el alma e intentan taparnos los ojos. Hace tiempo que quieren taponar la hemorragia en el lugar donde no corresponde; tenemos roto el corazón e intentan taponarnos los oídos. Nos cuentan lo que quisiéramos oír, que nos es la triste verdad sino una inquietante mentira. Nos hacen ver lo bonito que es el mundo mientras las raíces del árbol maldito siguen creciendo y destruyendo los cimientos de una historia que cada vez tiene más difícil eso de alcanzar un final donde se cazan, se cocinan y se comen las perdices.

Desde “El Larguero”, ese prestigioso y premiado programa deportivo, que, reconozco, escucho a diario desde hace casi veinte años, llevan varios meses tomando declarado partido contra la gestión de un hombre que, todo sea dicho, es como un niño torpe que rompe todo lo que toca. Para justificar el desastre de su gestión, que lo ha sido, no inventaron mejor excusa para provocar al individuo y criticar sus maneras que apelando a su imagen personal; “el gordito del bigote”. Curiosa manera de catalogar a las personas. Conozco a gorditos con bigote que no se llaman Juan Soler y que, sin embargo, son capaces de comerse el mundo, regalar una sonrisa o provocar admiraciones. Por lo que, en principio, queda bastante claro que ni el hábito hace al monje, ni las apariencias ayudan a desengañar al más pintado.

Le preguntaría yo, al señor De la Morena, sin dejar de criticar la nefasta gestión de Juan Soler al frente del Valencia que cuántas Copas ha ganado el Atlético en los últimos diez años, o algo más alcanzable a su historia, cuántas veces ha quedado el Atlético entre los cuatro primeros, con plaza, por lo tanto, para disputar la Champions League, en los mismos últimos diez años. Pero como la respuesta es tan elocuente como la desfachatez demostrada, mi siguiente pregunta sería la de "¿Por qué?"

¿Por qué se critica con saña a un presidente que ha conseguido unos mínimos logros y no se critica de ninguna manera a una directiva que, año tras año, conduce hacia la ruina a un equipo histórico? ¿Acaso como Enrique Cerezo y Gil Marín son delgados y no tienen bigote no son dignos de crítica alguna? ¿Es que es más gratificante humillar a un dirigente por su aspecto físico que dejar de hablar mal de un payaso que en cada declaración renueva su espectáculo circense?

No sé hasta qué punto la afición valencianista se siente molesta cada vez que un periodista en particular, o medio en general, arremete contra su directiva, lo que sí se es como me siento yo, que llevo viviendo y muriendo por el Atleti desde que tengo uso de razón, cada vez que se pasa de largo por el verdadero problema del club; asqueado.

El Valencia, que durante varias temporadas jugó, con aciertos y desaciertos, a los cambios de poder, viene hoy de rebote descendente después de haber alcanzado el techo durante varias temporadas. Un rebote tan descendente que incluso le pone de cara la posibilidad aterradora de caer en el fuego de la segunda división. El Atlético ya cayó a ese pozo atroz y, con la misma directiva, sigue cayendo a otros pozos de mediocridad. Pero aquí no pasa nada. Resulta más rentable afilar las uñas contra un gordito con bigote que dejar de reírle las gracias a un payasete con gafas (y que conste que yo llevo gafas).

jueves, 17 de abril de 2008

A modo de aclaración

Ante el reguero de vulgaridades, comentarios jocosos, patochadas, oportunismos, ventajismos, patrañas e insultos que los abonados del Getafe llevamos aguantando durante el día de hoy en diversos foros, blogs y otras páginas de la red; me gustaría comentar que:

- No pensamos pedir perdón por haber vivido dos temporadas de ensueño.

- Al que nos haya tomado manía, solamente le deseo que algún día llegue a vivir la mitad de lo que nosotros hemos vivido y comprenderá el mérito de llegar tan arriba viniendo desde tan abajo. Y que toda afición tiene derecho a reir, cantar, llorar y callar.

- Efectivamente, algún día bajaremos a segunda división e incluso a segunda B y nos podremos mirar a la cara orgullosos de lo que hemos conseguido y de lo que hemos estado a punto de conseguir. Pero que la primera división no es propiedad privada de nadie.

- Me parece, cuando menos, clasista, considerar un incordio cada vez que un equipo pequeño se mete, por méritos propios, en el universo todopoderoso de los grandes y que gracias a hazañas con esta, muchos seguimos amando la esencia mística del fútbol.

- El Valencia fue mucho mejor y ganó la Copa en toda ley con lo que se ganó nuestro merecido aplauso y felicitaciones.

- No tenemos la culpa de que los comentaristas de Antena 3 cantasen con efusividad nuestros goles contra el Bayern.

- Si Casquero hubiese caído al suelo en el Sardinero, Garay también hubiese chutado a puerta desde la frontal y no hubiese pasado nada.

- Se ha podido hablar más de la cuenta, pero solo se remarcaron los hechos de un equipo que apenas tiene nada.

- Los que dicen ahora que al Alavés, al Espanyol, al Celta o al Deportivo no se les dio tanto bombo en su día es porque no tienen memoria.

- Si el Valencia no ha tenido el suficiente apoyo mediático es porque lleva toda la temporada jugando a un nivel de segunda división con un equipo de primerísima línea.

- Yo lloré con Cañizares el día que el Bayern les ganó la Copa de Europa.

- Si el tiempo y la memoria solamente tienen espacio para el equipo campeón, entonces nadie se acordará de quien tuvo el enorme mérito de jugar las finales de la Copa de Europa de 2002 y 2003.


- Otros, con el doble de mimbres, no consiguieron ni la mitad. Tremendo pecado el de ese "bocazas" llamado Ángel Torres.

- Resulta un tanto curioso que un pueblo tan "facha" como Getafe, la izquierda lleve gobernando en coalición durante más de veinticinco años consecutivos.

- Si el Rey disfrutó en Getafe sería porque se hicieron bien las cosas.

- Si al Geta le hubiese dando tanto bombo la prensa como dicen por el simple hecho de ser un equipo de Madrid, el día que empatamos en Munich el Marca no hubiese abierto en portada con el supuesto interés del Real Madrid por un jugador del Atlético.


- Tan exmadridistas y, por tanto, tan "mediatizados" como lo pueden ser De la Red y Granero, lo pueden ser Mata o Morientes, y que ambos fueron alabados por su presente y no por su pasado.

- Vendría bien recordar donde aprendieron a tomarle el pulso a la gran competición futbolistas como Albiol, Gavilán o Pablo Hernández. Grandes jugadores que están destinados a darle grandísimas alegrías a la afición valencianista. Y que ojalá nos sigan prestando jóvenes valores porque en su gran cantera reside parte del secreto nuestro precipitado crecimiento.

- Igual que hay que saber perder, hay que saber ganar.

- A los que apoyaron al Getafe ayer, muchas gracias. Y a los que no lo hicieron, enhorabuena.

- A la afición del Valencia que ayer estuvo en el Calderón; Chapeau.

- A los aficionados del Getafe que no supieron perder; para saber hacia donde vamos, primero hay que saber de donde venimos.

lunes, 14 de abril de 2008

El nombre de la rosa (Por Christian Castellanos)

En el desierto de mediocridad que atraviesa nuestro fútbol, atendemos con muchísima más expectación el posible nacimiento de una estrella. Ávidos de nuevas experiencias, ilusiones y sobresaltos encumbramos a los cielos a golpe de comparación a muchos que después se quedan por el camino. Van der Meyde iba para nuevo Cruyff, Cassano era considerado como el futbolista con más talento en Italia desde Mazzola, comparamos a Wright-Phillips con su padre, o a Van Persie con Bergkamp con la única base de que coincidieron en equipo y nacionalidad. Hemos sacado decenas de herederos de Zidane y cientos de nuevos ‘Pelés’ y ‘Maradonas’.

Este proceso se redimensiona en Italia, donde cada jovencito con las agallas suficientes para retar el poderío físico e intentar romper las férreas tácticas es un prodigio que las aficiones se encargan de mimar con todos los medios posibles, mientras los rivales erosionan sus tobillos. Cada ‘fantasista’ italiano, como se les conoce al sur de los Alpes, tiene el valor añadido, quizá el problema, de haber nacido en un territorio equivocado.

Y si hay un equipo que encarna más que ningún otro la forma peculiar del fútbol italiano, ese es la Juventus de Turín. Entre sus jugadores míticos siempre se nos escapará un Capello, un Conte, un Davids o un Emerson. Allí, entre Cannavaro, Tudor, Pessotto y Vieira ha crecido Sebastian Giovinco. Las espinas protegen la rosa, pero es el capullo lo que le otorga esa belleza, simple, pero imponente. Con esta analogía podríamos explicar la historia de la Juventus: un club lleno de dureza, pero con pura magia arriba. Y así ha vivido durante más de un siglo. Entre los trabajadores, los que no se ven, han destacado Charles, Sivori, Boniperti, Bettega, Platini, Laudrup, Vialli, Baggio, Zidane ó Del Piero. Y ahora, entre los cardos, ha nacido una rosa con forma de estrella.

A sus 21 años, Giovinco ya sabe lo que es dar pases de gol a Trezeguet. Son 166 centímetros cargados de magia y con el peso de las ilusiones de una afición más abatida que nunca. Cuando él la coge, los hinchas del Empoli (donde actualmente está cedido), saben que sus posibilidades de salvación aumentan exponencialmente. El abre-defensas le han llegado a llamar en Italia. Velocidad a raudales, capacidad para colarse por debajo de las piernas de los centrales. En una palabra: Fan-ta-sis-ta. Hasta la talla más pequeña de la camiseta de la Juventus le vendrá grande, pero el escudo le encaja a la perfección. En él están puestas las esperanzas del futuro bianconero. Sólo él podrá ponerse más veces el ‘10’ de Alex Del Piero a la espalda. Con él esperan levantar otra Champions. En él van todas las esperanzas de la juventinità. Él es el nombre de la rosa.


P.D. Christian Castellanos es administrador de Curva Bianconera, Forza Calcio y Tiempo de Fútbol

jueves, 3 de abril de 2008

Donde habitan los sueños

El lugar donde habitan los sueños está en el paso fronterizo que separa la realidad de la imaginación, en algún lugar, dentro de nuestra mirada, al que podemos viajar con un puñado de intenciones, una sonrisa melancólica y una ilusión infinita. El lugar donde viven los sueños está hoy más cerca que nunca de Getafe y desde allí, miles de almas encarnizadas sabrán, por primera vez en su vida, en que consisten las grandes aspiraciones.

Hace más de veinte años yo era un chiquillo imberbe, poco desarrollado y plagado de energías. Mis aspiraciones no iban más allá de golpear sin cesar una vieja pelota, junto a mis amigos, en el descampado que había frente a mi casa. Eran tiempos en los que Getafe era un pueblo en vías de desarrollo dividido en tres barrios que bien podrían haber sido tres enormes corralas de vecinos. La Alhóndiga; donde la vía del tren partía el pueblo por la mitad. San Isidro; donde el ruido de los aviones nos obligaba a alzar la voz si queríamos hacernos oir. Y Las Margaritas; donde el viejo estadio de fútbol vestía sus gradas cada quince días para recibir al Pegaso, al Parla o al Moscardó.

Eran años en los que el Bayern de Munich nos sonaba a leyenda inalcanzable bajo las apasionadas historias nacidas en boca de nuestros padres. Años en los que la televisión, muy de vez en cuando, te regalaba algún partido suelto de la Copa de Europa y podías ver a un equipo de rojo cuya presencia provocaba temor y cuyos jugadores eran máquinas incansables; Pfaff, Augenthaller, Pfluger, Brehme, Matthaus, Thon, Rummenigge, Wohlfarth... Años del pisotón de Juanito, de los slaloms de Futre, de aquella liga furtiva ganada por el Bremen de Rehhagel. De vez en cuando, al más fiero también le pintaban el orgullo.

Y eso es lo que espera hoy Getafe. Aquel pueblo plagado de proyectos se ha convertido hoy en una ciudad universitaria, industrializada, desarrollada y europea que sueña en azul gracias a un equipo de fútbol que aspira a pintar de su color el orgullo bávaro que tantos quebraderos de cabeza nos ha causado. Sobre el terreno donde estaba el antiguo estadio, hoy se levantan tres bloques de pisos; los antiguos solares por los que transcurría la carretera de Villaverde se han convertido en el moderno barrio de Getafe Norte y allí, al pie de la M-45 se levanta el nuevo Coliseum Alfonso Pérez. Allí esperamos, allí soñamos. Nos podrán minusvalorar, nos podrán humillar, nos podrán dejar con el culo al aire, pero nunca nos quitarán nuestro derecho a soñar.

Ayer fue en el Luis Rodríguez de Miguel y hoy es en el Allianz Arena. Todos hemos crecido, todos hemos soñado. Dijo Becquer, en uno de los versos más desgarradores jamás escritos, que "donde habite el olvido, allí estará mi tumba". En Getafe ya no hay olvido; aquí habitan hoy los sueños, aquí habitarán mañana los recuerdos.

martes, 25 de marzo de 2008

El sexto sentido

En el fútbol, como en la vida, la intuición va por delante de la percepción, la audacia va por delante del logro y la convicción va por delante de la celebración. Algunos futbolistas entienden el fútbol como un ejercicio de inteligencia, otros, menos preparados para la gloria, creen que con una carrera y un regate han conquistado su particular cuota de éxito; viven convencidos de que el fútbol sólo se juega con los pies.

Para los más preparados, para los que vivieron el juego como un engranaje donde los movimientos tienen tanta importancia como la finalización y la visión de juego va más allá de un pase de gol, el fútbol resultó mucho más sencillo y glorificante, porque para ellos estaban escritos los grandes designios y porque para ellos va el verdadero reconocimiento del fútbolista; convertirse en ídolo de aficionados.

Hace poco más de un lustro debutó en la Premier League un muchacho de aspecto hosco y andares poco convincentes. En una de sus primeras apariciones terminó de un zapatazo con una racha de invencibilidad del Arsenal que alcanzaba los treinta partidos, pronto, la prensa amarilla, ávida de devorar nuevos ídolos y contagiar al mundo su propia estupidez, intentó jugar con el chiquillo a su particular pim pam púm tratando de generar un nuevo juguete roto. No lo consiguió. Primero, porque el muchacho maduró lo suficiente como para autoconvencerse de que tenía demasiado talento como para desaprovecharlo. Segundo, porque en Wayne Rooney sobreviven los valores que hicieron grandes a los futbolistas más recordados, ese sexto sentido compuesto por la intuición, la audacia y la convicción que le convierte en un futbolista impredecible; inteligente para desmarcarse, elegante para asistir y contundente para golear.

En un Manchester United donde la figura de Cristiano Ronaldo deslumbra por sí misma y acapara para sí todo el cargamento de alabanzas, el joven muchacho de aspecto hosco y andares poco convincentes se ha convertido en la pieza clave del éxito porque él adivina, intuye y maneja los tiempos con la autoridad de un general de campo. Rooney pulsa la tecla y el Manchester fluye en tres o cuatro toques; desmarque, centro y gol. A veces, el fútbol es mucho más sencillo de lo que imaginamos. En la mayoría de las ocasiones, no nos damos cuenta de que el verdadero talento vive en la cabeza antes que en los pies.

lunes, 17 de marzo de 2008

El poder de la imaginación

La clase, en fútbol, es patrimonio privado de un puñado de soñadores. Esa pequeña esencia de imaginación que distingue los buenos de los grandes jugadores, ese chispazo de lujo que separa a los jugadores pasajeros de los recordados. Para el talento, nadie mejor que quien nace tocado por la varita del destino; ese grupo de elegidos que son capaces de distinguir un simple gol de un verdadero golazo. Ese momento mágico que queda grabado para siempre en la retina del verdadero aficionado.

Del mejor Arsenal de Wenger, recordamos la arrancada brutal de Henry, la fuerza bruta de Vieira y la clase inigualable de Dennis Bergkamp. Entre ellos, un imaginativo y distinguido futbolista hizo memorable carrera a base de genialidades; pequeñas apariciones en forma de asociaciónes lícitas o definiciones asombrosas que cuajaron una pequeña leyenda entre un puñado de cracks. En Robert Pires siempre se adivinó un cerebro adelantado, una cintura engrasada y un guante en la pierna derecha. Y una imaginación futbolística por encima de las posibilidades de muchos defensores y porteros que asistieron, impávidos a sus pequeñas lecciones de majestuosidad. Como aquel día en el que recibió un balón en tres cuartos de cancha y Villa Park enmudeció para asistir a la conjugación de una obra de arte.


lunes, 10 de marzo de 2008

Hablando del Athletic con Piterino

Para quien no le conozca, haré dos tipos de aclaraciones, una a modo de presentación y otra a modo de advertencia. A modo de presentación, Pedro Arbide es el tipo que mejor trata la palabra dentro de la blosfera futbolística. A modo de advertencia puedo asegurar que quien aún no hay leído su blog, Piterino, está atentando contra las leyes de la lógica y la naturaleza, porque perdérselo es un pecado. Bilbaíno de nacimiento y almeriense de adopción, en Pedro se reúnen las mejores virtudes de un aficionado al fútbol: sentimiento, pasión, objetividad y coherencia. Desde ellas nos deleita cada semana con su particular visión del fútbol, dejando opiniones que se convierten en párrafos de sentencia y aclarando, ante todo, que su principal foco de sufrimiento alumbra los colores rojiblancos de su Athletic de Bilbao.

El Fútbol de Pablo: Hola Pedro ¿Por qué del Athletic?
Piterino:Yo siempre lo he achacado a una falta de diligencia de mi padre, que es madridista de pura cepa y creo que confiaba en exceso en que me “convertiría” yo solo con el paso del tiempo al madridismo …
La verdad es que nací en Bilbao y desde pequeño me llamó la atención el Athletic. Recuerdo haber llorado al enterarme de que nos habían eliminado de la UEFA en la 88/89 con Howard Kendall, con sólo seis años.
Ahora si volviera a nacer, y sabiendo todo lo que ya sé, volvería a hacerme del Athletic sin dudarlo.

EFDP: ¿Toda tu familia es del Athletic?
P: Ya he dicho que mi padre es madridista, además hasta la médula. Mi madre sí es del Athletic, pero cada vez le gusta y le interesa menos el fútbol.

EFDP: ¿Cuál es tu primer recuerdo como aficionado rojiblanco?
P: Una derrota por 1-4 en San Mamés ante la Real Sociedad en la 87/88. Mi afición por el Athletic empezaba apuntando muy alto …

EFDP: ¿Y el mejor?
P: Creo que todas las generaciones que no hemos tenido la suerte de vivir las últimas Ligas con Clemente recordamos el gran hito del subcampeonato en 1998. En pleno apogeo de la “Liga de las Estrellas”, el Athletic era subcampeón y jugaba la Liga de Campeones cuando sólo iba el campeón y el segundo a una fase previa.
Aquella noche en San Mamés ante el Zaragoza fue inolvidable.

EFDP: ¿Y qué momento, como aficionado, borrarías de tu memoria?
P: Todos los recuerdos, los buenos y los malos, creo que forjan la memoria individual y colectiva en torno a un equipo, así que todos me han hecho “athleticzale” como soy. Aparte de algún episodio vergonzoso, los días que peor lo pasé fueron las dos semifinales de Copa que perdimos en los últimos años: los penaltis con el Betis en 2005 y en el Bernabéu en 2002. Aquel partido lo vi además en el Colegio Mayor con todo el mundo celebrando los goles del Madrid y lo pasé fatal, estuve varios días “tocado”.

EFDP: Cuando Etxebe marcó aquel gol que os clasificó para la Champions League, sentiste...
P: Que las legendarias noches mágicas de San Mamés serían por fin algo tangible en mi memoria, y no una relato apasionado recibido desde fuera.

EFDP: ¿Y cuándo viste a Julen Guerrero decir adiós entre lágrimas?
P: Sólo deseaba que todo el Athletic se pusiera en pie y le diera la despedida que merecía, cosa que, a lo que se ve, no es posible.

EFDP: ¿Volverá el Athletic a ser un equipo puntero?
P: Si se mantiene tal y como es, creo que no. Puede tener un año o una serie de años buenos, por supuesto. Pero el Athletic grande que merodeaba siempre la final de Copa y daba guerra de verdad en la Liga hace ya varias décadas que no existe.
Tal y como está ahora montado el mundo del fútbol y tal y como evoluciona, las cosas son así.

EFDP: ¿Qué jugador crees que ha sido el más importante en la historia del Athletic?
P: Afortunadamente, nuestra historia es tan grande que yo sólo he vivido una pequeñísima parte de ella, así que sólo puedo opinar por referencias y vídeos.
De todas formas, creo que los dos jugadores más importantes han sido Don Telmo Zarra y el “Txopo” Iríbar.

EFDP: ¿Y el mejor que hayas visto de rojiblanco?
P: Sin duda, el jugador de más nivel y que más ha dado que hablar ha sido Julen Guerrero. La pena, para él y para el Athletic, es que ese nivel no duró muchos años y pronto se convirtió en un lujo inexplicable.

EFDP: ¿Y algún futbolista que para tí fuese especial?
P: Cada vez que saltaba al campo Isma Urzaiz los partidos cambiaban, tenían otro cariz. Los goles que más me han emocionado han sido los suyos. Siempre me encantó Isma, y como además era tan infravalorado fuera de lo que es el Athletic, con más ardor le defendía yo. Cuando me enteré de su marcha me dio mucha pena.
Otro jugador que me encantaba era Bittor Alkiza, un medio como la copa de un pino, otro futbolista poco valorado, en mi opinión.

EFDP: Háblame de la cantera del Athletic
P: Es nuestra seña de identidad, lo que hace único al Athletic y mantiene fiel a una afición tan particular. Por eso, es sangrante que en tantos años se hayan dado tantos volantazos, no tiene sentido. Uno puede cortarse el pelo, engordar o incluso cambiar de estilo de vestir; pero el alma es intocable.

EFDP: ¿Por qué Yeste despierta tanta controversia?
P: No descubro nada si digo que, hoy en día, el talento diferente está bajo sospecha permanente en el fútbol. El riesgo como elemento inevitable del juego ahora despierta inquietud, y quien se atreve a intentar algo distinto y falla recibe la cruz del pragmatismo. Además, a Yeste se le ha ocurrido estar en medio de casi todos los líos extradeportivos, que tampoco han sido tantos.
Yo, personalmente, agradezco poder contar con un jugador como él.

EFDP: Gurpegui ¿Víctima o culpable?
P: Uf, un tema complicado. Yo más bien diría Gurpegui, “cabeza de turco”, y justo ahí reside mi enfado por todo lo que ocurrió y sigue ocurriendo.
No me siento capaz de defender lo indefendible, y los colores no me ciegan hasta el punto de negar que el positivo exista. Tengo la sospecha de que el jugador no es responsable de lo que pasó y de que quien metió la pata ya no está en el Athletic.

EFDP: ¿Eres partidario de cambiar la política de jugar solamente con jugadores nacidos en el País Vasco?
P: Bueno, la famosa filosofía no consiste exactamente en eso, o al menos el club no la interpreta así desde hace tiempo. En todo caso, el Athletic es como es, y en el momento que cambie esa identidad dejará de ser el Athletic, será otra cosa.
No me considero tan irresponsable como para pensar en un cambio de estas características precisamente ahora, ni tampoco tan sectario como para no pensar que, en un momento dado, la masa social del club pueda plantearse un cambio.
Lo que sí pido es coherencia: si nuestra política es la que es, a muerte con ella que para eso nos contemplan 110 años. Lo que no puede ser es andar buscando fisuras por las que flexibilizarla.

EFDP: ¿Qué directiva hizo más daño al equipo?
P: La gestión de Fernando Lamikiz fue nefasta, en mi opinión. Algo debes de hacer mal cuando tienes un equipo joven, quinto en la Liga y semifinalista de Copa, con un entrenador implicado y con proyección y un modo de actuar reconocido y reconocible y a los pocos meses el equipo se hunde, el entorno se crispa, se hace el ridículo en la Intertoto y la única sensación que uno percibe es de angustia.

EFDP: ¿La palabra de Segurola es el gurú del aficionado del Athletic o su discurso corresponde a otra época?
P: Ni una cosa ni la otra. Personalmente, me parece un periodista de mucha calidad en sus conocimientos, razonamientos y redacción con el que suelo coincidir en muchos de sus puntos de vista. Aunque desde que fichó por Marca parece más dedicado al Real Madrid y asuntos de interés general, sé que vive y conoce a fondo el Athletic. Sus opiniones parten de un amor incuestionable por el Athletic, con la moderación y perspectiva que da llevar muchos años trabajando en Madrid.

EFDP: ¿Qué opinión te merece Fernando García Macua?
P: Lleva poco tiempo, pero parece haber llegado con las ideas claras y consciente de la necesidad de cambio y renovación en varios sectores del club. Ha tenido algún tropiezo (como el tema de Ezquerro), algún asunto que no ha manejado todo lo bien que sería deseable (“affaire” Julen), pero en general parece querer impulsar un cambio, con optimismo, serenidad y sin variar la identidad del Athletic. Le doy mi aprobado provisional, lo justo para que siga adelante con su proyecto.

EFDP: ¿Qué cambiarías del Athletic actual?
P: Creo que es fundamental que se dé un impulso vital a Lezama, que se marque una línea de trabajo de abajo a arriba, que la cantera del Athletic, por dedicación, profesionalidad, instalaciones, impulso de los estudios, técnicas de entrenamiento, unidad, … sea un referente en Europa. Si somos el único club que vive de su cantera, seamos la envidia de todas las canteras.
Siendo más idealista, creo que los jugadores y técnicos deberían hacer más “vida” en Lezama y en el club: obligación de desayunar, comer y merendar todos juntos, hacerlo con todas las categorías inferiores siempre que sea posible, alguna actividad complementaria al entreno matutino por la tarde (trabajo estratégico, de propiocepción, visionado de partidos o entrenos propios y ajenos, masaje, …).

EFDP: ¿Y qué es lo que más echas de menos?
P: Se ha perdido prácticamente toda la antigua mística de San Mamés. Hay que reconocer que ya no somos aquel público entendido, que respetaba a equipos y jugadores rivales, capaz de aplaudir a quien nos visita y nos supera en buena lid. La Catedral es un campo como los demás ,si acaso muy fidelizado y entregado a su equipo, si acaso con mucha solera, pero poco más.

EFDP: El Athletic de Clemente fue...
P: Ha habido tres Athletics de Clemente, por decirlo de algún modo, pues Javi nos ha entrenado en tres momentos muy diferentes de nuestra historia y de su propia carrera.
El primero, el equipo bicampeón de Liga, significa, sencillamente, el clavo ardiendo al que nos agarramos, en forma de esperanza irracional, los seguidores del Athletic para soñar con ser campeones. Tuvo muchísimo mérito aquello.
El segundo fue un desastre, con todas las letras. No se supo gestionar el cambio de ciclo del equipo campeón seis años antes y vivimos un par de años malos.
El último fue un milagro: el equipo estaba deprimido y no contaba con las tablas que tiene hoy en este tipo de situaciones. En el fondo, todos sabíamos que sólo Clemente nos podría sacar de aquel aprieto.

EFDP: Y Clemente significó...
P: Clemente significó el último Athletic campeón (quién sabe si para los restos …), el último coletazo de grandeza de un equipo que es mucho más que un grupo de jugadores vestidos de igual manera y en busca de un objetivo común.
Hoy, le tengo por una voz más que autorizada en el entorno del Athletic: tiene una especial intuición para saber lo que necesita el club y el equipo para sobrevivir. Dicho de otra forma, y aunque suene extraño: con Clemente, me siento más tranquilo; sé que el Athletic morirá matando sin dejar de ser el Athletic.

EFDP: ¿Urzáiz o Llorente?
P: No me gustan las comparaciones, pero Urzaiz es mucho Urzaiz. No creo que Llorente llegue a la altura de Isma, aunque lógicamente ojalá me equivoque.
Urzaiz tenía un instinto para el remate y un poderío aéreo que no tiene Fernando; y además, era duro y con carácter, dos valores para mí imprescindibles en un delantero centro. Llorente parece más preocupado en pedir disculpas después de un choque con un rival que en seguir la jugada, y tengo para mí que en el área no se sobrevive siendo educado.

EFDP: ¿Etxeberría o Susaeta?
P: Etxebe lleva tantos años en el Athletic y ha significado tanto que ojalá Susaeta alcance su nivel y su rendimiento. Si hablamos de condiciones puramente futbolísticas, me gusta más un jugador como Susaeta, más fino y estilista. Desborda por habilidad y cambio de ritmo, mientras que Etxebe siempre lo ha hecho por ímpetu e insistencia. Pero Joseba es más goleador y agresivo. Bueno, como ves, divago y no puedo quedarme con uno solo.

EFDP: ¿Julen Guerrero o Yeste?
P: No es fácil comparar a mi ídolo de adolescencia con mi ídolo de juventud. En todo caso, por todo lo que significó, Julen no puede compararse con ningún otro jugador de las últimas dos décadas; yo no he vivido la irrupción y crecimiento de ningún otro futbolista como él. Yeste es un privilegiado técnicamente, y siempre ha dejado la sensación de que, de ser más constante y esforzado, habría llegado muy alto en el mundo del fútbol. Yo siempre lo he comparado mucho con Guti: les veo muchas similitudes.

EFDP: ¿Urrutia u Orbáiz?
P: Creo que Pablo tiene mejores condiciones y apuntaba mucho más alto en sus primeros años, pero dos graves lesiones pasan factura a cualquiera. Además del posicionamiento y lectura de la acción, tiene un gran envío en largo y un cambio de juego excelente, dos cualidades muy importantes para descongestionar el juego en un equipo con problemas de fluidez. Josu era de Lezama y muy querido: estuvo muchos años siendo indiscutible en el Athletic sin hacer mucho ruido, pero formó una pareja muy fiable con el gran Alkiza en sus últimos años.

EFDP: Cuando recuerdas el dúo Valverde - Ziganda sientes...
P: Ante todo, nostalgia. Primero, porque eran dos jugadores queridísimo sen San Mamés, que se compenetraban bien y, sin ser de la casa, sabían representar como nadie el “estilo Athletic” (el famoso “gure estiloa”). Y además, el recuerdo me evoca épocas pasadas que, en este caso, sí que fueron mejores: los años de Heynckes, las noches europeas con Parma o Newcastle, …

EFDP: ¿Te atreves a confeccionarme una alineación del Athletic que compile a los mejores jugadores de su historia?
P: Bueno, me parece que los aficionados con mayor bagaje la pueden confeccionar mejor, porque hay muchos a los que sólo he visto en vídeo, pero ahí va: Iríbar; Garay, Alkorta, Goiko; De Andrés, Panizo, Rojo (Argote), Guerrero; Sarabia, Zarra, Gaínza.
Se podrá hacer mejor, seguro, pero no está nada mal este equipo …

EFDP: ¿Y qué alineación sería la idonea a día de hoy?
P: No termina de convencerme el equipo ni con 1-4-2-3-1 ni con 1-4-4-2 tanto como para dar una alineación ideal. En todo caso, creo que el equipo gana en fluidez y sentido si Yeste centra su posición y actúa con libertad. Gorka es fijo en la portería cuando se recupere; la defensa de Caparrós no lo está haciendo mal, dados los precedentes; Orbaiz y Javi Martínez forman un buen dúo en el eje, aunque yo daría más minutos ahí a Iñaki Muñoz; y si David López estuviera rindiendo como se esperaba, mi once estaría completo con Susaeta en el otro costado, Yeste de “enganche” y Llorente o Aduriz arriba, según interese.

EFDP: ¿Caparrós es el entrenador ideal para el Athletic?
P: Yo no diría tanto, aunque a priori es un entrenador que encaja bien con el modelo de un club de cantera que viene además de unos años con problemas y que necesita crecer desde la solidez y la garra. Creo que estamos viendo un Athletic defensivamente mejor que en las últimas temporadas, y que hay jugadores que están evolucionando bien con Caparrós. Por contra, maneja una plantilla con muchos más recursos que Clemente o Mané, por ejemplo, y los números están siendo similares. El equipo está justo físicamente y sigue sin saber manejar un partido y un marcador: ya son seis los partidos en que nos hemos adelantado y no hemos ganado, y sólo en uno conseguimos remontar un marcador adverso: en el Calderón.

EFDP: ¿Heynckes y Luis Fernández lo fueron o sus éxitos fueron fruto de una buena generación?
P: Un equipo como el Athletic depende, más que ningún otro, de las generaciones, no hay duda. Pero la labor del entrenador es vital, porque hacer crecer en la élite a jugadores que dan el salto sin apenas aprendizaje es complejo. Heynckes supo aprovechar la ilusión que generó en todos la irrupción de Julen Guerrero y cambió la forma de jugar del equipo. En su segunda etapa, al margen de algún error de bulto (como cuando se le ocurrió decir que él era “un lujo” para el Athletic), volvió a demostrar su enorme categoría y su perfecto entendimiento de lo que es y significa el Athletic. Por su parte, Luis Fernández consiguió algo impensable: ser subcampeón en pleno auge de la Liga de las Estrellas, el “caso Bosman”, … Renovó ilusiones e hizo valiente a un equipo que venía de librarse de la promoción en la última jornada con su carácter y su entusiasmo. De todas formas, eran años en que la directiva de Arrate dejó un poco de lado Lezama, se hicieron muchos fichajes y buena parte del once y la plantilla eran futbolistas no formados en la casa.

EFDP: ¿San Mamés exige al equipo compromiso, juego o resultados?
P: San Mamés lleva viendo fútbol desde 1913, ha visto hacerse mayor al Athletic y evolucionar este mundo. Quiero decir que es un campo perfectamente consciente de lo que puede exigir al equipo en cada momento. El compromiso con la camiseta y los valores del club es imprescindible, y su exigencia inevitable es lo que aún hoy distingue a la Catedral de otros foros, porque al final cuando el equipo pierde todos nos enfadamos igual. Lo que ocurre es que al valorar al Athletic, entran en juego muchas contradicciones: la historia, el peso de los colores, el presupuesto, … frente al momento actual, las condiciones en que se tiene que defender el club, …

EFDP: ¿Crees que esta dinámica terminará mandando al Athletic a Segunda División?
P: Es muy difícil ser objetivo y analizar con perspectiva cuando pones tantos sentimientos en juego, pero creo que estos tres últimos años han servido para convencer a todos de que el descenso es una posibilidad real, que nos acecha como a cualquier otro y que, de seguir así las cosas, puede hacerse realidad en poco tiempo. Si no se hacen las cosas bien y además juegas con limitaciones, un mal año te envía a Segunda tranquilamente. Nosotros hemos tenido dos y nos hemos librado no se sabe ni cómo, y estamos viviendo algo parecido a un tercero … Lo escribí una vez y me reitero: Athletic, no se muere dignamente; se vive.

EFDP: ¿Tiene el Athletic actual algún futbolista válido para la selección española?
P: Yo pienso que sí, aunque ya se sabe que esto es tremendamente subjetivo. Amorebieta lleva camino de alcanzar un nivel importante y le veo, personalmente, mejores condiciones y momento de forma que algunos de los centrales que Luis lleva habitualmente. Yeste tiene una zurda como para jugar lo que quiera y donde quiera, aunque … Y a una Eurocopa, a la que hay que selecciona tres porteros, yo llevaría a Gorka Iraizoz, seguramente junto a Casillas y Valdés.

EFDP: ¿Y para tí que va primero, el Athletic o la selección?
P: Entre lo desorganizado del calendario, que somos un país eminentemente de clubes y el “despelote” que es la selección últimamente, creo que habrá pocos aficionados en España que antepongan la selección a su equipo particular. Eso sí, sigo a la selección, no me pierdo ni un partido (oficial, los amistosos hay muchos que me los “salto” …) y vivo los Mundiales y las Euros como grandes acontecimientos. Además, supongo que para un madridista o un “culé”, por ejemplo, no significará lo mismo, pero para mí vivir un torneo tan grande sintiendo como propio un equipo en él es muy bonito. El Athletic no me tiene acostumbrado a las fiestas de guardar …

EFDP: Cuando la Real Sociedad certificó su descenso sentiste...
P: En general, tengo la sensación de que la rivalidad que existe entre Athletic y Real se vive de modo muy diferente a otros lugares, como Madrid o Sevilla. En la afición bilbaína, hay mucha gente que desea que la Real Sociedad vuelva a Primera.
No voy a ser falso: no me dolió su descenso. Primero, porque eran un rival directo, y segundo porque vi una posibilidad de reforzarnos con algún futbolista. Ahora, me gustaría que ascendiera y, sobre todo, recuperara su tradicional identidad, apostara por Zubieta y termine la crisis institucional.

EFDP: ¿Cómo pudieron el Athletic y la Real romper sus relaciones por Zubiarre?
P: Aquello fue un sin sentido por parte de todos. ¿A quién se le ocurre presentar a un futbolista sin comprobar su situación contractual? ¿Qué hace el Athletic inmerso en un tema así y sometido al riesgo de ser condenado por un juez? Como en cualquier sin sentido, todos salen perdiendo.

EFDP: ¿Qué futbolista vasco que no juegue en el Athletic ficharías?
P: Hay un jugador en la Premier que me encanta y además me parece que se le valora poco en España: Mikel Arteta. Aunque objetivamente las necesidades actuales de la plantilla sean otras (un punta como Llorente o Díaz de Cerio), Arteta es un jugadorazo que, desgraciadamente, creo que escapa a nuestras posibilidades.

EFDP: ¿Y qué jugador crees que arreglaría los problemas del equipo?
P: Cuando se tiene un problema coyuntural, enderezar la situación no pasa por fichara un jugador u otro. El Athletic tiene que seguir aferrado a sus convicciones y su forma de ser, y procurar contar con las personas mejor preparadas de entre las que estén dispuestas a luchar por ello. Eso es lo que le ha permitido ser quien es y eso es lo que le pide toda la gente que tiene detrás.

EFDP: ¿Volverán a navegar las gabarras ondeando las banderas rojiblancas?
P: No sé si le pasa también a los demás seguidores del Athletic pero, si reflexiono, me doy cuenta de que hace tiempo ya que olvidé el componente festivo que tiene el fútbol. Lo veo en otros lugares, lo cuento y me admiro, pero cuando me dispongo a vivir “mi fútbol”, “mi equipo”, me dispongo a encoger el alma y sufrir.
Siempre he pensado que el fútbol tiene una enorme deuda personal conmigo y confío en que, cuando menos lo espere, la satisfaga. Lo digo honestamente: un éxito del Athletic le vendría bien a este mundo en general; supondría volver a poner en auge valores que muchos han olvidado ya.

EFDP: Vivir un partido en San Mamés es...
P: Comprobar hasta qué punto un pueblo y una afición se unen con un equipo de fútbol.

EFDP: Muchas gracias crack. Hasta otra.
P: Muchas gracias a ti, ha sido un placer.

martes, 4 de marzo de 2008

Valió la pena

Existen días de asueto en los que las intenciones te regalan más ánimo de invocación que de líneas imaginativas, en los que, por alguna causa, apetece mucho más sonreír que escribir, alborozarse en la imaginación que presentar un legado, insistir en el recuerdo cercano antes que en el pasado más gris.

Y así estoy yo, con el folio en blanco, la mente indispuesta y los dedos agarrotados. Pensando que quizá sería mejor dejar estas líneas de contacto global para otro momento, cuando de repente me he preguntado si el resto de aficionados atléticos sienten el mismo cosquilleo en el estómago que acaricia mis despertares, si el resto de aficionados al fútbol son conscientes de que el sábado se santificó un tipo entre cuatro gradas y sesenta mil personas.

Y eso que a punto estuve de sacrificar mis gritos por dos horas de relax. Mi propia prescripción facultativa me había recomendado no salir a la calle en busca de disgustos; mientras mis piernas se preguntaban por el próximo partido mi conciencia funcionaba terca, como un reloj. “Mejor quédate en casa”. Pero uno no puede quedarse si recibe la llamada de su suegro diciéndole que prepare el ánimo y la garganta porque viene a ver contigo el partido de la tarde. Cuelgo el teléfono y en mi breve reflexión me pregunto si este hombre es masoca o realmente me aprecia. Decididamente debe ser lo segundo porque de lo contrario me resultaría totalmente imposible de comprender sus ganas por ver un partido conmigo después de todas las escenas que he montado en su presencia.

Otra reflexión. Pasa la mañana despacito y no hago más que pensar en mí mismo, parece como que no fuese a haber partido. Realmente no lo hay; estoy tan convencido de la derrota que incluso no me importaría desconectar el mundo de mis oídos y evadirme algún libro o alguna película. Esos de rojiblanco no son los míos.

Cuesta horrores encontrar un sitio donde televisen el partido del Atleti. Hace años que dejé de ser un habitual de costumbres en cuanto a mis visitas al Calderón se refiere. La pereza de la derrota, la falta de apoyo moral y la comodidad de poder pagar por ver la primera división en Getafe me han convertido en un atlético de tasca y chascarrillo. Delante de cada barra, apoyado en la puerta de cada bar y asomado al umbral de cada concentración de aficionados, me responden con la misma cara de sarcasmo y la misma voz de soberbia: “A quién vamos a televisar, pues al Madrid”. Si es que solamente se me ocurre preguntar a mí por un Atleti – Barça. Faltaría menos.

Finalmente, y escondido tras un callejón perdido, asomamos la cabeza por última vez buscando nuestra penúltima oportunidad y observamos, con la sonrisa pintada en el rostro, como Maxi y Puyol intercambian sus saludos en el sorteo de capitanes ¡Y encima hay una mesa libre! Para adentro.

De la peripecia del prepartido a la exaltación del postpartido median cuatro goles y la figura inconmensurable del Kun Agüero. Detrás de mí hay un tipo con cara de friki y auriculares alrededor de la cabeza que reparte su algarabía en tres turnos; grita los goles del Madrid, grita los goles del Atleti y grita el gol del Sevilla. Me doy la vuelta como puedo y le miro con cara de Schuster. “Te estás riendo de mí en mi cara”. Mi suegro me mira, me conoce y se ríe. Prefiero no decir nada y guardar la compostura. En realidad soy el tipo más tranquilo del mundo, pero no sé que tiene este Atleti que saca lo peor de mí.

Con el primer gol resoplo; nos estaban dando un baño de narices. Con el segundo respiro; al final va a tener razón mi hermano cuando me dijo que ganábamos fácil. Con el tercero sonrío; ¿Para cuándo una de estas contra el Madrid? Con el cuarto tengo que sujetarme para no terminar llorando; a veces el Atleti también saca lo mejor de mí.

Vuelvo a casa. Mi suegro regresa al pueblo y mi mujer marcha a cubrir el turno de noche en su trabajo. Se acabó. Un día más el fútbol ha podido con todo y lo que hubiese podido ser una mala cara se convierte en una noche feliz. No es la primera vez que Sagrario me riñe por la facilidad que tengo de dejar que mis ánimos se vean afectados por la brújula de un resultado; "no lo puedo evitar", le digo sin más, "el Atleti es parte de mi vida". Parto un trozo de chorizo y destapo una Mahou de esas que conservo siempre frescas en la nevera. En la tele, el Espanyol ya le va ganando al Valencia y le doy la razón a Montes cuando dice que la vida puede ser maravillosa. Suena el móvil; es mi hermano, “Qué bueno es el Kun”. Sonrío. Vuelve a sonar, “la semana que viene resucitamos al Zaragoza”. Vuelvo a sonreír. Y aunque me fastidia tenerle que dar la razón y pensar en el nuevo ridículo que nos espera en La Romareda, busco en lo más profundo de mí para teclear una respuesta. “Es posible, pero por primera vez en muchos años siento que el mejor futbolista del mundo juega en mi equipo”.