A mí el fútbol me pone nervioso, me cambia el humor. No lo pudo evitar. El estar contento o irritado un fin de semana puede depender de si una pelota entra o se va fuera por un centímetro. Conozco gente a la que le gusta mucho el fútbol que asegura que no le da mayor importancia en su vida. Que no juegan ellos, dicen, y que cómo se van a cabrear por un partido si a ellos el fútbol no les da de comer. A algunos no les creo. Y a los que creo, a menudo les envidio. A mí también me gustaría disfrutar de una noche con independencia de lo que haya hecho mi equipo, pero no puedo, y me consta que no soy el único. Seguro que me entendéis.
En ocasiones me pregunto por la facilidad que tiene la gente para rescatar su primer recuerdo de algo en concreto. En este caso, el primer recuerdo de fútbol. Yo no lo tengo tan claro. Se reparte entre el rojinegro del Milan, y el rojiblanco. Rojiblanco del Atleti, claro, pero también el blanco del Madrid. Porque a mí me gusta que pierda el Madrid, no lo escondo. Por eso entre mis primeros recuerdos está aquel 5-0 que sufrió en San Siro. Ahora miro en internet y veo que fue un 19 de abril de 1989. 5 añitos tenía. Dicen que era capaz de repetir de carrerilla los goles del Milan: "Ancelotti, Rijkaard, Gullit, Van Basten y Donadoni", repetía ante la insistencia de mi familia y vecinos, a los que les hacía gracia que un niño dijera esos nombres. Por supuesto, ni imaginaba que estaba ante un equipo histórico, pero había goleado al Madrid, y mi padre, mi hermano, mi tio, estaban felices.
Con más nitidez recuerdo un partido que se jugó un mes después. Sólo un mes después, pero lo recuerdo mucho mejor. Quizá sea ese mi primer verdadero recuerdo. Era un derbi madrileño, en el Calderón. El Atleti ganaba 2-0 a la media hora y los dos goles los había marcado Baltazar. A mí aquel nombre me sonaba a la felicidad absoluta. Era un rey mago (mi preferido) y además el goleador del Atleti. Por momentos, quería llamarme Baltazar. La alegría del 2-0 dio paso a un cabreo en aumento, sobre todo por parte de mi hermano. Butragueño empató a dos en el 72' (el primero del Madrid lo había marcado Schuster) y tres minutos después Losada puso el 2-3. Nos habían remontado y aún quedaba un cuarto de hora. Recuerdo a Pablo abandonando el salón, enfurecido, avergonzado. Y en esas, a cinco minutos para el final, el Atleti tiene una falta a favor en la frontal. Las palabras de mi padre creo que no se me olvidarán: "Tranquilo, que esto va a ser gol", dijo. Además, tiraba Baltazar. Pablo creo que ya estaba en la habitación de al lado, sin querer saber nada del asunto. Fue gol, claro. Cómo no iba a ser gol, si lanzaba Baltazar. Quizá el primero que canté de verdad en mi vida. 3-3. No era gran cosa después del 2-0, pero sí lo era tras el 2-3. Y para mí fue más aún. Había un brasileño con nombre de rey mago al que yo creía capaz de cualquier cosa, y encima mi padre adivinaba los goles del Atleti. ¿Cómo iba a ser de otro equipo?
En ocasiones me pregunto por la facilidad que tiene la gente para rescatar su primer recuerdo de algo en concreto. En este caso, el primer recuerdo de fútbol. Yo no lo tengo tan claro. Se reparte entre el rojinegro del Milan, y el rojiblanco. Rojiblanco del Atleti, claro, pero también el blanco del Madrid. Porque a mí me gusta que pierda el Madrid, no lo escondo. Por eso entre mis primeros recuerdos está aquel 5-0 que sufrió en San Siro. Ahora miro en internet y veo que fue un 19 de abril de 1989. 5 añitos tenía. Dicen que era capaz de repetir de carrerilla los goles del Milan: "Ancelotti, Rijkaard, Gullit, Van Basten y Donadoni", repetía ante la insistencia de mi familia y vecinos, a los que les hacía gracia que un niño dijera esos nombres. Por supuesto, ni imaginaba que estaba ante un equipo histórico, pero había goleado al Madrid, y mi padre, mi hermano, mi tio, estaban felices.
Con más nitidez recuerdo un partido que se jugó un mes después. Sólo un mes después, pero lo recuerdo mucho mejor. Quizá sea ese mi primer verdadero recuerdo. Era un derbi madrileño, en el Calderón. El Atleti ganaba 2-0 a la media hora y los dos goles los había marcado Baltazar. A mí aquel nombre me sonaba a la felicidad absoluta. Era un rey mago (mi preferido) y además el goleador del Atleti. Por momentos, quería llamarme Baltazar. La alegría del 2-0 dio paso a un cabreo en aumento, sobre todo por parte de mi hermano. Butragueño empató a dos en el 72' (el primero del Madrid lo había marcado Schuster) y tres minutos después Losada puso el 2-3. Nos habían remontado y aún quedaba un cuarto de hora. Recuerdo a Pablo abandonando el salón, enfurecido, avergonzado. Y en esas, a cinco minutos para el final, el Atleti tiene una falta a favor en la frontal. Las palabras de mi padre creo que no se me olvidarán: "Tranquilo, que esto va a ser gol", dijo. Además, tiraba Baltazar. Pablo creo que ya estaba en la habitación de al lado, sin querer saber nada del asunto. Fue gol, claro. Cómo no iba a ser gol, si lanzaba Baltazar. Quizá el primero que canté de verdad en mi vida. 3-3. No era gran cosa después del 2-0, pero sí lo era tras el 2-3. Y para mí fue más aún. Había un brasileño con nombre de rey mago al que yo creía capaz de cualquier cosa, y encima mi padre adivinaba los goles del Atleti. ¿Cómo iba a ser de otro equipo?
Soy más de Maradona que de Pelé, más de Ronaldo que de Zidane, más de Agüero que de Torres, más de Baggio que de Del Piero, más de Michel que de Beckham, más de Futre que de Cristiano Ronaldo, más de Xavi, Iniesta y Cesc que de Lampard, Gerrard y Hargreaves, más de Rijkaard que de Capello y más del Atleti que de España.
P.D. Tras el apodo de "Suca", aparece el nombre de Manuel, aficionado enfermizo al fútbol, amante de la estética del balompié y cómplice de muchos de mis mejores momentos. Licenciado en periodismo, durante varias horas al día ejerce como redactor en la página web de un conocido diario deportivo. El resto de su vida, entre otras cosas, ha ejercido como mi hermano pequeño, por lo que me resulta imposible evitar una sonrisa cada vez que releo sus palabras, puesto que cada uno de sus recuerdos, por haberlos compartido, son también los míos.
























