lunes, 1 de marzo de 2010

El bipartidismo se convierte en dictadura - La banda de la liga, por Manuel Malagón

Terminada la vigésimo cuarta jornada de la Liga BBVA, el tercer clasificado, el Valencia, está ya a trece puntos del Madrid y a quince del líder. La brecha es de aúpa y no hace sino confirmar que hay dos Ligas. Una la juegan los dos grandes (se presume apasionante), y la otra el resto (tampoco le falta emoción). Por arriba sigue mandando el Barça, aunque estuvo cerca de ceder el liderato al Madrid. Pero el campeón sigue siendo un equipo fiable, por más críticas que esté recibiendo. Decidió su difícil partido ante el Málaga a falta de siete minutos para el final con un gol de Messi cocinado por Xavi (su pase figura entre lo mejor de lo que llevamos de Liga) y Alves. Con la vuelta del lateral brasileño, el Barcelona volvió a parecerse a sí mismo. Ganó al final, cierto, pero debió hacerlo mucho antes. La baja de Alves quizá no se ha valorado en su justa medida, pero es un futbolista capaz de cambiar la cara a cualquier equipo, incluso al mejor del mundo. El Barça, por cierto, suma más puntos a estas alturas que la temporada pasada.

Al acecho del Barça continúa el Madrid, que fue líder durante un par de horas, y no parece que la situación vaya a cambiar. Al equipo de Pellegrini cada día se le ve mejor, más hecho, un equipo para luchar hasta el final por la Liga, sin duda. No se recuerda que los dos grandes, Barça y Madrid, estuvieran tan bien en un mismo campeonato. Normalmente, cuando uno de ellos está muy bien, el otro no lo está tanto. Esta campaña, sin embargo, a ninguno se le puede reprochar nada. De 72 puntos posibles, uno lleva 61 y el otro 59, y las cifras goleadores son espectaculares. En el Heliodoro, un estadio de pésimo recuerdo para el madridismo, los blancos se dieron un festín. Hubo buen juego y goles, y actuaciones sobresalientes como las de Higuaín o Xabi Alonso. Cristiano y Kaká terminaron apuntándose a la fiesta, pero de nuevo fue la clase media lo más destacada. Además de Higuaín y Xabi Alonso, también brillaron Albiol y Garay, y el pase del primer gol fue de Marcelo.

El partido de la jornada se vio en el Vicente Calderón, donde hubo goles, buen juego por parte del Atlético y polémica, porque Pérez Burrull tuvo quizá el peor día de su vida, y eso es mucho decir en él (que le pregunten a Juanfran). El colegiado la armó y el Atlético salió reforzado. Los rojiblancos hicieron un partidazo y merecieron la victoria de punta a punta. El Atlético hace tiempo que es otro y gran parte del mérito es de Quique Flores. El equipo rojiblanco está más trabajado, juega mejor y además tiene futbolistas que cada vez están mejor. Tiago es un centrocampista de los que hacía tiempo que no tenía el Atlético, Simao está mejor que al principio de temporada y Reyes está muy fino. Con los de arriba, Forlán y Agüero, se puede contar casi siempre. El resultado es un equipo serio y capaz de competir casi con cualquiera. Al Valencia, el tercero de la liga española, le pasó por encima.

Cuarto sigue el Sevilla, aunque el Mallorca no piensa rendirse en esa lucha. Los de Jiménez no pudieron con el Athletic en un partido donde lo mejor fueron los porteros. La Champions pasa factura al equipo sevillista, donde sigue sobresaliendo Jesús Navas. Los bermellones, que vencieron al Valladolid, se ponen a tres puntos. El equipo de Manzano está dispuesto a obligar al Sevilla a mantener la tensión hasta el final. Apasionante se presenta también la lucha por la UEFA, puestos a los que aspiran un buen puñado de equipos. Ahora mismo, Mallorca, Deportivo y Athletic parecen con ventaja, pero Villarreal y Getafe siguen mirando de reojo, e incluso el Sporting y el Atlético si continúa con su mejora, y por qué no Osasuna. En esa pelea, el Villarreal se deshizo del Deportivo y respira tras una semana en la que había recibido diez goles, y el Getafe se vio sorprendido ante el Zaragoza en el peor partido del año, según palabras de Míchel.

La cuarta pelea, tras la del título, la de la Champions y la de la UEFA, es la del descenso, la más amarga. Ahí empieza a haber un corte peligroso para Xerez, Tenerife y Valladolid. El cuarto por la cola, el Zaragoza, está ya a cuatro puntos de los vallisoletanos, más de un partido de distancia. A los de Gay les ha venido Dios a ver con Suazo, un delantero que está justificando su fama. Los tres que habitan la zona de descenso lo hacen de forma distinta. El Xerez mejora, pero carece de recursos. El Tenerife tiene una propuesta atractiva, juega un fútbol aseado y llega, pero su debilidad defensiva le mata. El Valladolid es más competitivo que Xerez y Tenerife, pero está deprimido. Más tranquilos andan el Málaga y el Almería, que desde que llegó Lillo al banquillo es otro equipo. Venció con comodidad en Santander al Racing, que ha perdido fuerza tras la eliminación copera.



Publicado en Marca.com

lunes, 22 de febrero de 2010

Pichichis: Paco Bienzobas

Paco Bienzobas fue una de las primeras estrellas de la Liga Española. Es recordado, por lo más antiguos seguidores, como una de las grandes figuras de la historia de la Real Sociedad, aunque también jugó, con buen criterio, en Osasuna de Pamplona.

A pesar de ser un buen goleador, Bienzobas no era un delantero centro al uso. Su lugar se encontraba en los costados del campo, especialmente el derecho, aunque se desenvolvía bien por ambos perfiles, desatascando el juego de su equipo gracias a su velocidad y magnífico golpeo del balón.

En toda su carrera solamente falló un penalti de los setenta y cinco que lanzó a lo largo de su carrera. Fue en un duelo regional ante el Real Unión de Irún, un partido que, en los primeros lustros del siglo XX, era capaz de movilizar a toda Guipuzcoa. El partido, disputado bajo una lluvia torrencial, estaba empatado a dos cuando, en los úlitmos minutos el colegiado señaló el punto de penalti. Ante el jolgorio de la afición txuri urdin, Bienzobas tomó el balón y la pegó fuerte, como solía hacer. "Normalmente elijo la parte izquierda del portero", llegó a declarar. El golpeo, trompicado por culpa del barro que se acumulaba en el césped, salió más alto de lo normal y se estrelló contra el larguero de la portería irundarra. El partido terminó en empate y la lucha por el dominio regional hubo de posponerse a un nuevo partido.

Bienzobas, quien jugó en la Real Sociedad junto a sus hermanos Custodio y Cuqui, fue el primer pichichi de la liga española al anotar diecisiete goles en la temporada 1929-30. Tras su retirada y porque, según sus palabras, "el veneno del deporte no me deja estar al márgen", Bienzobas cogió el silbato y se convirtió en uno de los árbitros más reconocidos del fútbol español. Un curioso fin deportivo para alguien que había vivido la competición desde el lado de los goles celebrados.

Más curioso aún fue el momento de su muerte, acaecida el día treinta de abril de mil novecientos ochenta y uno, cuando contaba con setenta y dos años, exactamente el día siguiente a que le comunicaran que la Real Sociedad había ganado su primer título de liga.

Y es que Bienzobas será siempre historia de la Real Sociedad. Allí llegó a los diecisiete años después de deslumbrar en las filas de la Unión Deportiva San Sebastián. Debutó en el campeonato regional de 1927 en el que salió campeón, título que repetiría en 1929 y 1933. Eran años en los que con la Copa de España como principal escaparate futbolístico a nivel nacional, los torneos regionales tomaban una importancia suprema. En aquellos tiempos se fraguó una gran rivalidad entre la Real Sociedad y el Real Unión y fue Paco Bienzobas uno de los grandes protagonistas en estos duelos.

En 1928, Bienzobas disputa la famosa triple final de la Copa de España. Tras dos primeros duelos a muerte contra el Barcelona que se saldaron con empate, la final se postergó para después de disputados los Juegos Olímpicos de Amsterdam. Tras los mismos, a los que acudieron ocho jugadores de la Real Sociedad y ninguno del Barcelona por tratarse ya de un equipo profesional, los azulgrana dieron buena cuenta de los donostiarras y levantaron la Copa de campeones de España. Fue la final en la que tras uno de los primeros partidos, el poeta Rafael Alberti compuso su famosa oda a Platko, portero del Barcelona. Tras la misma, el poeta guipuzcoano Gabriel Celaya contestó con su oda al árbitro del encuentro, pues consideró que si bien el portero Húngaro había ayudado en gran medida a mantener vivo al Barça, no menos hizo el trencilla para echar una mano a los azulgrana. Como se ve, en aquellos tiempos ya cocían habas.

Paco Bienzobas formó parte del primer once de la Real Sociedad en liga y fue el primer y último máximo goleador de la máxima categoría del equipo donostiarra. Hubo otros que marcaron más goles, pero ninguno fue capaz de proclamarse máximo goleador.

Tras abandonar la Real, fichó por Osasuna, en aquel entonces en segunda división. Bienzobas aportó goles en el ascenso del equipo rojillo a primera y, seis años después, regresó a la Real Sociedad después de que esta hubiese perdido la categoría. Como el hijo pródigo en forma de héroe que vuelve a casa, la Real logró el ascenso con Bienzobas como salvador y se retiró un año más tarde después de noventa y dos partidos jugados y cincuenta goles anotados en la liga española.

En cuanto a la selección española, Bienzobas fue internacional en dos ocasiones, anotando, también, dos goles. Con sólo dieciocho años, disputó los Juegos Olímpicos de Amsterdam y se llevó un amargo recuerdo tras disputar el último partido de nuestra selección en el torneo que se saldó con una humillante derrota por siete goles a uno ante Italia. El extremo realista se resarciría un año después participando en la histórica goleada de nuestra selección por ocho goles a uno a Francia en un partido en el que anotó dos goles.

En total, Paco Bienzobas disputó ciento noventa y seis partidos con la camiseta de la Real Sociedad y anotó ciento nueve goles. Como árbitro dirigió cuarenta y ocho partidos en primera división y como goleador anotó más goles que nadie para erigirse, por vez primera en la historia de nuestra liga, como máximo goleador de la categoría.

martes, 9 de febrero de 2010

Perdiendo el norte

Durante años y desde que el grupo PRISA se hizo cargo del diario "As", reconozco haber sido un asíduo de café y columna de Alfredo Relaño durante las mañanas. Puede que fuese un problema de bisoñez o quizá era que realmente me parecía sensato casi todo lo que escribía. Le tenía por alguien cabal y memorísticamente bien documentado. No hace mucho leí en un foro, a un gran amigo en el mundo de los blogs, decir que Relaño había pasado de practicar el periodismo a practicar el "niputaideismo". Puede que lo le falte razón. Yo, desde luego, ya no me le creo.

Desde la llegada de Relaño, el periódico se convirtió en una fuente de información exclusivamente madridista, ya lo era antes, con la añadidura de que ahora, cualquier portada tendría un color blanco prevaleciente sobre todos los demás. No es que fuese algo que me molestase, realmente nunca fui un consumidor demasiado fiel a la prensa deportiva y antes que el "As", reconozco haber sido comprador, no muy asiduo, de "Marca". Hasta que "Marca" consiguió, inusitadamente, no sólo superar a "As" si no superarse incluso a sí mismo.

Resulta que en mitad de la vorágine hubo una época en la que el Madrid ganaba copas de Europa cada dos años y el Barça ganaba desprestigio cada minuto. Fue la época en la que Florentino irrumpió como un emperador en el mundo del fútbol y se hizo, de una tacada, con Figo, con Zidane, con Ronaldo y con Beckham. Casi nada al aparato. Entre tanto, el Barça fracasaba en cada uno de sus proyectos y ni Riquelme, ni Saviola, ni Simao, ni los holandeses eran suficiente carta de presentación para hacer cara al coloso madridista. El Barça se moría mientras Gaspart daba y daba la de arena y el Madrid se convertía en el equipo referente a nivel mundial. Todos, "As" y "Marca", lo celebraban y los otros "Sport" y "El Mundo Deportivo" intentaban razonar el naufragio perdidos en su propia deriva.

Resultó, por esas cosas del fútbol, que el Barça resucitó de entre los muertos y no solamente recuperó cierta hegemonía si no que, al tiempo, recuperó el buen fútbol del pasado. Fue una época en la que el Madrid de Florentino se convulsionó y ocurrió una hecatombe que los medios se apresuraron a bautizar como "galacticidio". Y fue una época, también, en la que el grupo PRISA inició una campaña de desprestigio, no sin ciertas dosis de razón, contra el presidente de la Federación, Ángel María Villar.

De aquella campaña urdida entre la SER y el "As", nació una teoría conspirativa dentro de la mente de Alfredo Relaño. Parecía querer justificar que el Barça, de buenas a primeras, ganase más que el Madrid ¿Por qué? Porque Laporta tiene una estrecha relación con Villar y por eso los árbitros miden al Barça con otro rasero. No importaba que el Barça jugase un fútbol de alta escuela ni que los rivales acabasen rendidos ante tanto lujo y tanta precisión, si el Barça ganaba era porque los árbitros le permitían más que a los demás. Y a eso lo llamaron Villarato.

Resultó que, por esas cosas que vuelve a tener el fútbol, el gran Barça de Rijkaard se deshizo y comenzó un bochornoso peregrinaje hacia el fango que desembocó en un humillante pasillo ante un Real Madrid campeón de liga en pleno Santiago Bernabéu. Pasó que durante dos años el Barcelona jugó un fútbol poco intenso, poco comprometido y, en ocasiones, malo y pasó que durante aquellos dos años el Madrid se subió al carro de la competitividad y azuzado por las riendas de Capello y Schuster ganó dos ligas, una de ellas con insultante autoridad. Y pasó que durante aquellos dos años el presidente de la federación seguía siendo Ángel María Villar y pasó que durante aquellos dos años no se habló apenas del Villarato.

Y ocurrió después que llegó Guardiola al Barcelona y todo lo que habíamos visto hasta entonces no habían sido más que fuegos de artificio. Porque el Barça se puso a jugar como nunca, porque el Barça se propuso batir cuántos records tenía al alcance y porque el Barça lo ganó todo ante el asombro de quienes aplaudían tanta buena intención y admiraban el arte de un equipo casi perfecto. Y ocurrió que con el regreso del gran Barça y la podredumbre de un Madrid cuyo presidente se vio obligado a dimitir por tramposo, regresó la teoría de la conspiración y regresó, con más fuerza aún, el término "villarato".

Y ocurrió, paralelamente, que a Marca llegó un tipo con bufanda blanca al cuello e ideas de ultrasur en la garganta, y se le ocurrió subirse al carro del desprestigio por cuenta propia. Como el término "villarato" ya había sido acuñado, no se le ocurrió mejor manera de dejar claro que el Madrid nunca alcanzaría al Barça pese al "canguelo" porque el Barça ya había sido designado "campeón por decreto". Si algunos habían pedido caldo, aquí tenían la segunda taza.

Y pasó lo que tenía que pasar, es decir, que el fútbol dictó sentencia y el Barça fue campeón de todo. Y pasó lo que tenía que pasar, es decir, que el madridismo se cansó de ver a su vecino tan por encima y recurrió de nuevo a Florentino como salvador del barco.

Y pasó que el Barça continuó jugando un gran fútbol y pasó, paralelamente, que el Madrid recuperó la grandeza y osó discutirle al Barça su supremacía. Los blancos se rearmaron con media docena de fichajes de primer nivel y empezó a jugar un fútbol como hacía tiempo no se veía. Pese a un comienzo dubitativo, el Madrid comenzó a imponer su autoridad y, cuando se había disputado tan solo media liga, los dos grandes se quedaron solos en la clasificación. Y pasó que en ambos lados del puente aéreo comenzó a olerse el miedo y a verse el vacío de los sueños incumplidos.

Y como el Barça siguió en su línea, los diarios madrileños continuaron en la suya. Y el villarato y la conspiración contra el Madrid tomaron fuerza y fama. Y como el Madrid no le anduvo a la zaga al Barça, los diarios barceloneses se apuntaron al carro de la infamia. Y entre la rabia de unos, el miedo de otros y la desvergüenza de todos, el conflicto estalló por los aires y ahora solamente se habla de todo menos de fútbol. En una liga donde pueden verse los que quizá sean dos de los mejores equipos de la historia se habla de todo menos de fútbol. En una liga repleta de balones de oro y serios aspirantes a serlo, se habla de todo menos de fútbol. En una liga donde los dos equipos punteros juegan un futbol de altísimo nivel, se habla de todo menos de fútbol. Definitivamente, están perdiendo el norte.

lunes, 1 de febrero de 2010

La reivindicación de lo diferente

No me pueden acusar de ventajista y ni siquiera soy sospechoso de amar a quien no debo. Futbolísticamente siempre me incliné más del lado de los diferentes que de los ejemplares. Durante años anduve discutiendo con todos los que dudaban de Xavi porque decían que no valía como eje y no tenía vuelo como organizador. Bastó que uno de sus entrenadores le adelantase veinte metros para que todos los que dudaban se postraran a sus pies. Nunca me dieron la razón y tampoco lo esperaba de ellos.

Igualmente que no espero que todos aquellos que durante años criticaron a Guti mientras yo le defendía vengan ahora a dorar la píldora de su razón. Es más, seguramente saldrán con el cuento aquel de que con pasecitos como este vive una temporada y que en el siguiente partido volverá a la indolencia habitual ¿Qué es la indolencia? ¿Saber jugar al fútbol es indolencia? ¿No dar siempre un pase de gol es indolencia?

Los que sí son ventajistas llaman indolencia a no hacer lo que hacen tipos como Lass, más destinados a lucir con el físico que con el balón. De esta manera, parecía que el francés era capaz de eclipsar hasta a Xabi Alonso. Menos mal que siempre estarán las estadísticas para demostrar que el tolosarra es mucho más importante que el francés. Y menos mal que está el espectador crítico para darse cuenta de que el Madrid es capaz de jugar igual de bien o incluso mejor, con un centro del campo más técnico que físico.

Y menos mal que está Guti para, en una particular reivindicación de lo diferente, decirnos a todos que la indolencia no existe para los genios, si no que lo suyo es símplemente magia. Y eso no se le puede pedir a cualquiera.

miércoles, 20 de enero de 2010

La pantera negra

Durante el verano de 1960, José Carlos Bauer viajó a África para acompañar a un joven equipo amateur en una gira que le llevaría por distintos campos de fútbol donde aprenderían una nueva cultura y una nueva manera de vivir el fútbol. Bauer, que era un técnico de reconocido prestigio en Brasil, arribó en Lourenço Marques, capital de Mozambique, con la esperanza de encontrar una conclusión y algún jugador válido para el futuro de la selección brasileña, pero no esperaba, ni mucho menos, quedar asombrado con el fútbol trepidante, fuerte y potente que practicaba un joven local de apenas dieciocho años y que respondía al nombre de Eusebio.

De regreso a Brasil, y una vez concluida la gira por tierras africanas, el equipo pasó unos días en Portugal y Bauer aprovechó para visitar a su viejo amigo Bela Guttman, un antiguo jugador húngaro que se había licenciado como entrenador en Brasil y ahora aplicaba su magisterio futbolístico en el Benfica de Lisboa. El encuentro no tuvo más emotividad que la que suelen mostrar dos amigos agradecidos de volver a verse, y entre las muchas palabras que salieron durante su tertulia salió el nombre de aquel joven jugador mozambiqueño que había sorprendido a Bauer. “Yo no puedo ficharlo”, le dijo a su amigo Guttman, “en Brasil hay cientos como él. Pero estoy seguro de que a ti sí te podría valer”.

Dicho y hecho. Guttman sintió el gusanillo de la curiosidad revoloteando en la boca del estómago y pocos días después viajó hacia Mozambique para descubrir las maravillas de las que tanto le había hablado su viejo y admirado amigo. Apenas vio jugar a Eusebio durante quince minutos y ya se había dado cuenta de que frente a él había una futura estrella mundial.

Eusebio viajó a Lisboa de la mano de Guttman mientras el Sporting, club vecino y rival del Benfica, negociaba el traspaso del jugador con el Club Lourenço Marqués, equipo, en el que, hasta entonces, había jugado la joven estrella. La leyenda de sus goles se había propagado por todo Portugal y todos los equipos viajaban a la capital de Mozambique para interesarse por el chico, pero el chico ya no estaba en Lourenço Marqués y nadie conocía su paradero.

El Benfica lo mantuvo escondido durante varias semanas a la espera de apaciguar la tormenta que había desatado el “secuestro” y cuando consiguió calmar las ofendidas voces que llegaban desde el Sporting haciendo saber a cada uno de sus dirigentes que Eusebio solamente pensaba jugar al fútbol como benfiquista, presentó la primera ficha profesional del jugador y lo presentó ante el mundo como una de sus estrellas.

Aquel Benfica de 1961, con Eusebio curtiendo los modales de su juego en el equipo juvenil, consiguió alzarse con la Copa de Europa y, pocas semanas después, viajó a París para defender su honor de campeón continental en un partido amistoso contra el Santos de Pelé, equipo que, por aquel entonces, y después del temprano hundimiento del Real Madrid en la última edición de la Copa de Europa, estaba considerado como la mayor referencia a nivel mundial. El partido comenzó siendo un paseo para los campeones de Brasil y terminó convirtiéndose en el partido de Eusebio. El baile de la primera parte concluyó con un más que significativo tres a cero a favor del Santos y fue en aquel momento, mientras Guttman mascaba aquel ridículo paseando por el vestuario, cuando decidió darle la alternativa a aquel jugador que había traído desde África y con el que llevaba varios meses trabajando para intentar pulir su exceso de potencia y aportarle una técnica más acorde a sus cualidades. Y Eusebio no decepcionó a nadie y el partido concluyó con un memorable seis a tres a favor del Santos tras un segundo periodo en el que Eusebio destapó todos los tarros de las esencias haciendo tres goles y jugando de una manera maravillosa, tanto es así, que la prensa francesa amaneció el día siguiente con un titular que decía “Eusebio tres, Pelé dos”, obviando por completo el resultado del partido y haciendo referencia a la cantidad de goles que había anotado cada una de las estrellas.

Y una vez conquistado Pelé ya sólo quedaba conquistar Europa. Eusebio se ganó un puesto definitivo en el once titular del equipo a base de goles y en poco tiempo pasó de ser el joven mozambiqueño que les había sacado del entuerto en París a convertirse en la mayor referencia de un equipo que poco a poco fue logrando sus objetivos hasta alcanzar la final de la Copa de Europa por segundo año consecutivo y tras una asombrosa actuación de Eusebio en semifinales y que había servido para dejar fuera al temible Tottenham inglés.

La final volvió a enfrentarles a un equipo español. Si la temporada anterior había sido el Barça el que había caído a la lona golpeado por los goles lisboetas, ahora era el Real Madrid el equipo que intentaría arrebatarles el derecho a seguir soñando con un nuevo campeonato. El nombre del Real Madrid llevaba años recorriendo las conversaciones de medio mundo y Eusebio también había oído hablar, primero en Mozambique y luego en Portugal, de las excelencias del mejor equipo del mundo durante la última década. Antes del partido y mientras se colocaban los uniformes en el vestuario del viejo estadio De Meer, en Ámsterdam, los jugadores del Benfica solamente hablaban de Di Stéfano y de Puskas, y el joven Eusebio, supo de inmediato, que si quería convertirse en el protagonista de la final iba a tener que correr y regatear más que Di Stéfano e iba a tener que marcar más goles de los que hiciese Puskas. La misión, a priori, se presentaba extremadamente difícil.

Y el partido resultó más difícil aún de lo que los dos equipos habían esperado. Tras una primera parte equilibrada en el juego, el Real Madrid se fue al vestuario con la escasa renta de un gol en el marcador y gracias a los tres goles que había anotado el implacable Ferenc Puskas.

Ferenc Puskas. En los grandes nombres del fútbol residían los principales modelos a imitar. Eusebio había quedado impresionado con el altísimo nivel de juego que habían ofrecido las estrellas del Madrid, y aunque muchos de sus jugadores andaban cerca de doblarle en edad, competían con la ilusión y la furia de un juvenil que pelea por un sueño. Resultaba admirable comprobar como, a pesar de haberlo ganado todo, los jugadores del Real Madrid mantenían viva la llama de la ilusión y el hambre de victoria con el paso de los años.

Eusebio se fijó en Puskas y se fijó en Di Stéfano, recordó la apuesta que había hecho consigo mismo minutos antes de saltar al terreno de juego y resopló pensando qué difícil sería eclipsar el talento de aquellos dos jugadores sin igual. Puskas era un gordito que domaba el balón como un hipnotizador domaba la voluntad de sus pacientes y, además, era capaz de chutar con precisión desde cualquier lugar del frente de ataque. Di Stéfano, por su parte, era escudero en defensa y caballero en ataque, un futbolista imparable que convertía cada carrera en el argumento de un libro y cada balón en un regalo de Dios.

Comenzó la segunda parte y el Benfica continuó vendiendo cara su piel, los minutos fueron pasando de ataque en ataque hasta que el virtuoso Colona hizo el empate y los dos equipos se miraron a los ojos dudando entre ofrecerse una tregua o tirar hacia delante dejando que el destino hiciese caer los goles como fruta madura. Y fue cuando el cansancio se había convertido en el auténtico protagonista del choque cuando apareció Eusebio.

Quedaban pocos minutos para la conclusión de la final y Eusebio ya jugaba a otra cosa. Di Stéfano, Puskas y cada una de las estrellas que compartían cada parcela de césped con ellos vistiendo la camiseta del Madrid y también Colona, Augusto, Simoes y todos sus compañeros de equipo, se habían convertido en prisioneros de su propio esfuerzo físico y el cansancio les había invadido hasta dejarlos prácticamente agotados. Pero en cada carrera, en cada esfuerzo y en cada disputa, aparecía Eusebio con la frente alta y la respiración pausada; cuando todos parecían rendirse, él se encontraba más fuerte que nunca.

Y fue aquella fuerza y frescura lo que regaló a Eusebio la oportunidad de convertirse en estrella a ojos del mundo y al Benfica de consolidarse, un año más, como dueño y señor del trofeo más prestigioso de Europa a nivel de clubes. Por su zancada inalcanzable fue apodado “La Pantera Negra”, por sus disparos terroríficos su pierna fue comparada con un cañón y por sus goles decisivos pasó a la historia como el mejor jugador que vistió la camiseta del Benfica.

Dos goles de Eusebio pusieron el definitivo cinco a tres en el marcador y todos los jugadores del Benfica estallaron de júbilo al repetir la hazaña del año anterior. Guttman fue consciente del valor de su trabajo cuando vio a su paisano Puskas acercarse a Eusebio y regalarle su camiseta como premio a su inolvidable actuación. Eusebio mantenía un foco de incredulidad en la mirada y Guttman sonrió complacido mientras daba gracias al cielo y recordaba la primera vez que había oído hablar del muchacho. Efectivamente, Bauer tenía razón.

jueves, 14 de enero de 2010

El fondo del pozo

Siempre me gustó medir el valor mental de cada persona en comparación con su capacidad para levantarse tras un tropiezo. Son demasiadas las veces, a lo largo de la vida, en las que nos vemos obligados, por exceso o por defecto, a pensar en dejarlo todo. Tirar o no la toalla depende, en gran medida, del análisis de emoción que hagamos de quienes salgan perjudicados en nuestro fracaso, es por ello que muchas veces nos vemos obligados a dar un paso más hacia el precipio solamente por encontrar la sonrisa de quien espera que no le fallemos.

Todos hemos tenido nuestro particular pozo, ya sea por causas afectivas, laborales, rutinarias o de simple autoestima. Lo peor del pozo es la sensación de caer y no saber a ciencia cierta donde se encuentra el fondo. La parte positiva la encontramos cuando llega ese fondo porque, una vez los huesos han dado con el fango, ya solo queda levantarse y optar por morir o remontar. Ciertamente, más hondo no se puede caer.

Dentro de los aspectos emotivos que más nos empujan a quienes amamos el fútbol es la condición presencial de nuestro respectivo equipo. De esta manera resulta muy fácil que los lunes, o los jueves, de nuestra semana particular sean más o menos alegres en función del resultado obtenido por aquellos que visten los colores que palpitan a fuego en nuestro corazón. Es por ello que los aficionados el Atleti, al ver a nuestro equipo en el pozo, sintamos caer sin ver un fondo en el que estrellarnos al mismo tiempo que ellos siguen ensuciando un escudo que se forjó hace más de cien años.

Que este equipo puede caer aún más bajo llega a ser cierto en cuanto analizamos momentos catastróficos de su presente más negro. El equipo, plagado de internacionales, muchos de los cuales se contrastaron con el tiempo, descendió a segunda división sin apenas tiempo para asumir el desastre. Un año más tarde, con un presupuesto mucho mayor que el de casi todos los equipos de la máxima categoría, no fue capaz de ascender por no saber asimilar la realidad que le encarcelaba. En el regreso a primera el club nos vendió la imagen de Burgos asomando la cabeza por una alcantarilla, parecía que habíamos salido del pozo y no habíamos hecho si no empezar a caer de nuevo.

La caída en picado, con algunas fases de recompensa traicionera en forma de cuarto puesto, continuó hasta que el equipo fue humillado en Huelva en un partido que pasará a los anales de la historia como el mayor ridículo jamás concebido, solamente equiparable a aquel bochornoso cero a seis con los jugadores mirando mientras el Barcelona les bailaba.

¿Puede este ser el fondo del Atlético? Desde luego, todo pasa por una remontada milagrosa en la que, a esta hora, y arriesgándome a que me tachen de agorero, no creo para nada. Primero porque el equipo no tiene patrón, segundo porque al equipo le falta convencimiento y, tercero, porque al equipo le falta la fiabilidad defensiva necesaria como para jugarse un partido a cara o cruz como este y tener el convencimiento de que no recibirá ningún gol en contra.

Así pues, el Atlético, a partir de esta noche puede seguir cayendo. O quizá esta eliminación signifique, al fin, un punto de inflexión en el que apoyarse para remolcar la nave. Realmente veo muchas carencias, reducidas todas al cariz pasional, como para que este equipo, de verdad, sea capaz de tirar hacia adelante. Pero si me quiero para a creer es, fundamentalmente por dos motivos; el primero porque si no lo hiciese sentiría morir algo dentro de mi, el segundo porque por encima de un grupo de mercenarios siempre quedará latente la verdad que representa un escudo y para mí eso significa demasiado. Espero que, aunque pierdan, no lo vuelvan a ensuciar. Eso es lo mínimo que esperamos de ellos.

viernes, 8 de enero de 2010

El equipo de la década

Después de casi un año de votaciones dentro de la encuesta presentada en el margen derecho de este blog, los visitantes de "El Fútbol de Pablo" han tenido a bien elegir el que, para ellos (y con jugadores propuestos por mí) ha sido el once ideal de la pasada década.

Sé que a algunos les faltará algún jugador, a otros les sobrarán dos o tres o incluso a mí mismo me sorprende el que, para mí, ha sido el jugador de la década, Thierry Henry. Algo que, de manera lógica, me podéis discutir puesto que no hay prisma más diferente que los ojos de cada persona.
Así pues, prolegómenos aparte, el once elegido por los lectores de "El Fútbol de Pablo" es el siguiente:

BUFFÓN: Mucho se ha hablado de Casillas a lo largo de esta década; de sus milagros y sus puntos conseguidos para su equipo, pero si hay un portero que realmente ha tenido relevancia sobre su selección este ha sido Gianluigi Buffon. Tuvo que sufrir el escarnio de su equipo tras el "Moggigate", hace seis temporadas que no gana un título a nivel de clubes (los dos últimos scudettos fueron arrebatados de su palmarés) y ha sufrido largas lesiones que, por momentos, han lastrado su carrera, pero en estos diez años ha sido siete veces nombrado mejor portero de Italia y cuatro como mejor portero del mundo y, ante todo y sobre todo, fue pieza clave en el triunfo obtenido por Italia en el mundial de 2006. Siempre un portero serio, sin alardes, gran conocedor de su profesión, magistral en el mano a mano y con una personalidad arrolladora.

CAFÚ: Esta fue la última década como profesional del considerado por todos como el mejor lateral derecho del mundo. Cafú siempre entendió el fútbol como un ejercicio de competición y por ello ejerció, como tantos otros grandes laterales cariocas, de centrocampista en el costado derecho. Saber atacar y defender, para un lateral, son las premisas básicas del oficio, saber además jugar al fútbol, es un plus por el que muchos estarían dispuestos a matar. Un Cafú aún esplendoroso ganó la Serie A italiana con la Roma en la temporada 2000-2001. Un Cafú mucho más sabio ganó la Serie A italiana con el Milan en la termporada 2003-2004. Y un Cafú legendario ganó el campeonato mundial de fútbol en Corea en el año 2002. Pequeñas dentelladas de gloria para un tipo que batió el record de internacionalidades de Brasil en la primavera de 2005 y que en 2008 dijo adiós al fútbol para convertirse, como tantos otros, en leyenda viva del deporte.

ROBERTO CARLOS: Poco tipos han aguantado el tirón de la grada del Bernabéu con tanto entusiasmo y tan buen rendimiento. Y ningún defensa en la historia del fútbol ha aportado tanto al juego ofensivo de su equipo como lo ha hecho Roberto Carlos en el Real Madrid y en la selección brasileña de fútbol. Con los blancos ganó tres ligas y dos copas de Europa y con la verdeamarelha ganó el mundial de fútbol de 2002. Todo ello le valió elogios, reconocimiento y gloria, además de ser galardonado con el Balón de Plata en el mismo año en el que fue campeón de Europa y del Mundo. Desde hace un par de temporadas juega en el Fenerbahce, se fue porque ya no era aquel tipo decisivo que hacía suya la banda izquierda del Bernabéu, pero desde que se fue, ni el Madrid, ni Brasil han sido capaces de encontrar a un tipo que les haga olvidarse de él. Tarea imposible porque tardará mucho tiempo en nacer otro jugador como él.

AYALA: Pocos defensores dieron tanta influencia al plan de seguridad de un equipo como lo hizo Ayala con el Valencia de la primera mitad de la década. A las órdenes de Benítez, el Valencia se convirtió en un equipo compacto, de contragolpe certero y muy difícil de superar, dónde Ayala se erigió en general en firme. Tras llegar rebotado del Calcio, donde aprendió a sufrir, se convirtió en ídolo de Mestalla gracias a su carisma, colocación y buenas artes defensivas. En su primer año en Valencia perdió la final de la Liga de Campeones, pero no tardaría en desquitarse con dos ligas y una Copa de la Uefa. Pero, sobre todo, no tardaría en consagrarse como un defensor de verdad; un tipo bajito que las ganaba todas por alto y un tipo no muy rápido que les ganaba la carrera a los más veloces. Tenía defectos, pero fueron pocos los capaces de hacerle sacar los colores.

MALDINI: Si existe un jugador ligado a un equipo en la memoria de un aficionado, este no puede ser otro que Paolo Maldini. Pocas carreras se conocen que sean tan longevas y al mismo tiempo tan exitosas como las del capitano rossonero. Si normalmente, los treinta indican el comienzo del declive para cualquier jugador, en Maldini significaron el comienzo de una nueva juventud; la enésima. Durante estos años abandonó el lateral izquierdo para acomodarse en el centro de la defensa y convertirse en capitán al mando de la nave milanista. Tras toda una vida en el Milan, aún le dio tiempo, en el que muchos consideraron su ocaso, a levantar un scudetto y dos ligas de campeones. En el mundial de 2002 dijo adiós a la selección italiana tras convertirse en el hombre que más veces había vestido su camiseta. Fue una despedida triste y que el tiempo demostró como precipitada. De haber aguantado un ciclo más, quizá estaríamos hablando de un Maldini campeón del mundo algo que le hubiese catapultado, sin objeciones, desde el cielo hacia el infinito.

FIGO: A día de hoy es fácil hablar de las cualidades, casi inmejorables, de Cristiano Ronaldo. Suyas han sido las apariciones más espectaculares de estos últimos años, pero aún en el resplandor del presente, nadie ha podido olvidar aún aquellos primeros años de Luis Figo como futbolista del Real Madrid. Y es que, además de figurar con papel estelar en aquel primer Madrid de Florentino, el fichaje de Figo por los blancos cambió por completo una tendencia. Tras perderlo, el Barcelona sufrió una de las peores travesías por el desierto de toda su historia. Durante cinco años, los azulgrana tuvieron que conformarse con darse cabezazos contra la pared mientras el Madrid ganaba ligas y Copas de Europa, y todo ello con Luis Figo como actor principal. Un tipo de mirada seria, gesto antipático y alma competitiva. Un tipo que iba e iba, una y otra vez, un tipo que, aún en sus peores días, nunca dio sensación de querer perder una partida. Fueron muchos los que le aplaudieron, pero pocos los que le reconocieron de verdad. Él cambió la tendencia de un Madrid que aún en la victoria seguía siendo un desastre y de una selección portuguesa que aún en la esperanza seguía siendo una promesa incumplida.

GERRARD: Hace casi veinte años que el Liverpool no gana una Liga inglesa y, sin embargo, a nadie se le escapa el papel que Gerrard ejerce para los reds. Durante estos años, tipos tan fantásticos como Scholes, Carrick o Lampard, han tenido el privilegio de levantar su copa de campeón y sin embargo ninguno ha conseguido levantar el corazón hasta un punto tan álgido como lo ha hecho Gerrard con los aficionados del Liverpool. Gerrard ama al Liverpool y el Liverpool ama a Gerrard, eso todo el mundo lo sabe. Por ello saborearon de manera especial cada uno de sus goles en cada una de las finales locas que ganó; la Copa de la Uefa en 2001 ante el Alavés, la Liga de Campeones en 2005 ante el Milan y la FA Cup en 2006 ante el West Ham. Goles de un tipo cuyo corazón abarca todo Anfield y cuya presencia abarca toda la capacidad de su equipo. Cuando él acierta es difícil que su equipo falle y cuando él falla es difícil que su equipo acierte.

ZIDANE: A ninguna buena memoria se le olvidará jamás el gol de Zidane en la final de Glasgow ante el Bayer Leverkusen. En aquel golpeo quedaron evidentes las virtudes de un futbolista técnicamente perfecto; la posición, el golpeo y la colocación. Zidane es un Dios en Francia porque a su alrededor se formó el equipo más competitivo de su historia; siete espartanos jugando para Zidane y Zidane jugando para dos estiletes. Una combinación bastante efectiva y muy vistosa en los últimos metros. En el Madrid, además, aportó la sencillez que le faltaba al último pase de una máquina casi inigualable. Fue un Madrid, el de Zidane, que no ganó demasiado pero que dejó un puñado de tardes absolutamente memorables. El Bernabéu le adoró porque, más allá del cartesianismo de Makelele, la insistencia de Figo y el arrollador carácter de Raúl, encontró la magia de un tipo nacido para ser inmortal.

RIVALDO: Aunque sus mejores años coincidieron con el final de la década de los noventa, nadie puede obviar la capital importancia que tuvo Rivaldo en aquel patético Barça dirigido por Joan Gaspart. En un equipo a la deriva, Rivaldo actuó como tabla salvadora para meterlo en Liga de Campeones, para aguantar el tirón hasta semifinales y para marcharse con la cabeza alta después de ser ninguneado en más de una ocasión. Imposible olvidar aquel gol de chilena al Valencia, o aquellos zapatazos en el Bernabéu cuando su equipo estaba hundido, o aquellos goles salvadores en partidos agónicos. Pocos tipos han ganado tantos partidos como él, pocos tipos han ganado tan poco como él. Entre sus éxitos destaca el mundial de 2002, un campeonato donde actuó como titular y en el que, aún estando en la cuesta abajo de su trayectoria, aportó cuatro goles dos de ellos decisivos ante Bélgica e Inglaterra en las dos primeras rondas eliminatorias, porque él nunca fue de marcar goles intrascendentes, el anotaba el primero, el que abría la lata, el que catapultaba a su equipo, el que le daba su pedazo de gloria personal.

MESSI: La irrupción de Leo Messi en la élite signficó el primer gran triunfo de la cantera global. En una época donde los jugadores, más que nunca, son mercancía, la consagración de Messi significó un nuevo rumbo para el trabajo de cantera; niños sin hacer de cualquier lugar del mundo tienen ya su pedazo de parcela para poder soñar. Serán muy pocos los que llegarán y menos aún los que logren ser lo que es Leo Messi. Y es que Messi es un jugador diferente en todo, piensa más rápido que nadie, corre más rápido que nadie y resuelve los problemas más rápido que nadie. Con semejantes cualidades no es de extrañar que, a día de hoy, sea considerado como el mejor jugador del mundo. Tras su debut en el primer equipo del Barcelona en la primavera de 2004, Messi ha ganado tres ligas y dos Copas de Europa. Le queda la espina de triunfar de pleno con su selección, aunque ya haya ganado con la misma el mundial juvenil y el oro olímpico. Tiene tiempo por delante para conseguirlo; es joven, tiene calidad y toda la ilusión del mundo. Próxima parada, mundial de Suráfrica.

RONALDO: Si me preguntan, a título personal, quien es el mejor delantero que he visto, no podría responder otro nombre que no fuese el de Ronaldo Luiz Nazario de Lima. Ningún otro delantero había conseguido hacer tantas cosas con un lastre físico tan importante. Tras una etapa de aparición fulgurante donde se convirtió en asombro de todos, una lesión de rodilla estuvo a punto de retirarle del fútbol. Su regreso no pudo ser más colosal; como si de un héroe de comic se tratase, Ronaldo regresó al fútbol pocos meses antes de la disputa del mundial de 2002. Scolari, que sabía de su mejor arma, le convocó para el mundial y un Brasil renqueante se convirtió en campeón. Ronaldo anotó ocho goles, dos de ellos en la final y dejó la sensación de que la bestia imparable había vuelto. Ese mismo verano fichó por el Real Madrid y en una primera temporada deslumbrante ganó la Liga española. Después vinieron sus escarceos con la noche, su mala relación con el Bernabéu y la llegada de Capello. El técnico italiano le vendió al Milan y Ronaldo dejó atrás la estela de un delantero irrepetible que anotó más de cien goles en cuatro temporadas. Era un tipo que apenas podía articular su rodilla derecha, que había engordado visiblemente y que limitaba sus esfuerzos al último tercio del terreno de juego. Infalible. Lo que vino después estuvo a punto de significar el final de su carrera; su otra rodilla, la que decían estaba sana, se rompió igual que lo había hecho la otra y todos nos apresuramos a retirarlo. Todos menos él. Ronaldo volvió al fútbol y ahora sigue jugando en el Corinthians. No está de paseo, ya ha sido máximo goleador de Brasil y quiere hacer méritos para jugar el mundial que se celebrará en Suráfrica el próximo verano. De ser así, y si el destino es lector de cómics, es posible que el gordito cojito deje de ser leyenda para convertirse en un Dios.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Llorar como aficionado

Existen dos tipos de futbolistas en plano emocional. Aquellos que miran por sí mismos y aquellos que miran por su equipo. No quisiera convertir en premisa, con esta afirmación, que existen futbolistas que no miran por sí mismos porque en el plano ambicioso, allá donde entran en juego factores económicos, deportivos y glorificantes, todos son igual de egoístas. Pero más allá de posturas de exaltación del ego y de celebraciones consigo mismo, existen futbolistas que, cuando ganan, sienten en su piel el sueño cumplido de su infancia porque desde pequeños amaron al club al que defienden.

Es algo que pude entender en tipos como Maldini, Gerrard o Puyol. También en aquellas lágrimas sinceras de Terry después de escurrirse justo en el momento de lanzar aquel último penalti. Son tipos, como Iker Casillas, como Fernando Torres o como Raúl Tamudo, que desde pequeños mamaron una afición y se dieron cuenta de mayores lo grande que era defender la camiseta de sus sueños. Los hay, condicionados por el miedo a defraudar a su gran amor, que prefieren marcharse por la puerta de atrás antes que ser repudiados por su propio público, como aquel Michael Robinson que reconocía haber dejado el Liverpool, temiendo hacerle daño, por el intenso amor que le profesaba.

La alegría de estos tipos, que lloran como aficionado lo que han logrado como jugador, puede hacerse extensible a otros ámbitos del fútbol, como bien puede ser el puesto de entrenador. Nadie puede dejar de reconocer que tras los éxitos de Vicente Del Bosque en el Madrid se encontraba el espíritu de un tipo que amaba su casa o que cada vez que Luis Aragonés se ha hecho cargo del Atlético el equipo ganaba un plus de emotividad. Es por ello que hoy comprendo las lágrimas de Pep Guardiola porque a mí me habría pasado lo mismo.

Seguramente no hubiese llorado Guardiola de haber conseguido todos sus éxitos sentado en el banquillo de otro equipo. Porque él no lloraba como Pep, ni como entrenador, sino como aficionado del Barça. Sentir algo a flor de piel desde la más tierna infancia y darse cuenta de que has sido partícipe del éxito que siempre soñaste debe ser algo así como terminar de conquistar a la chica de tus fantasías más platónicas. En las lágrimas de Guardiola descubrí el sentimiento de quien logró, como aficionado, todos los sueños que se contaban los unos a los otros cualquier mañana de primavera en un patio de colegio. "Ahora mismo yo soy el Barça", debió pensar Pep. Imaginaos en la misma situación, cada uno con el equipo de sus amores. Como para no llorar.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El ciego que no quería ver

Había una vez un ciego que no quería ver. Presumía de vista de águila y de buen gusto por el fútbol. Se sentía cómodo en su butaca y le gustaba que se las diesen todas como a Felipe II. Él decía que veía pero no quería hacerlo, se conformaba con lo que tenía y, por seguir queriendo ver lo que quería él mismo derrumbó su castillo de naipes y ahora solamente se consuela con partidos a cara de perro en campos de segunda.

Es la historia de un atlético conformista. Ese mismo que se creyó lo de "El Pupas" y se levantaba tan contento por las mañanas porque su padre no sabía decirle por qué eran del Atleti. Aquel que leía una mentira en la prensa y se la tomaba como la verdad más irrefutable. Aquel que vio a su equipo ganar dos veces seguidas a dos equipos del tren de cola y quiso creer aquello de que el Atleti despegaba. Aquel que se tomó el partido del Oporto a risa porque al fin y al cabo estábamos clasificados para esa gran competición llamada Europa League en la que si les eliminan en octavos habrán de aplaudir el éxito porque ya se han creido eso de que el Atleti es lo que es y no puede ir a más.

Es la historia de un tipo que calla y otorga. Es la historia de un tipo que sigue creyendo que tienen tan poco porque al otro equipo de la ciudad se lo regalan todo. La historia de un iluso que sigue creyendo que Jurado, Maxi, Simao y Reyes pueden formar un centro del campo de élite y cuando pierden le echan la culpa al entrenador de turno. Ninguno les vale. Pero les vale escuchar al dueño de sus sueños diciendo que están donde están por no haber vendido a uno de sus delanteros sin pararse a pensar que realmente están donde están porque no han vendido a uno de sus defensas. Y encima fichan a Juanito. Y encima se lo ríen.

Esta es la historia y así será mientras sigan los que siguen. Y así nos va. Y así nos irá.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Sobre equipazos, rivales, desastres y absurdeces

Nadie puede negar que la Liga de Campeones se ha convertido en la panacea del negocio deportivo mundial. Equipos de aquí y de allí, unos pequeños y otros más grandes, dispuestos a pelear su parcela de gloria. Terminó la fase de grupos y, salvo alguna sorpresa en forma de equipo grande caído en la lona, casi todos los favoritos cumplieron con su papel en mayor o menor medida.

Si hablamos de un grande, de los de verdad, empujado hacia el agujero de la Europa League, nos vemos obligados a hablar de la Juventus de Turin. En su duelo a vida o muerte contra el Bayern, nos encontramos con la manida circunstacia que aflora siempre que se enfrentan dos colosos; el que se queda sin pastel siempre es analizado de reojo. Se encontró la Juve con un Bayern al que le salió todo y con un Buffon al que, por una noche, no le salió casi nada. No deben bajar los brazos los italianos porque en su ejercicio de reconstrucción van dando, poco a poco, los pasos adecuados para regresar a su lugar. El Bayern, que pasó como segundo, tiene frente a sí una nueva enmienda contra su historia más reciente, casi apostaría que, visto el imán que une a ambos equipos, el sorteo les emparejará al Real Madrid y podremos revivir aquellos duelos a vida o muerte que tantas páginas escribieron en esta competición.

Y si la Juve quedó fuera y el Bayern quedó segundo fue porque en primer lugar se coló un Girondins de Burdeos que no hizo sino revitalizar el gran momento que vive el fútbol francés. Liderados por Gourcuff, los "girondinos" practicaron un fútbol sencillo a la par que eficaz. Le bastaron ramalazos de buen juego y unos dientes bien apretados para conservar el botín, para colarse por delante de los dos gigantes que, a priori, amenazaban con dejarle fuera de los octavos de final.

En el grupo B, un Manchester United amenazado por la posibilidad de verse abocado a un triple empate amenazador, tiró de galones y de Michael Owen para deshacerse del Wolfsburgo y sacar billete en primera clase para la ronda elimintaria. Con el pequeño delantero inglés sucede lo mismo que con aquellos jugadores que, por haber llegado tan alto y durante tanto tiempo, la crítica se empeña en destruir antes de que ellos digan basta. A ocurrido otras veces con tipos como Del Piero, Raúl o Totti. Basta que duden de su verdadero lugar en la élite para que el día en que sus equipos más les necesitan, aparezcan como salvadores para glorificar su propia leyenda. Eso hizo Owen; glorificarse, clasificar a su equipo y, de paso, decirle a Ferguson que él también está para ser titular.

Una vez mascada la derrota, el Wolfsburgo no tuvo más hechura que mirar a Rusia con desamor. Allí, Krasic derrotó al Besiktas y dejó claro lo gran jugador que es y el poco ruido que hace últimamente la liga turca. Cuando llegue la primavera, el CSKA se habrá derretido y, probablemente, Krasic habrá emigrado en busca de gloria y fortuna, por lo que ya veo a alguno de los gallitos pidiendose a los rusos en octavos. Cuando el general invierno pasa de largo, viajar a Rusia sabe más a turismo que a batalla.

Batalla es lo que esperaba el Real Madrid en el Velodrome y muerte por aplastamiento es lo que infligió el Real Madrid al Olympique de Marsella. A día de hoy, con un Madrid restructurado en todas sus líneas, parece una quimera que un equipo que juegue a lo que juega el Olympique pueda hacerle un mínimo de daño. Los de Pellegrini, que antes de encontrar el juego, ya estaban curtidos para la guerra, se encontraron con un rival que les quiso ganar con fútbol directo y agresividad. Craso error. Le bastó al Madrid aguantar el balón y ejercer el contragolpe con precisión para ganar con holgura y presentar seria candidatura a un trofeo en el que, mientras nadie diga lo contrario, sigue siendo el rey.

Quedó primero de grupo el Madrid porque el Milan no supo rematar su faena en Zurich. Sabrán conformarse los rossoneros con este segundo grupo porque, más allá de la competitividad que se le supone, a este equipo le cuesta horrores encontrar un juego fiable. Más allá de la aportación de Pato, el equipo sigue envejeciendo y se va haciendo cada vez más previsible. Dirán los dogmistas que a este club le hace falta poco para alcanzar mucho, pero yo, aún a riesgo de quedarme sin cabeza, me juego el cuello a que este equipo no supera una ronda más.

Generalmente, cuando una parte de madrid sonríe es porque la otra llora amargamente. Lo cruel de este sofismo es que los que ríen llevan demasiado tiempo riendo y los que lloran llevan demasiado tiempo llorando. Lo que ha hecho el Atlético en esta Champions se acerca más al ridículo que al simple fracaso. Fracaso puede considerarse quedar tercero contando con dos delanteros de élite mundial, pero sacar a pasear esa defensa por Europa, no ser capaz de anotar más de tres goles y pelearse en el goal average por obtener un puesto en la extinta Copa de la Uefa con esa potencia llamada Apoel de Nicosia, no puede tener otro término que no sea el de fracaso.

Bien el Oporto y bien el Chelsea cumpliendo su papel. De los ingleses no hablaremos mucho porque ya sabemos todos de qué pasta están hechos. Son un equipo fiero, fiable y con muchos buenos jugadores que, además, este año tiene ratos de gran fútbol. Los portugueses, sin embargo, casi a la chita callando se han convertido en un equipo incómodo por ello de querer evitarlo en la siguiente ronda. Aunque parezca que por nombre puede ser una de las peras en dulce, por juego y conjuntamiento, es un equipo más que vistoso. De los que en una buena tarde te pueden dejar con cara de tonto. De eso ya da fé el Atlético.

Si hablamos del otro gran equipo que ha quedado fuera en esta primera ronda de la Champions, tenemos que referirnos al Liverpool. Vale que era un grupo complicado y vale que los reds están atravesando por más problemas de los que, quizá, pueden asumir, pero ver su nombre en el grupo de no clasificados no deja de causar cierta sorpresa. Durante algunas semanas, y aún cuando lo tenían casi en japonés, muchos albergamos la esperanza de que Benítez enchufase a sus chicos hacia lo imposible porque a este equipo, más allá de su irregularidad, nunca se le ha podido achacar falta de compromiso en los grandes momentos. Pero aquello de jugar sin Torres unas veces, sin Gerrard otras y sin Torres ni Gerrard la mayoría de ellas, le pesó demasiado. Al Liverpool le falta una idea y le sobra ardor, quizá cuando equilibre sus sentidos y encuentre el timón guía (bien podría ser Aquilani) vuelva a ser aquel equipo que todos temían.

Pasaron Lyon y Fiorentina porque hicieron mucho mejor lo que saben. Ambos son dos equipos que hacen un buen fútbol y han sabido concentrar todos sus recursos para esta competición. En este último caso sorprende que la Fiorentina se haya colado en primer lugar, pero con ganas y tres o cuatro buenos jugadores se pueden hacer muchas cosas. El Lyon es otra cosa, no tiene la competitividad que implica la genética italiana pero lleva demasiado tiempo en la élite como para verse afectado por el mal de altura. Quizá podamos achacarle que no termine de dar ese último pasito que le conduzca hacia la consagración. Este año ha recuperado el fútbol y el poder ofensivo. De igual manera que hablé del Oporto, a estos franceses también habrá de tenerlos en cuenta por si les da por dar una mala tarde a algún gallito.

El gran gallito de toda competición suele ser el campeón y el Barça no está dispuesto a bajarse del trono de gran favorito. Si la prensa madrileña no hubiese sido ayer tan absurda no le hubiese puesto a huevo hoy el titular a la prensa catalana. El gol de Messi ayer en Kiev reúne las cualidades que consagran a cualquier jugador y este no es un jugador cualquiera. Por el momento, por la situación, por las consecuencias, agarrar una falta y ponerla en el ángulo es más difícil por la consecuencia que por el simple hecho. El Barça, después de una tormentosa travesía termina como primero de grupo y como principal rival a evitar y eso sigue diciendo mucho del campeón.

Por detrás quedó el Inter tras derrotar en San Siro a un Rubin Kazan que se puede ir con la cabeza bien alta. Suele ocurrir que cuando lo fías todo a tu defensa al final echas de menos no haber puesto un poco más de condimento a la salsa del ataque. Los rusos, que han revalidado título y, por tanto, revalidarán participación, se vieron sorprendidos por dos trallazos inconmensurables de Eto'o y Ballotelli, dos futbolistas que, bien por exceso o bien por defecto, nunca podrán dejar inermes a nadie.

El otro equipo español en la élite europea será el Sevilla. Opositando, a priori, con unos exámenes demasiado benevolentes, nada mejor que hacer bien los deberes para terminar aprobando con nota. Los hispalenses ganaron allí donde lo necesitaron y, de manera holgada, se metieron en la siguiente fase como primeros de grupo a costa de un Stuttgart que al fin dio una pequeña alegría a su afición, a un Unirea que jugará la Europa League con mucha dignidad y de un Rangers que se ha consumado como la gran decepción del grupo. Otro de esos equipos a evitar este Sevilla que, a poco que el sorteo le favorezca, se puede plantar en cuartos en disposición de dar tormento a quien se le cruce.

Termina este repaso a la última jornada de la primera fase de la Champions con lo acaecido en el grupo H. Allí se vieron el gol más emotivo de la jornada y la futura hornada del Arsenal de Wenger.

En Lieja, un desesperado Standard colgó un último balón para que, por aquellos designios del destino, su portero Bolat cabeceara el balón hacia la red de la portería del AZ Almaark. Los holandeses, neófitos en estas lides, regresaron a casa sin premio alguno y los belgas, recordados más por su pasado que por su presente, vieron, en tan solo un instante, que su continuidad en Europa, aunque fuese por la puerta de atrás, seguía siendo una realidad.

Y en Grecia, un necesitado Olympiakos, apuró sus cartas para vencer a un Arsenal ya clasificado y colarse en octavos como segundo de grupo. A destacar la participación de un grupo de juveniles en el equipo inglés como esa nueva muestra de la locura (a veces bendita y otras no) de Wenger en su apuesta por los futuros jugadores del primer equipo. Allí estuvieron Mérida, Wilshere, Cruise (no el que estaba en Sevilla) y Bartely liderados por los también imberbes Walcott y Ramsey. Perdieron, pero ver a niños pelear cara a cara contra hombres no deja de producir cierta emotividad. Seguramente este tampoco sea el año del Arsenal, pero de alguna forma, es un equipo que siempre deja un lugar para la sonrisa.