lunes, 13 de enero de 2025
Naturalidad
miércoles, 14 de febrero de 2024
Aventura
miércoles, 11 de enero de 2023
Una luz en el bosque
jueves, 13 de octubre de 2022
Virguería
El virguero es un futbolista en extinción, es un tipo mal mirado por atrevido y por iconoclasta, es un hombre pegado a una pelota de cuero, es un jugador de póker que siempre va de farol y en su mirada vive el secreto de los dibujos animados con los que creció de niño. El virguero es un espíritu libre y un comandante de su propia vida, se acuesta en la cal, donde menos molesta, y tira diagonales con driblings y pases imposibles, con regates y caños, con disparos al ángulo y con centros de gol que suenan a música clásica.
La virguería va asociada al aplauso, a una canción eterna en la grada, al eco del recuerdo, a la posibilidad eterna, a la expectativa continua y a la esperanza vital. Y el virguero, el ultimo virguero, se llama Khvicha Kvaratskhelia, juega en el Nápoles y me tiene totalmente embelesado.
viernes, 11 de junio de 2021
New Pross
lunes, 14 de diciembre de 2020
Un jugador de los de antes
Los ojos grandes, avispados, el rostro enjuto, incluso hasta arrugado cuando esprinta, porque parece un
tipo mayor a pesar de tener tan sólo diecinueve años y conducir el balón como si fuese un genio de los de antes, un tipo de extremo ya en desuso que gusta de encarar, driblar y poner el balón al área, como aquellos número once que nunca faltaban en los equipos de chapas de nuestra niñez, siempre colocados junto a una raya pintada con tiza, siempre dispuestos a correr con agonía hasta la ganar la línea de fondo.Bryan Gil es un jugador de los de antes. Con esa delgadez extrema podríamos imaginarle incluso con un pitillo en los labios después de cada partido, sonriendo satisfecho por el trabajo bien hecho y mordiéndose una uña pensando en el siguiente partido. Porque con esa manera tan natural que tiene de correr, cualquier diría que no piensa en el rival sino simplemente en regatearle, en seguir viviendo en forma de zig zag, llegar hasta el final y levantar la cabeza para poner un centro de gol.
Porque de eso han vivido siempre los extremos, de ganar duelos, de aprender recursos, de tirar de manual y de forzar, hasta el último suspiro, al lateral del equipo contrario. Bryan Gil amaga con salir hacia adentro y rompe hacia afuera, si se cae se levanta y cuando recupera el equilibrio sigue siendo vertiginoso porque en su manual solamente se conjuga el verbo atacar. La verticalidad es una virtud y la pelota en los pies es la mejor manera de manejarla.
martes, 13 de octubre de 2020
Oro, plata y bronce
Durante varias temporadas hemos disfrutado, en exclusiva, del show interminable de los dos tipos que han devorado las estadísticas del fútbol mundial. Los que se alineaban con Messi por estética eran reprendidos por los fans de Cristiano, quienes, estadísticas en mano, machacaban cualquier intento de defensa de La Pulga. Los que, sin embargo, optaban por admirar a Cristiano por encima del resto, eran considerados unos ineptos. En lugar de alabar las virtudes se dedicaban a destacar los defectos; no gana nada con su selección, sólo mete goles de penalti, no es nadie sin Xavi e Iniesta, sólo sabe empujar balones. Y así, mientras el tiempo devoraba a sus ídolos, se fueron haciendo daño por dentro sin terminar de disfrutar a dos jugadores que jamás volverán a ver.
Para poder meter en el juego a un tercero en discordia y poder, al mismo tiempo, lanzarle al abismo de lo inasumible, el factor mediático se sacó a un Griezmann de la cartera después de que Simeone le hiciese rendir por encima de sus posibilidades. Que aquello era más trabajo de un técnico y exceso de confianza de un jugador, más que talento puro por el juego, se demostró el día en el que el francés dejó Madrid para convertirse en siete de copas de una baraja sin ases. En ese momento, juguete roto por la inmediatez del relato, pasó a convertirse en comparsa de tipos que buscaban a alguien nuevo a quien engrandecer. Con Cristiano fuera del Madrid, Griezmann fuera de juego y Messi fuera de forma, tocaba reinventar el cuento y encontrar nuevas piezas para componer su nuevo podio en el olimpo de los dioses.
Para el reparto de medallas, han fabricado tres ídolos de metal que, en apariencia parecen sólidos y que sólo el tiempo será capaz de dilucidar si son de cartón piedra y terminan abandonados en el basurero del olvido. En el Barcelona asombra Ansu Fati, un príncipe de ébano que aprende a mil por hora y ejecuta sin miedo al vértigo; sabe jugar al espacio y sabe jugar con el espacio, tiene gol, verticalidad y ese toque mágico de los llamados a marcar época. En el Atlético se frotan los ojos cada vez que Joao Félix se apunta al festival del fútbol; mermado por la irregularidad, su juego es tan sencillo que sólo necesita recurrir a la visión de juego para fabricar caramelos en sociedad. En el Madrid, por su parte, siguen incidiendo en la capacidad de desarrollo de Vinicius; un tipo que ha convertido el regate en razón de ser y que, si termina encontrando el gol, gobernará partidos con la camiseta más importante de la historia, lo que no es poca razón de ser.
De tal manera se presenta el podio de lo que puede ser y quizá no sea, porque más allá de lo nuestro no nos interesa nada; no queremos M'bappe, Halaand o De Bruyne que estropee nuestro relato. La Liga necesita vender un producto devaluado y, para ello, centra sus esfuerzos en tres adolescentes con pinta de cañón y pólvora dispuesta. De los tres, Félix saldrá por patas en cuanto el Atleti huela el negocio y Mendes dicte ordeno y mando, pero Fati y Vinicius querrán mantener un mano a mano que volverá a dividir a un país, a dos aficiones y, sobre todo, a una parte de la prensa que está deseando volver a fabricar una trinchera. Ya saben, o conmigo o contra mí, nada de con ambos a la vez.
martes, 14 de enero de 2020
El pájaro
Es extraña la capacidad de algunos futbolistas para adecuarse en un entorno, generalmente, seducidos por la falda corta de la sencillez, son muchos los que destacan en equipos menores sin ser capaces de dar el salto cuantitativo porque para ellos, la exigencia no pasa más allá de los meros objetivos. Nada que reprochar, la historia de cada club está llena de auténticos héroes que hicieron carrera en casa o tuvieron que regresar a ella cuando fueron conscientes de que sus capacidades, tanto mentales como competitivas, no casaban con las máximas exigencias.Otros, sin embargo, quizá los menos, han seguido el camino opuesto sin demasiados traumas. De haber fracasado en su intento de consolidación, han dado el paso al frente con la seguridad de los que saben que las puertas se derriban con aplomo y, sobre todo, con constancia. En este lugar, ningún ámbito ha sido históricamente tan particular como el Real Madrid. Trufado, históricamente, por los mejores talentos que han visto los tiempos, sus espectadores, más ávidos por el mordisco que por la degustación, han encumbrado a tipos que, en principio, parecían de lo más improbables.
Así, entre la omnipresencia de Di Stéfano, la genialidad de Amancio o la asombrosa improvisación de Juanito, sobrevivieron, durante décadas, el trabajo de Zárraga, la incansable consistencia de Pirri o la pierna constante de Camacho. Del Bosque tuvo a su Stielike, La Quinta a su Chendo y hasta los galácticos gozaron del favor de Makelele para que pudiesen flotar mientras él corría. En este Madrid de nuevo cuño ha aparecido un tipo que sube y baja con la cabeza flotante y las piernas incansables y que ha dotado de oxígeno a un centro del campo que respira fútbol desde el vestuario.
La improbabilidad de Fede Valverde radica en su pasado más reciente. Cedido al Deportivo La Coruña hace un par de temporadas, no sólo no fue capaz de derribar la puerta sino que se mostró como un futbolista tímido y sin radio de acción. Le pudo el debut en la élite y le pudo, sobre todo, la desidia de un equipo que caía en barrena hacia el pozo. Con esa carta de presentación no parecía que el Real Madrid tuviese un futbolista apto para su primera plantilla, pero el tiempo, la paciencia y la recuperación anímica del equipo han dado con un futbolista brillante que no sólo brilla sino que hace brillar a todos sus compañeros.
Se adivina en Valverde un despliegue físico que, a simple vista, parece improbable en un jugador de aspecto tan liviano, pero no sólo tiene físico sino que muestra una potencia en la conducción capaz de romper líneas al enemigo. Le apodaron "pajarito" porque, de pequeño, volaba por el campo. De mayor, con mayores alas y mayor rango de alcance en el vuelo, el pajarito es todo un pájaro rapaz que, garras mediante, roba pelotas y las conduce, en vuelo rasante, hacia las inmediaciones del área contraria.
viernes, 12 de julio de 2019
La experiencia como valor
En todo campeonato de selecciones inferiores se juntan la bisoñez con el talento y la pretensión con la falta de rodaje. Es por eso que muchas veces, chicos que destacan con mucho ruido en campeonatos inferiores, terminan sorbidos por su propia expectativa y, sobre todo, por la realidad que le coloca ante hombres formados y tipos que se ganan el pan en cada lance. A medida que los niños crecen, sólo los que conocen su cuerpo y saben jugar con él a competir, son los que terminan asentándose en la élite como dueños de su propio destino.En la categoría sub21, sin embargo, cuenta mucho más la experiencia que el talento improvisado, porque los niños se han visto obligados a crecer y, sobre todo, a tomar responsabilidades. En ese sentido, España acudía a Italia con la seguridad de partir como favorita, porque no sólo partía con un equipo talentoso sino que partía con un equipo más que experimentado.
Dejando a un lado la bisoñez de los defensores, las líneas de ataque y creación estaba formada por tipos con más de cien partidos en primera. Y eso sólo con veintidós años. Marc Roca es el eje bisagra sobre el que pivota el juego de contención, es el tipo que ayuda en los espacios, el que socorre a los laterales, el que oxigena al cerebro. Porque el cerebro, Fabián, es el tipo de futbolista excelso del que siempre hemos presumido. Aseado en el juego y firme en la conducción, entiende el fútbol como un juego de conceptos: no arriesgar en la salida y buscar siempre la mejor situación en el ataque. Allí enlzaba con Ceballos, otro artista de la escuela bética que tiene un manual de claqué en cada pie y un regusto por lo fino en la cabeza.
Dani Olmo es seda en tres cuartos y Fornals es decisión improvisada. Oyarzábal, que pone la guinda al pastel, es de la estirpe de los futbolistas que saben jugar al fútbol sin que la definición signifique perogrullo alguno. Conoce los lugares donde recibir y, sobre todo, conoce los lugares donde no molestar. Ataca el espacio con inteligencia y suele verse libre de contraindicaciones porque generalmente encuentra el desmarque correcto.
Todos ellos apoyados, desde fuera, por otros tipos de semejante calado e importancia trascendental. El ya veterano emigrante Aaron, el buscafortunas Mayoral o el futuro capitán del Valencia Carlos Soler, entre otros. No les hizo falta la presencia de Rodri o Asensio, quienes, obligados por sus clubes o instados por cuenta propia, prefirieron vacacionar antes que comprometerse. Dio igual, porque estuvieron los que quisieron y cumplieron los que debieron. Porque deber y querer es el mismo juego cuando el talento y la experiencia se conjugan en un mismo verbo: ganar. Jugaron como quisieron, ganaron como debieron.
miércoles, 13 de marzo de 2019
Bruneleschi
miércoles, 26 de diciembre de 2018
Lo intangible
Hay elemento intangible que diferencia a los buenos futbolistas de los mejores, algo inherente al talento pero que vive más allá de él, algo separado de la cotidaniedad que resurge en el cuerpo más improbable porque, generalmente, vive en el cerebro más preparado.jueves, 13 de septiembre de 2018
Vino bendecido
El aspecto físico, en muchas ocasiones, sirve como hilo conductor del reconocimiento. En esta nueva era en la que el Arsenal ha de rediseñar su estilo y viajar en busca de su identidad perdida, son muchos los que comenzamos preguntándonos quien era ese tipo de aspecto circense y pelo abultado que juega en el centro del campo de los gunners.miércoles, 13 de junio de 2018
El chico de las fotocopias
Conocer el oficio conlleva la ventaja de vivir un metro por delante de los demás, percibir la instancia un segundo antes, celebrar antes de ejecutar, ejecutar antes de recibir. Conocer el oficio es el instrumento cognoscitivo que otorga la ventaja porque en el conocimiento impera la razón y en la razón imperan las soluciones.



















