miércoles 3 de junio de 2009

Ciao Capitano

3 (Por Christian Castellanos)
Se va Maldini, el “3” eterno que ha marcado la vida futbolística de toda una generación. Una noticia que no por ser esperada, es menos impactante. Pero aunque duela, aunque el fútbol a partir del próximo otoño sea distinto sin él, es conveniente quedarse con lo mejor que nos ha dado y después dejar hacer al destino. Y lo mejor de Maldini son partidos inolvidables, monumentos defensivos y títulos, muchos títulos. Los ha ganado en verano, primavera, otoño e invierno y en tres décadas distintas: en los ochenta como el reservado hijo de Cesare, en los noventa convirtiéndose en el jugador ideal, todo clase y elegancia. Y ahora, en el tercer milenio, precisamente el número “3” se ha convertido en la imagen del capitano y del milanismo. Un “3” que ahora viste un jugador demasiado castigado por las lesiones, pero que siempre da el máximo cuando se necesita de él. Un “3” que nadie volverá a vestir nunca estampado en franjas rossonere.

Paolo Maldini debutó en Serie A cuando no había cumplido aún los diecisiete años. Fue en 1985, cuando aún no existía el teléfono móvil, Internet era un lujo para unos cuantos y Europa todavía estaba dividida en dos vergonzosas partes. Hace más de veinticuatro años de aquello (debutó en Udine un veinte de enero de 1985 de la mano de Nils Liedholm), toda una vida que Maldini ha vivido con la camiseta rossonera. Con esos dos colores bordados en el corazón, Paolo ha ganado absolutamente todos los trofeos que se pueden ganar, a los que ha contribuido, además de siendo uno de los mejores defensores de la historia, con cuarenta goles. Ahora que se va, dice que no se arrepiente ni se lamenta de nada, y por su vida en el Milan está fuera de toda duda. Pero le quedará un ligero sabor amargo, una doble espina clavada en el corazón: el Mundial perdido en los penaltis y el Balón de Oro que pudo ganar un par de veces y jamás consiguió. En 1994 fue tercero tras Stoichkov y Baggio.

Pero a parte de mito mundial, Maldini también es hombre de records, pequeños y grandes: marcó el gol más rápido en una final de Champions (a los cincuenta y dos segundos en la final que posteriormente perderían contra el Liverpool en 2006), único jugador capaz de ganar una Champions dieciocho años después de otra, máximo número de participaciones con la selección italiana, con la que jugó todos los partidos de las fases finales a los que llegó (veintitrés en total), todos de titular y nunca siendo sustituido; lo que le convirtió en el jugador que más minutos ha jugado en la historia de los mundiales, con dos mil doscientos diecisiete. Con los veintiséis títulos que ha ganado, decir que es uno de los mejores jugadores de siempre es quedarse corto y pensar en un Milan sin él en el momento de ganar esos títulos es un ejercicio de una dificultad considerable. En una ocasión, en la versión italiana del conocido ‘¿Quién quiere ser millonario?’ a uno de los participantes le formularon la siguiente pregunta: “¿Quién era el capitán del Milan cuando ganó la Supercopa de Europa contra el Sevilla en 2007?” La respuesta parecía clara: “Maldini” respondió repleto de confianza. Pero no, fue Massimo Ambrosini. Pocos lo recordarán. Porque el símbolo histórico del Milan, el relevo del gran Gianni Rivera hace años que lo tomó Paolo Maldini y es difícil que no ocupe el primer lugar en las cabezas del milanismo. En 2007, tras coronarse con el Milan campeón del mundo de clubes, el genial director de La Gazzetta, Candido Cannavò, después de decir que “el próximo objetivo de Maldini será la ‘Copa de las Galaxias’ contra Marte capitaneado por el increíble Hulk”, escribió un anagrama curioso: cambiando de posición una ‘d’ y una ‘i’ de Maldini, se obtiene “di Milan”. El destino lo quiso grande. Y ahora el fútbol llora lágrimas de orgullo.

3 (Por Pablo Malagón)
Tres son los colores primarios y los ideales de la Revolución Francesa, “Liberté, Igualité, Fraternité”. En la cultura medieval cristiana, el tres era el número que encarnaba la perfección, no obstante, su principal icono de reverencia, había sido el tercer crucificado en el Gólgota y había regresado al mundo de los vivos al tercer día de su muerte. Tres fueron los Reyes Magos, tres las carabelas de Colón y tres los pasajeros del Apollo XI que logró, con su alunizaje, la primera victoria espacial entre potencias. Famosas son las trilogías y muy tenidos en cuenta son los trienios para los agricultores. En numerología, el tres significa expansión, sagacidad, simpatía, agilidad y valor. Y en fútbol, el número tres irá ligado para siempre a la figura imponente del gran Paolo Maldini.

Maldini también tuvo tres colores; el rojo y el negro de su Milan y el azul de su Italia natal. Como los idealistas que cambiaron el mundo, también conjugó libertad, igualdad y fraternidad a la hora de sofocar los problemas de un compañero. No se le conocen resurrecciones porque jamás desfalleció en el campo y, como el conquistador de títulos que siempre fue, formó trilogía inolvidable junto a Baresi y Costacurta en sus primeros años de cabalgata por el carril izquierdo. Fue insuperable, sagaz, simpático, ágil y valiente; fue un icono, un fijo en alineaciones de carrerilla y un capitán inolvidable. Maldini ha sido el único lateral izquierdo que llevo recordando desde que cumplí los diez años. Ahora tengo treinta y tres y el tipo, con la misma planta, el mismo porte de atleta inquebrantable y la misma mirada competitiva de hace veinte años, dice que se va porque se siente demasiado mayor para jugar al fútbol y no sabe que nuestra ilusión sigue siendo lo suficientemente joven como para seguir viéndole luchar frente a frente contra los delanteros más osados.

Si la perfección implica éxito, motivación y reconocimiento, podríamos encontrar en Maldini un conjunto de cualidades que le acercarían bastante al concepto de defensor perfecto. En sus duelos más memorables salió airoso porque sabía conjugar, con exquisita profesionalidad, la disciplina y la inteligencia. Como físicamente era un portento, tiraba de manual en cada duelo defensivo; si el contrario era rápido, cruzaba para desestabilizar, si el contrario era habilidoso, anticipaba para no verse sometido a una vergüenza pública, si el contrario era técnico, le ofrecía salida hacia su pierna mala para asfixiar sus intenciones de centro al área. De esta manera, pasaron los años y frente a él sufrieron tipos como Michel, Lentini, Kanchelskis, Figo o Ronaldo. Tipos de tres generaciones distintas que supuraron sus temores con el recuerdo y la admiración. Mientras estaban en el campo, buscaban un resquicio con el que ridiculizar antes de verse ridiculizados, y cuando los años cicatrizaban las heridas, salían a las ruedas de prensa para vanagloriar la figura del mejor lateral izquierdo al que se habían enfrentado jamás.

Se va Maldini y se nos va un pedazo importante de nuestra memoria. Desde aquel Milan de Liedholm hasta este de Ancelotti han pasado veinticuatro años y veintiséis títulos. En todos ha estado el número tres, ese que encarna la perfección, la simetría y el ejemplo a seguir para generaciones futuras. Se va un símbolo y queda atrás un número que jamás volverá a infiltrarse entre las franjas rojas y negras del Milan. Su equipo, su estadio y su afición, seguirán sorbiendo fútbol, pero para los románticos, no será lo mismo sin él porque sin él el Milan no hubiese sido lo mismo.

jueves 28 de mayo de 2009

El triunfo verdadero (por Christian Castellanos)

La temporada que acaba ha sido especialmente extraña en Italia. Se vivían, al principio unos aires de renovación que soplaban desde las muchas partes en que pretendían acabar con el dominio del Inter. Seguramente algo hicieron mal cuando el fichaje más destacable fue el de José Mourinho como entrenador precisamente del Internazionale. El portugués llegaba a Italia después de hacer historia en el Chelsea para devolver al equipo neroazzurro la gloria perdida a nivel continental desde hace más de cuarenta años. La presión absorta de la prensa más voraz del continente le llevó a renunciar de algunos de sus pensamientos más profundos y arraigados. Pero de lo que alguien como Mourinho no podía renegar era a él mismo: a ser entrenador y no convertirse en un mero “allenatore”.

De las necesidades de un grupo confiado, algo viciado y en parte endiosado, Mourinho hizo virtud y supo adivinar, ya desde la pretemporada veraniega, el talento de Davide Santon. Descubrió en él las cualidades que en estos tiempos requiere la élite: un chaval sereno, sensato, con la única estridencia de tener media ceja afeitada y con ganas de trabajar el fútbol. Sí, trabajar. Porque el fútbol, con la masificación, la adoración y el cariño de los aficionados se convierte en un todo o nada para el que quiere llegar a la primera línea: el objetivo de no fallar autoimpone una responsabilidad altísima que pocos aciertan y para la que hay que trabajar duro.

A pesar de ser una de las piezas claves del campeón de Italia, no ha perdido la normalidad del chico que con trabajo encontró la fortuna. Como ya forma parte del primer equipo, toma clases particulares por las tardes y sigue sacando tiempo para conectarse a la red y consultar un Facebook que hasta hace pocos meses tenía poco más de trescientos amigos y hoy son más de cuarenta mil seguidores con los que habla con naturalidad. Y lo hace con normalidad, con la tranquilidad y el buen hacer que le han permitido diplomarse en el máximo nivel amargando una noche de Champions al mismísimo Balón de Oro. A Mourinho se le enciende ese brillo especial que otorga el triunfo en los ojos cuando habla del “bambino”, un jugador de pocas palabras y muchos hechos.

Horas antes de su debut en Serie A contra la Sampdoria, estuvo durmiendo dos horas. Relajándose, pensando. Quizá se le pudo escapar alguna lágrima de alegría. La gloria le había venido a visitar anticipadamente. Era su momento y no lo podía desaprovechar. Dentro del campo es humilde y trabajador como fuera. No hace demasiado, entrevistada su madre, comento: “Ahora tiene su propia tarjeta de crédito, pero siempre llama a casa antes de usarla”. Con esa mentalidad de reasegurar cada paso que da, salta al terreno de juego ahora cada semana y ante decenas de miles de espectadores. Es el momento de dar el máximo y de recompensar los esfuerzos y sufrimientos de la afición. Ellos también saben que la temporada sólo dejará un Scudetto (otro más, y deslucido) en las vitrinas. Pero en los laterales del equipo multicultural desde su formación; por el que en los últimos años han pasado van der Meyde, Dalmat, Brechet, Choutos, Kallion o Lamouchi, también corría, trabajaba y luchaba Giacinto Facchetti. Y por ese camino va ahora Santón. Sin duda, el verdadero triunfo de la temporada. Para él y para todos.

jueves 21 de mayo de 2009

El fútbol no es lo importante

Suele suceder, cuando no hay mucho que tratar, que se trate de distraer al diablo poniéndole un redil de moscas junto al rabo. Más por andar tentando a la suerte que por tener algo serio que contar. El Madrid se deshace como una chocolatina en verano y a los que quieren informar les da por especular. Ayer Wenger, hoy Mourinho y mañana, quien sabe, quizá sea Guardiola. No me toméis por loco que los locos son ellos; aquí nadie abre la boca pero todos tienen algo que contar. Unos que si Kaká, otros que si Cristiano y hasta el más pintao es capaz de fotografiar a Villa junto a un bolardo del centro de Madrid y se piensan que han descubierto América subido en una carabela. "Paren las máquinas, hemos visto un bolardo". Y entre tanto despropósito apenas queda espacio para la cordura.

Y es que más allá de los delirios, los rumores y el tremendismo incontrolable que genera el Real Madrid, existe el drama de los que necesitan puntos y el nerviosismo de los que se juegan regresar al lugar que les corresponde. Por arriba, descuidado el Barça por correcto y obviado el fútbol en el Madrid, por políticamente incorrecto, encontramos una lucha titánica entre cuatro equipos que ven la Champions como lo que realmente debería ser: una tabla de salvación. Y es que entre lo que no hay y lo que no se puede sacar, este final de temporada regresa a la emoción con dos jornadas plenas de entusiasmo. El Sevilla debe asegurar el alivio de la tercera plaza y para la cuarta, donde la pelea de la previa es un hecho siempre quisquilloso, están un Atlético con mando en plaza y sustituto en ciernes, un Valencia sin mando y sin futuro y un Villarreal con mando, futuro y sustitutos. Es la diferencia entre el rico que lo perdió todo y el pobre que aprendió a ser rico a base de mirar atrás solamente para recordar el lugar del que procede. Aunque el Villarreal lo tenga más complicado que nadie, es más factible que siga encaminado por la senda del éxito que sus dos adláteres en el camino a la gloria. Y es que ya sabemos todos que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Por abajo la película contiene más escenas de suspense. Hasta que llegue el terror y la muerte, media docena de equipos se pegarán por lograr el premio de la permanencia. Tintes especiales de drama toman los duelos directos del fin de semana. A Valladolid viajaran miles de gijonenses dispuestos a entonar el deseo de permanencia de un equipo que nunca ha dejado de soñar. En Pucela, donde aún aguardan el remedio casero de la victoria, se muerden las uñas sabiendo que hace tiempo que llegó la tranquilidad pero que el alivio aún no termina de conquistarles. Peor aún será el duelo entre Getafe y Numancia. Preveo una invasión rojilla en un Coliseum que, hasta hace no mucho, disputaba duelos a sueño abierto ante los más grandes. Dura es la caída del soñador. Despertar en segunda es un amargo pensamiento contra el que muchos getafenses aún no estamos vacunados. De reojo, miraremos lo que pasa en Valladolid, Barcelona, Málaga y Huelva, no vaya a ser que a la divina providencia le de por marcarnos goles hasta jugando en otros estadios.

Así de importante es la actualidad de nuestro fútbol y así de desaprovechada nos la quieren mostrar. Unos seguirán buscando sustituto a Abel sin tener aún el caramelo del objetivo en el zurrón de las misiones cumplidas, otros seguiran intentando retener a sus estrellas pese a que le deuda les comprima la gargante. Los habrá aún peor, porque más allá de la lucha por Europa, hay seis equipos que quieren quedarse en Primera sí o sí. Otros, como Málaga y Deportivo, merecen el aplauso más sonoro una vez comprobamos que su temporda es canela fina a concordancia con sus recursos. Por arriba, al líder indiscutible le siguen restando días de cara al partido más importante de la temporada. Pero por más que lo contemos, todo eso no importa tanto como las suposiciones y rumores en torno a un tipo que en poco menos de un mes, regresará al lugar que le corresponde para salvarnos a todos de la quema. Vuelve Florentino y el mundo vuelve a girar alrededor de su ego.

jueves 14 de mayo de 2009

La vida o la muerte

Durante toda la vida andamos subiendo y bajando al tobogán de los sentimientos. Le damos tanta importancia a los asuntos triviales que, a menudo, sentimos morir en vida por un resultado, un pequeño fracaso o un sueño incumplido. En la matriz de nuestras trivialidades, el fútbol representa un papel más cotidiano que trascendental, pero injusto sería dejar de reconocer que, durante todos nuestros días, andamos pensando en el próximo partido y que, en dependencia a él, podremos calibrar nuestro estado de ánimo de cara a la siguiente semana.

Es cuando se acercan los momentos decisivos, cuando más sentimos crecer en nuestro estómago la serpiente de la ansiedad. Como el partido y, por ende, el resultado, no depende de nosotros sino del buen hacer de los futbolistas, pasamos del optimismo al pesimismo, y viceversa, cada vez que recordamos un gol, un error defensivo o la última derrota transcendente. Si extrapolamos los recuerdos al ejercicio futbolístico el Atleti, podríamos conjugar nuestras dudas en una quimera repleta de confusión. A un ridículo espantoso le sigue una remontada épica y a un partido bochornoso le sigue uno impredecible. Y si echamos la vista al frente y encontramos la siguiente piedra del calendario podríamos bajar los brazos, soltar todo el aire que acumulan los pulmones y, al fin, preguntar ¿Qué tipo de partido veremos contra el Valencia?

Para mí, que el Atleti es parte de mi vida y, en consecuencia amatoria y sufriente, parte indisoluble de mi muerte, pensar en logros significa soñar en verdades. Para un equipo que cada año se empeña en bajar un peldaño en la escala de la grandeza, afrontar un partido de Champions significa reencontrarse con la historia y emplazarse a soñar de nuevo. Como de dudas andamos sobrados y de juego andamos escasos, terminaremos por aferrarnos a Agüero y Forlán como únicas tablas salvadoras en estos momentos de interminable crisis de identidad.

De lo que quiera ser el Atleti depende, en gran medida, lo que quieran ser ellos dos. Si el año que viene vuelve a sonar el himno de la Champions en el Calderón, es posible que nuestra pareja atacante siga deleitándonos con goles y celebraciones pintadas en rojo y blanco. Si, por el contrario, el Valencia nos vuelve a poner los pies en el suelo, como otras veces sucedió con otros tantos equipos, es más que posible que nos veamos obligados a reinventarnos de nuevo. Que Zipi y Zape vuelen a destinos más ambiciosos, que volvamos a bajar un peldaño más y que sigamos preguntándonos en qué nos hemos convertido. Y todo ello con Gil Marín y Cerezo en su inquebrantable sillón de horribles condenas. Más vale ganar al Valencia si queremos seguir viviendo. De lo contrario, una vez más, volveremos a morir en vida.

domingo 10 de mayo de 2009

Hablando del Barça con Silvia

Desde que comencé a introducirme en este variado y rico mundo de los blogs de fútbol, siempre tuve varios como mis espacios de cabecera. No fueron siempre los primeros que encontré, si no los que me parecieron más interesantes. Así entre los de mis queridos Javi o Christian, el de Piterino o el de Guille, no tardé en engancharme, además, al blog de Silvia. Primero con "Siempre Fútbol" y ahora con "Silvi y el Fútbol", nos ha dado siempre su personal y ameno punto de vista sobre el fútbol en general y el Barça en particular. Y sobre el club azulgrana hemos querido, desde este blog, mantener una charla con ella a fin de conocer un poquito más sobre sus aficiones y gustos balompédicos.

El Fútbol de Pablo: Buenos días, Silvia. Empezaremos con la pregunta de rigor ¿Por qué eres del Barça?
Silvia: Prácticamente lo llevo en la sangre desde pequeña he vidio el ambiente culé, aunque supongo que el motivo más importante es porque soy de Barcelona y eso da un porcentaje muy elevado a ser del Barça.


EFDP:
¿Toda tu familia es culé?
S: Mi familia directa sí.


EFDP:
¿Cuál es tu primer recuerdo como aficionada del Barcelona?
S: Si es como aficionada, pues imagino que los entrenos del Dream Team de Johan. Estudiaba muy cerca de donde ellos entrenaban y bueno me pasé muchas horas en aquellos campos de entrenamiento.


EFDP:
¿Y el mejor?
S: Me cuesta mucho quedarme con un momento porque hay muchos, pero... me quedo con el gol de Koeman y, por consecuente, la primera Copa de Europa del Barça.


EFDP:
¿Y qué recuerdo, como aficionada, borrarías de tu mente?
S: La marcha de Pep Guardiola por la puerta de atrás, no entendí porque no se le ofreció la renovación a tiempo, no entendí porque nadie habló nada sobre el tema. Recuerdo el último partido jugado por Pep en el Camp Nou, se quedó cuando el campo ya estaba vacío paseando por el césped con los ojos llenos de lágrimas. Todo ese capítulo es algo que borraría sin lugar a dudas.


EFDP:
Cuando Belletti le marcó aquel gol a Almunia, sentiste...
S: Una alegría inmensa y la sensación de que teníamos la recompensa al fútbol de ataque que Frank instaló de nuevo en "Can Barça".


EFDP:
¿Y cuándo acabó el partido del 2-6 en el Bernabéu?
S: Alegría porque la Liga prácticamente quedó sentenciada, pero si tengo que buscar la palabra que más englobaría todo lo que senti sería "admiración". Admirción a muchas cosas; al juego del Barça, a la entrega, a la lucha, a la cantera, al entrenador. Fue un partido redondo en cuanto a resultado pero sobre todo por el juego desplegado.


EFDP:
¿Es Messi el mejor jugador del mundo?
S: Para mí, actualmente, sí lo es. Creo que está un escalón por encima del resto de jugadores. Si las lesiones le respetan, creo que Leo no va a ser solamente el mejor jugador del mundo por un año, yo creo que lo será por unos cuantos y marcará una época tal como lo hicieron Maradona, Cruyff o Pelé. Esa es mi sensación actualmente.


EFDP:
¿Y el mejor jugador de la historia del Barça quién es?
S: Si hablamos de toda la historia me tendría que basar en lo que he oído y por alusiones te contesto Johan Cruyff.


EFDP:
¿Y el mejor que tú hayas visto como azulgrana?
S: Me quedo con Messi. Aunque claro, le falta trayectoria todavía. Yo personalmente no he visto un jugador tan completo como él dentro de un terreno de juego.

EFDP: ¿Y un jugador que sea o haya sido especial para tí?
S: Pep Guardiola.



EFDP:
Háblame de la cantera del Barça
S: La cantera del Barça es la parte más mimada y consentida del club y la verdad es que en la Masia han logrado pulir muchos diamantes en bruto y a las pruebas me remito. Este Barça está plagado de estrellas y muchas de ellas han salido de la cantera culé.

EFDP: ¿Qué significa Puyol?
S: En cada etapa o época, dentro la cantera culé hay una persona que es la que marca el camino de los que vienen detrás. Puyol ahora mismo es el "capi" del equipo, es el ejemplo de la lucha, de la profesionalidad, del amor a unos colores y a un club y muchas cosas más. Carles Puyol es un gran desconocido para la gran mayoria porque, aparte de su participación futbolística, lo que tiene es una entrega absoluta al FCB. Sería largo de explicar por eso paramos aquí, jejeje. Si quieres en otro momento hacemos el capítulo dos.

EFDP: La celebración de su gol en el Bernabéu ¿Lo viste como una reivindicación política?
S: Absolutamente no. Si hay alguien que está fuera de la política ese es Puyol. Aunque parezca mentira, Puyol hablaba antes de ir al Bernabeu que marcaría un gol en ese partido y le prometió a un amigo dedicárselo de manera especial. Y así lo hizo. Y creo que lo de quitarse el brazalete y besarlo es también un guiño a todos los catalanes del Barça que lo estaban viendo en ese momento. Pero dedicarle un gol a los catalanes no creo que sea hacer ninguna reivindicación política. Ramos celebró el triunfo de la selección en la eurocopa enfundado en una bandera de Andalucía y nadie lo tildó de hacer ninguna reivindicación.


EFDP:
¿El próximo Balón de Oro será del Barça?
S: Estoy segura, y será Leo Messi.


EFDP:
¿Cómo consideras el mandato de Joan Laporta?
S: Ha pasado por diferentes fases pero mi nota para él es un notable alto. Empezó muy bien y recompuso un equipo que su antecesor había dejado roto. Económicamente ha saneado las cuentas considerablemente, deportivamente lo ha hecho muy bien y los títulos del equipo de Frank así lo demuestran, pero sobretodo ha hecho una cosa muy buena, yo diría que excepcional, que es sacar del Camp Nou al grupo radical de los Boixos Nois. Y eso lo hizo arriesgando su propia integridad fisica, porque Jan ha estado y está amenazado por esta pandilla de energúmenos. Sus fallos la despreocupación por las secciones, que este año ha ido subsanando, y la dejadez que mostró el año pasado en sus funciones, se alimentó de la misma desidia que el equipo blaugrana y creo que por momentos se bajó del carro.


EFDP:
¿Mereció la moción de censura?
S: Puede ser que sí porque, como digo en la pregunta anterior, el pasado año para mí no estuvo a la altura, tendría que haberse puesto las pilas y colocar a cada uno en su sitio, pero se lavó las manos, de ahí que en ese sentido mereciera la moción de censura, cosa que por otra parte le vino muy bien porque le ayudó a ponerse las pilas de nuevo.


EFDP:
¿Sandro Rosell será una alternativa seria?
S: Lo será porque tiene sus seguidores, aunque ya se sabe en esto del fútbol la gente cambia de opinión como de camisa. Si quieres saber mi opinión sandro Rosell me parece un trepa que antepone sus intereses a los del club, por mí desde luego este señor no sería jamás presidente del Barça.

EFDP: ¿Este Barça es perfecto?
S: En esta vida no hay nada perfecto y el Barça tampoco lo es.

EFDP: ¿Hay algo que eches de menos?
S: Sí, la proximidad que antes tenían los jugadores con los aficionados. Antes, en los entrenos, y te hablo de bastantes años atras, los jugadores entrenaban y la gente podía verlos a dos metros, salían del campo andando y firmaban autógrafos con naturalidad. Hoy en día y desde unos años entrenan unas veces a puerta cerrada y otras, cuando en abierto, están separados de la gente por unas vallas, unas redes y casi no los puedes ver (y no hablo por mí ya que yo tengo mis contactos jeje) y luego, cuando salen del entreno, salen en sus coches quemando rueda (no todos) y para conseguir una firma de alguno de ellos los chavales tienen que ir a Lourdes a pedir un milagro.

EFDP: El Dream Team fue...
S: Un sueño y una realidad a la vez. El Dream Team volvió a llenar el Camp Nou, nos trajo títulos a las vitrinas del club, dió espectáculo y, sobretodo, hizo que todos nos sintieramos orgullosos de aquel fútbol de ataque que hasta ese momento nos era desconocido.


EFDP:
Y Cruyff significó...
S: Todo. Johan, como entrenador, trajo a Barcelona algo más que unas Ligas y una Champions, nos trajo una forma de entender el fútbol y la instaló en la Masia, todos los equipos de todas las categorías jugaban con el mismo estilo, con los mismo patrones y eso hoy día todavía se mantiene, de ahí que el Barça parece que tenga una fábrica de "cuatros" en la Masia, o de ahí que los jugadores que suben se amolden rapidamente al sistema de juego del primer equipo y es porque desde pequeños están jugando así. Johan dejó una filosofía y de ella aún nos nutrimos.


EFDP:
Comparemos aquel equipo con este... ¿Guardiola o Xavi?
S: Guardiola. Futbolísticamente creo que están igualados, pero hay algo que tenía Pep que no tiene Xavi y es la capacidad de liderazgo. Con 18 años y recién subido al primer equipo, ya mandaba hasta en los que vendían chucherías en los aledaños del Camp Nou.


EFDP:
¿Laudrup o Iniesta?
S: Iniesta. Lo veo más completo. Y es que Andrés es, para mí, uno de los mejores jugadores que hay en el mundo. Le faltan dos pendientes y una diadema para salir en todas las fotos (es ironía ¿Eh?)


EFDP:
¿Stoichkov o Eto'o?
S: Me quedo con Stoichkov por seguridad psicológica. Y es que con Eto'o nunca sabes por donde va a salir el sol. Es un gran jugador pero muy complicado de llevar.

EFDP: ¿Romario o Messi?
S: Sin lugar a dudas, Messi.

EFDP: Iniesta ¿Cómo organizador o en punta?
S: Iniesta, menos de portero porque es malísimo, puede jugar en cualquier sitio. Pero bueno, de las dos opciones que expones, elijo en "punta" y lo pongo entre comillas porque a mi me gusta verlo balanceándose entre las dos posiciones, es decir detrás de Henry y delante de Xavi, así de esta manera ayuda en los dos sitios y es que alguien tan bueno no puede estar anclado en una posición, el arte necesita espacio y libertad.


EFDP:
Y en el vértice del centro del campo ¿Busquets o Touré?
S: Ahora mismo Touré te da más garantías por experiencia pero mi apuesta de fututo es Busquets, este chaval nos sorprenderá a todos.


EFDP:
¿Te atreves a darme una alineación histórica del Barça?
S: Te la doy, pero entiende que estoy completamente influenciada por lo que mis ojos han visto. Coloco a tres que no he visto jugar nunca en directo pero, por lo que me han dicho gente que sí los vió y por los videos que he visto, creo que merecen estar en ella. Ahí va, espero no asustarte, jejeje. Victor Valdés, Carles Puyol, Migueli, Ronald Koeman, Laudrup o Xavi (mi duda es infinita), Pep Guardiola, Iniesta, Deco, Johan Cruyff, Kubala y Leo Messi.


EFDP:
¿Venderías a Eto'o?
S: Creo que el final de esta temporada será un muy buen momento para hacerlo, mucho mejor que el pasado verano. A Eto'o, con la campaña que está haciendo, se le podría vender a un muy buen precio y en su lugar traer otro nueve con hambre de títulos. Y es que, como te dije antes, para mí Samuel es un grandísimo jugador pero también es más raro que un piojo verde.


EFDP:
¿Cruyff, Rijkaard o Guardiola?
S: ¡Uf! Esto es como decirme "¿Con quien te quedas, con papá, con mamá o con los abuelitos?" Jejeje. Ahora en serio, aunque admiro a los tres por su apuesta futbolística, y veo el más completo a Guardiola (y es que ya se sabe que el alumno siempre supera al profesor), me quedo con Johan y el motivo es porque él es "el inventor", el trajo el estilo y los demás lo han mejorado, pero para mí el mejor siempre es el que crea algo no el que mejora lo creado.


EFDP:
¿Se fue injusto con Rijkaard?
S: Creo que sí porque él siempre fue el mismo, se comportó siempre igual y al final la gente le pedía mano dura con los jugadores, y eso es algo que él no hizo nunca. Y si cuando las cosas iban bien eso era una virtud no sé por qué cuando las cosas se torcieron eso pasó a ser un defecto. Aunque si alguien fue injusto con Frank, estos fueron algunos jugadores, que cogieron la confianza que siempre les dió y le dieron forma de soga para atársela después al cuello del holandés. Sinceramente para mí Franki ha sido una de las mejores personas que ha pasado por el Fútbol Club Barcelona.


EFDP:
¿Y con Ronaldinho?
S: No, para nada. Ronaldinho nos dió su mejor fútbol y el Barça le dió a el su renacimiento futbolístico, porque recordemos que Roni, cuando llegó del PSG, no era ni la mitad de lo que llegó a ser en el Barça. En el club blaugrana alcancó su cima futbolística y, a cambio, se le dió cariño, respeto y mucho dinero, y él, al final, todo eso lo agradeció de muy malas maneras. Reconozco que ha sido una de mis grandes decepciones y ya no hablo sólo como jugador sino también como persona. Al principio, Roni era la alegría para todos; la sonrisa de los niños, un tipo cercano con todos los aficionados, y al final sólo era un personaje que llegaba a los entrenos en un coche conducido por cierto primo suyo que era lo más parecido a un gorila de discoteca, con las gafas de sol puestas, grandes gorros sobre su cabeza y los pies puestos en el salpicadero. Su imagen, y hablo siempre desde mi punto de vista, siempre fue un ejemplo, al principio de lo que tenia que ser un futbolista y al final justo de lo contrario, fue un ejemplo de lo que no debes hacer si eres deportista de élite.


EFDP:
¿Valdés merece cobrar lo mismo que Casillas tal y como dice su representante?
S: Sinceramente, no sé lo que cobra Casillas. Pero seguro que ni él mismo merece cobrar lo que cobra, porque los sueldos en el Madrid son desorbitados. Víctor merece renovar y merece una ficha acorde a su juego y a su relevancia en este equipo, que por cierto, es mucha.

EFDP: ¿Qué te parece el "descubrimiento" de Piqué?
S: Impresionante. Aquí en Barcelona le llaman "Pikenbauer". Es un jugador con madera de líder, que va bien por arriba y por abajo, que se sitúa perfectamente, que la saca jugando y además, también es de la casa. Yo, que soy incondicional de Pep, cuando dijo de ficharlo ya sabía que venía un crack o similar porque traerse a un ex canterano para recoger pelotas, como que no.

EFDP: ¿Barça o Selección española?
S: Barça. A mi me gusta el fútbol de ataque y hasta esta Eurocopa, en la cual sí que disfrute con la Selección y mucho, me he aburrido viendo los partidos de la roja soberanamente. Aparte, una de las cosas que no me gustan nada de la selección es que siempre se crea un líder, uno que manda y hasta ahora parece ser que por decreto tenía que ser un jugador del Real Madrid aunque estuviera más acabado que el chotis y no digo nombres para no ofender sensibilidades.

EFDP: Cuando gana el Madrid, sientes...
S: Si gana y ese resultado no influye a los intereses del Barça, no siento nada, ni frio ni calor. Si lo hace y eso influye, pues me fastidia.

EFDP: ¿A qué jugador del Madrid ficharías para el Barça?
S: Teniendo en cuenta la plantilla actual del Fútbol Club Barcelona y la del Real Madrid actualmente no ficharía a ninguno. Casillas me parece un porterazo como la copa de un pino, pero teniendo a Valdés pues me quedo con el de casa que también me parece que está entre los mejores.

EFDP: ¿Qué opinas del Espanyol?
S: Nada especialmente. No es de los equipos que tenga en mi punto de mira porque nunca están en "nuestra liga". Quiero decir que normalmente no luchamos por las mismas cosas.


EFDP:
¿Y del trato que se le da en la prensa deportiva catalana?
S: Pues mira, esto yo, si lo intento mirar objetivamente, lo entiendo, es decir, la prensa no es más que un negocio, ellos hacen una tirada diaria y hay que venderla, porque si no hay beneficios la empresa rompe, y bien, en Cataluña de cada cien personas noventa y nueve son del Barça y una es del Español, entonces, como es lógico (aunque injusto, pero con el Español y con cualquier equipo minoritario) ellos llenan hojas y hojas con el Barça y al Español lo delegan a un tercer plano .... Lo veo injusto pero normal.

EFDP: ¿Volverá Cesc?
S: Es un gran jugador, pero yo creo que no volverá. Actualmnte, los que hay aquí ocupando su posición son mejores que él, al menos desde mi punto de vista.

EFDP: Cuando ves un partido del Barça en el Nou Camp sientes...
S: Cuando suena el himno siento ese hormigueo en el estómago que me hace volver, y luego, si el partido es bueno, pues siento satisfacción por el espectaculo vivido. Aunque te diré una cosa; en el Camp Nou también siento muchas veces rabia porque la gente no va animar (exceptuando dos partidos al año), se piensan que están en el Liceo viendo a Monserrat Caballé.

EFDP: Pues esto ha sido todo, Silvi. Muchas gracias por tu participación.
S: Gracias a tí, Pablo. Un placer.

sábado 2 de mayo de 2009

Y el ganador fue el fútbol

Cuando anoche terminé de escribir mi previa, quise poner las espadas de la duda en lo más alto de la emoción, culminando el párrafo con un deseo firme: "Que gane quien más lo merezca". Veinticuatro horas después, puedo dar fe de que así ha sido.

Y es algo que no nunca sucede. En ocasiones, la disparidad de fortunas que dibuja un manifiesto tan voluble como es un partido de fútbol, termina por dibujar celebraciones atónitas y victorias inesperadas. No es eso lo que ocurrió esta tarde en el Bernabéu. No solamente ganó el que lo merecía, sino que lo hizo con una superioridad tan manifiesta, que a los que fuimos testigos del baile, dificilmente podremos olvidar lo que vieron nuestros ojos.

Entiendo como debe sentirse el aficionado madridista horas después de sentirse humillado por su rival más enconado. Les entiendo porque durante muchos años yo regresé al sofá hundido y desesperado ante tantos derbis de derrota. Pero que no se tomen a mal cuando les diga que la victoria del Barça y, mucho más, de la manera en que ha sucedido, es lo mejor que le podía haber pasado al fútbol. Lo mejor porque durante muchos meses se estuvieron desafinando las gaitas e intentándonos hacer creer que así sonaban de manera más melódica. Lo mejor porque cuando dos estilos tan contrapuestos se enfrentan, hay cientos de soñadores esperando descubrir la fórmula ganadora para lanzarse al ejercicio de la imitación. Si el Madrid hubiese impuesto su estilo hubiesen sido muchos los que hubiesen vendido la pericia del resultado por encima de la propuesta y el oportunismo de la corazonada por encima del buen juego.

En los velados aplausos al rival, en la avalancha humana abandonado las gradas atónitas ante la lección y ante los tímidos pitos a un equipo al que no se le puede reprochar falta de actitud, está la verdadera sapiencia del fútbol. Gusta ver ganar, gusta ver al equipo con hambre, gusta luchar la liga hasta la última opción, pero por encima de todo, gusta ser mejor que el rival cada domingo. El candidato que, este verano, gane las elecciones a la presidencia del Madrid, ya sabe lo que quiere el Bernabéu.

Y lo que queremos todos los aficionados al fútbol es un equipo que juegue como el Barça. Una propuesta valiente, un fútbol sin costuras, una apuesta por el arte. Digno alumno de Cruyff, en este Guardiola no se adivinan ni los defectos de su maestro. Cada vez que visitaba el Bernabéu, el adorado flaco holandés reinventaba su sistema para afrontar el choque en función de un rival que, en muchas ocasiones, empezó a jugar en notable diferencia de calidad y, muchas más terminó venciendo al cagazo del holandés. Pep no fue eso. Pep fue mucho más. Pep sacó su artillería, les ordenó ganar y ganaron gustando.

Cuatro tipos montaron la fiesta desde el inicio en un choque que prometió emoción y terminó con un baño de goles. Desde la zaga, Gerard Piqué se consagró como el central del futuro, capaz de salir airoso de cualquier reto, de sacar el balón con la cabeza levantada y de no ceder nunca la cintura ante los amagos del delantero rival. Desde el centro, Xavi Hernández volvió a dar una de sus magistrales clases de centrocampismo; robando, apoyando y asistiendo. En el tercer y cuarto gol se vio la maravillosa versatilidad de un tipo nacido para dar lecciones; robando (no quiero imaginar si es Guti quien pierde el balón) en uno y maniobrando majestuosamente en otro.

Desde el extremo, Henry hizo buenos los conceptos de quien busca abrir el campo como expresión máxima del buen fútbol. A un jugador que ha debido adaptar su condición de delantero imparable a extremo incisivo, cada internada y centro atrás es una esquela más a añadir en su medalla de mérito. Si además, como hoy, es capaz de ganar el espacio y anotar dos goles en los momentos más críticos, no merece otra respuesta que la ovación y no merece otra nota que el sobresaliente.

Y desde la punta, Messi demostró que el fútbol que gusta a los niños solamente es propiedad privada de los privilegiados. En su movimiento hacia el centro, Guardiola desactivó el plan de Heinze y desestabilizó a un Cannavaro decidido a fajar un cuerpo a cuerpo contínuo contra Eto'o. Al contrario de lo que acostumbra cuando juega pegado a la banda, Messi se incorporó a la creación más que a la definición y, a base de paredes y filtraciones de segunda línea, terminó por desquiciar a un equipo que aún está buscando el balón en cada combinación eléctrica a la que fueron testigos.

Fue un equipo que se sobrepuso a un Madrid voluntarioso, a un comienzo dudoso, a un gol tempranero, a dos paradas desesperadas de Valdés y a un segundo gol que le podía haber colmado de dudas. Fue un equipo imaginativo, intuitivo y, sobre todo, firme. Jugó, apretó y se plantó en más de una docena de ocasiones ante el portero rival. Hay equipos que defienden bien y se atascan en la zona noble. Hay otros que combinan con majestuosidad pero son incapaces de defender su área. El Barça de hoy fue un equipo que quiso y supo hacer de todo. Vimos el partido y nos quedamos boquiabiertos ante semejante lección de buen fútbol. Terminó el partido y llamé a mis conocidos de postpartido para hacerles partícipes de una verdad histórica: "Recordad bien lo que habéis visto, porque dentro de unos años podréis contar que tuvisteis la suerte de ver este partido".

viernes 1 de mayo de 2009

En vísperas de un nuevo partido del siglo

Siempre que el país se paraliza, siempre que la sociedad encuentra un motivo para bajar al bar a iniciar una conversación junto a la bara, cada vez que las calles se visten de esperanza, pronósticos y apuestas de corazón y recelo y cuando un partido de fútbol va más allá de un acontecimiento deportivo para convertirse en una noticia de portada, es cuando nos damos cuenta de la grandeza de este deporte y, más allá del deporte en sí, del partido y del resultado, es la prueba fehaciente de lo que dos estilos han labrado a lo largo de los años, de lo que Real Madrid y Barcelona han sido capaces de conseguir a base de victorias hasta conseguir eclipsar al resto de contendientes en el campeonato, convertidos, un año más, en meros espectadores sin implicación, en la fiesta decisiva de la liga.

Si algo hay que agradecerle al Real Madrid, más allá de las críticas hacia su propuesta, es que haya logrado que lavida siga viva después de tantas jornadas de paseo azulgrana. En un mundo más corriente, en el que el más fuerte y más guapo sería capaz de pasear del brazo de la más guapa sin rival que se atreviese a toserle, el Barcelona se hubiese colmado de honores hace más de una jornada. Si algo habla bien de este Madrid es que el Barça aún no ha desfallecido a lo largo de la liga y sin embargo aún siguen al pie del cañón, con todas sus aspiraciones intactas y todos los honores pendientes del hilo del resultado. Si mañana gana el Madrid, no tendremos más opción que reconocer su mérito, su aguante de campeón y su merecimiento, sin remisiones, a un título al que no renunciaron ni cuando estuvieron a doce puntos.

Si fuese la justicia futbolística la que impartiese su veredicto en el día de mañana, o más lejos aún, el día del alirón, no cabría duda de que sería el Barça el agraciado con la gloria de los campeones. Ningún equipo ha hecho más por el fútbol, ningún equipo ha marcado más goles, ninguno ha encajado menos y ninguno, hasta ahora, ha logrado más victorias. Como, para los puristas, no se trata solo de ganar, lo que hemos visto en este Barcelona ha sido la máxima expresión de la belleza transportada a un campo de fútbol. Defensores que sacan el balón con limpieza, laterales que ganan la línea de fondo como si de velocistas se tratasen, centrocampistas que entienden el juego como un baile y delanteros que inciden de principio a fin en busca de la posción de peligro dentro del área rival.

Contra esta propuesta de perfección el Madrid ha tirado de orgullo, fe y corazonadas. Es la expresión clásica del equipo conducida hacia las posiciones más extremas. Son arrancadas de rabia incontrolable que sirven para encender al público, para no dejar de creer en alcanzar la meta en primer lugar y para seguir ganando, pero haría mal el madridismo en caer en la monotonía del ganar de cualquier manera. Nos cuentan los columnistas de actualidad que el Madrid siempre fue esto y parecen querer olvidar que este equipo ganó mucho poniendo en el campo algo más que atributos y pasión.

En la dinámica ganadora suelen contagiar su estilo los equipos que aspiran a imitar al campeón. Si de algo sirvió la victoria de España en la última Eurocopa es para que la afición se diese cuenta de que ganar no era ejercicio de simpleza. A la gente, hasta ahora, le ha gustado la vistosidad por encima del resultado y lo bello por encima de lo eficaz. Hasta la más inesperada afición le ha pedido a su equipo un poquito más de fútbol aún sabiendo que las aspiraciones apuntaban menos que las expectativas. Si el Barça terminase imponiendo su estilo al final del campeonato, serían muchas más las aficiones que sabrían que en el fútbol bonito están los secretos del éxito. Si, por el contrario, fuese el Madrid quien terminase triunfando, más allá de reconocer sus méritos irrefutables, serían muchos los oportunistas que saldrían a la palestra para tirar por tierra propuestas como la de Guardiola y serían muchos los entrenadores que ganarían enteros para pronunciar sus coartadas ante el mal juego.

Si algo necesita el Madrid, es recuperar el fútbol por encima de los resultados. Si algo debiese hacer el presidente que este verano saliese electo es cambiar el estilo de un equipo que, para gracia de su afición, aún sigue acordándose de ganar. Parece que para muchos estas victorias sirven como método. Sería un error reconocerlo así, porque un equipo que tiene tantas victorias a sus espaldas no debiese conformarse con virar su estilo simplemente porque mantiene la fe intacta.

Si, por el contrario, hay un equipo que no necesita espejo en el que mirarse, es el Barcelona. Ellos, que hasta hace poco más de veinte años, vivían comidos por los complejos y los llantos, viraron el rumbo el día que decidieron gustar a su gente. Antes que los resultados, encontró un estilo y, desde entonces, no ha parado de ganar. Sería de necios pensar que una derrota en esta liga supondría una derrota de su estilo. Si en algo se ha caracterizado el Barça durante estas dos últimas décadas, es en su maravillosa capacidad de regeneración. Cada vez que apostó por lo que sabe hacer, terminó ganando, cuando apostó por virar el timón, terminó en desastre.

Se acaba el tiempo, se acerca el partido y se aclara la liga. Si hablan las estadísticas, podrían decir que de las dieciocho ligas que ha ganado el Barça solamente las dos primeras las ganó con un técnico español en el banquillo y que siempre que el Madrid ganó diez o más partidos seguidos en una liga, la terminó ganando. Si hablan los corazones, los azulgrana dirán que el miedo puede atenazar a un equipo acostumbrado a ganar sin sombra y los blancos dirán que en su impulso vive la verdadera razón que les conducirá a la victori. Si hablan los jugadores, la calidad debería dejar claro que en Iniesta y Xavi vive la verdadera esencia del juego y la constancia debería dejar claro que en Raúl e Higuaín vive el verdadero secreto de la decisión final. Si habla el fútbol, todo el mundo debería estar de acuerdo en que no existe un partido de fútbol en todo el mundo capaz de hacer sombra a este colosal duelo. Si habla el resultado, todos comprobaremos, una vez más, como la prensa se precipita en vomitar sus teorías más oportunistas.

Por tanto, mejor no hacer caso a lo que se habla sino a lo que se vea. Sea o no un gran partido, no quedará duda de que los corazones palpitarán a cien pulsaciones, el balón circulará a cien por hora y el resultado dará lugar a más de cien opiniones. Serán las consecuencias de un partido centenario que no dejará indiferente a nadie. Que ruede el balón. Y que gane el que lo merezca.

martes 28 de abril de 2009

El sabio de Hortaleza

A todo el mundo le gusta estar en su casa. Todos añoramos, alguna vez en nuestra vida, un momento de regreso al hogar. Nos encanta sentirnos queridos, recogidos bajo el manto de quienes nos admiran, jugando cada día a devolver todo lo que nos dieron. Algo parecido debió sentir Luis Aragonés el día que renunció a entrenar por vez primera en la Champions League y decidió afrontar el reto de devolver a su Atleti al lugar que le correspondía. Recogió el petate, dejó la isla y voló a Madrid para cumplir con su cometido. Una vez más, lo hizo, como ese padre que intenta guiar a su hijo por buen camino, como ese guardián que protege su tesoro más querido pintándose la cara de camuflaje y caminando cada domingo hacia una guerra sin fortuna.

No logró dejar un legado como tantas otras veces hizo. Acuciado por los dueños y enfrentado a las dudas de quien debió creer en él y no lo hizo, volvió a dar un portazo, esta vez para marcharse de casa y volar de nuevo a la isla. De nuevo hizo grande al Mallorca y enseñó al mundo a un africano hambriento que, bajo su tutela aprendió a golear y con los años no se cansó de ganar. En sus legados viven sus mejores acreditaciones; no hace mucho, España entera dudaba de su capacidad y a día de hoy aún nos faltan palabras para agradecerle lo que hizo por nuestra selección de fútbol. Este equipo que hoy juega como los ángeles también es obra suya, porque él acabó, de una vez por todas, con todos los complejos.

Pero antes del personaje hirsuto, antes del entrenador lapidario hubo un jugador de fútbol que se curtió de chico en los campos de la tercera división madrileña y tuvo que resistir al rechazo del Real Madrid para buscar fortuna en equipos de media tabla. Cuando fichó por el Atleti encontró en poco tiempo el hábitat que tantas veces había buscado. Vistiendo de rojiblanco se hizo grande y en sus zancadas y amagos de tipo hosco se agarró el Atlético para seguir creciendo hasta el infinito. En la mejor época de la historia del club, Luis vistió el número ocho durante más de una década y eso aún no ha habido colchonero que lo olvide.

El entrenador, el tipo que todos conocemos y reconocemos con el gesto feo, el semblante oscurecido y el instante preciso siempre en el corazón, tocó el techo de su fama cuando el niño al que vio nacer en el mismo regazo en el que él se crió, rompió con un desmarque arrebatador todo el mal fario que nos había convertido en cenizo y comparsa. Aquel fue el culmen de una carrera que había empezado mucho antes; justo una fría mañana otoñal en la que Vicente Calderón le llamó a su despacho y le propuso sustituir al Toto Lorenzo como entrenador del primer equipo del Atleti. Luis, que hasta hacía unos minutos había estado preparando el siguiente partido junto a sus compañeros de equipo, se quitó el pantalón corto y se puso el chándal para sentarse en el partido. Quien un día antes era compañero, se había convertido en entrenador. Dejó de tutear a sus amigos para llamarles de usted y comenzó a sentar cátedra en un equipo que ya vivía sus primeras crisis.

En el Atlético aguantó ceses y dimisiones, despedidas y reenganches, adioses y vueltas a empezar, siempre siendo él, el que cuajó a un equipo de jóvenes de la casa porque no había dinero para comprarlos fuera, el que batió records de permanencia y, cuando se encontró en el paro, fue reclamado por un Barcelona alicaído y en pleno proceso de golpe de estado interno, para hacerle campeón de copa. Allí estuvo seis meses, intentando remendar un descosido, encerrándose con los futbolistas en el hotel Hesperia de Barcelona interpelando a sus derechos fiscales frente al club. Cumplió su cometido y fue despedio por amotinarse, como a otros trece jugadores. Tras él llegó Cruyff, con un vestuario limpio y una directiva con las barbas remojadas; casi un lustro más tarde, el Barça reinaba en Europa.

El tipo rudo de barrio nunca dejó de parecer lo que quisieron etiquetarle, un tipo feo, fuerte y formal que se sabía el librillo del fútbol de memoria. Sus jugadores confiaban en él porque sabían que siempre tenía el antídoto contra el equipo rival, porque sabían que él sacaría lo mejor de ellos, porque sabían que entendía el fútbol como un juego donde siempre gana el más listo. Por sus planteamientos de mariscal le apodaron “El sabio de Hortaleza”, y aunque él siempre renunció al cumplido, no pudo evitar ser etiquetado de por vida como un maestro del oficio.

En sus periplos de equipo chico logró temporadas excelsas con Oviedo, Espanyol y Mallorca, con él en el banquillo, el Sevilla jugó en Europa en una época difícil y el Valencia rozó hasta el último partido el sueño de la liga. Fue en Valencia donde consagró a Mijatovic como un delantero de primer nivel, su particular Futre de cada equipo, su Eto'o, su Hugo Sánchez, su Fernando Torres; siempre explotando la velocidad como cátedra del contragolpe, siempre incidiendo en un estilo tan capaz como vistoso, tan válido como agradecido. Eran pequeñas esquelas, secretos de trabajo de un tipo que ha pasado una vida viviendo del fútbol, desde que debutó en primera, allá por finales de los cincuenta, vistiendo la zamarra del Oviedo, desde que se hizo mito imborrable clavando una falta de las suyas en la escuadra de Sepp Maier, desde que se marchó del vestuario para volver a entrar sin despedidas ni bienvenidas, sin alusiones ni reproches, sin palabras ni silencios.

Y fue en el desarrollo del oficio cuando sufrió Luis su peor episodio como técnico de fútbol. En un error de esos que solamente caza la tecnología, en una salida de tiesto dentro de una confidencia, osó a retar a Reyes a plantar cara a su compañero de equipo Henry aludiendo al significado de su color de piel. Cuando el mundo se tiró a su yugular y los puristas se apresuraron para segar su pescuezo, salieron al atril sus amigos para desmentir suposiciones. Jones, Eto'o, Finidi; los tres negros y los tres eternamente agradecidos al sabio.

Los números dicen que Luis Aragonés se ha sentado durante setecientas cincuenta y siete veces en un banquillo de primera división y que aún nadie ha sido capaz de igualar la cifra, el palmarés dice que sus pocos títulos los celebró, casi todos, entrenando al Atleti al que tanto dio como jugador, la añoranza dice que más allá de la Intercontinental del setenta y cinco y la liga del setenta y siete, queda el recuerdo de un Atleti que ya no existe, el raulismo dice que en su rencor vive su cobardía, el fútbol dice que hay pocos que consiguen llegar a los setenta y mantenerse en la élite y la realidad dice que hasta este verano éramos un país comparsa y ahora somos referencia. Todo esto es Luis Aragonés, sabio y discutible, pasional y polémico, criticable y supervivente, ganador, perdedor y, ante todo, una página, aún abierta, de la historia del fútbol español.

sábado 25 de abril de 2009

Un milagro de tres semanas

El día que Grecia perdió la ocasión de acudir al mundial de Alemania, el seleccionador Otto Rehhagel, supo que el éxito se lleva por delante el empeño y que los sueños no siempre dependen del propio trabajo. Para él, que soñaba con volver a casa como un prócer de la victoria, verse obligado a sentarse ante el televisor para ver los partidos, significó una nueva promesa y un aprendizaje más.

Pero como no todas las promesas llevan implícitas el poder del cumplimiento, cuando Grecia regresó a la élite competitiva el pasado verano en la Eurocopa de Austria y Suiza, ya estaba estigmatizado por el éxito y puesto en el filo de la precaución. Como a los futbolistas les exigieron más de lo que podían dar y como los milagros tienen fecha de caducidad, el equipo no ganó un solo partido y regresó a casa en un silencio que atronaba el oído de quienes cuatro años antes habían levantado a un país de su asiento.

Y es que los vaivenes, el éxito crucial y el fracaso estrepitoso, fueron compañeros de viaje durante la larga carrera como técnico de Otto Rehhagel. Preparador y estratega colectivo desde 1974 y con casi un millar de partidos en los banquillos. Agotado por ganar más de lo que se propuso y, sobre todo, de ver como los apóstatas del discurso se regocijaban ante sus fracasos, decidió tomar el equipaje y viajar a Grecia con un reto entre las cejas y un objetivo en la firma del contrato; conseguir que el país heleno escribiese su nombre entre los candidatos a participar en los grandes acontecimientos.

No fueron fáciles los inicios. No había hecho sino aterrizar en Atenas y proclamar su discurso y ya estaban perdiendo por cinco goles a uno en el frío estadio olímpico de Helsinki. Entonces, nadie podía imaginar que tan sólo dos semanas después el equipo viviría tres semanas de ensueño, alcanzando la perfección, no en el juego, pero sí en la convicción, en la preparación y, sobre todo, en la suerte, factor al que todos se agarran cuando intentan justificar sus fracasos pero que generalmente se alía con quien se empeña en buscarla.

Antes que persona, siempre antepuso al entrenador, y antes de las formas, le gustó ajustar los métodos. Rehhagel siempre fue un estratega y como tal, gusta de plantear cada partido como si de una partida de ajedrez se tratase; siempre protegiendo a la dama y siempre atacando al rey contrario en el momento de despiste menos esperado. Eso es lo que hizo con Francia para derrotarla por la vía de la sorpresa en el éxtasis del gol de oro y eso es lo que hizo con Portugal, a quien ya había ganado en la inauguración, para romper las estadísticas y coronarse como campeón de Europa sin haberlo ni siquiera planificado. Dos córners bien atacados, dos cabezazos bien definidos y dos pasos hacia adelante en el camino hacia la leyenda. Para muchos, el fútbol sigue siendo un cúmulo de pequeños detalles.

Rehhagel había vivido su último gran éxito sentado en el banquillo del Kaiserslautern. Aterrizó en el Fritz Walter Stadium para recomponer a un equipo que había descendido a la segunda división alemana y en dos temporadas no sólo lo devolvió a la Bundesliga, sino que lo hizo campeón. Era una muesca más en el revólver de quien buscaba reivindicarse en cada reto. Aquella fue una manera de decirle al Bayern de Munich que no habían despedido a un fracasado dos temporadas antes, igual que la Eurocopa fue su coartada para justifcar su fútbol de desasosiego y deslucided ante los ojos del mundo.

Aunque no consiguió hacer de Grecia un equipo vistoso, no tardó en lograr que un equipo históricamente anárquico se convirtiese en un equipo ordenado y difícil de ganar. Prueba de ello pudo dar España cuando, encuadrada con los griegos en el grupo de clasificación para la Eurocopa de 2004, se vio abocada a jugar una inesperada repesca contra Noruega. Rehhagel, que había sido un férreo defensa durante su época de jugador, reflejó en su equipo lo que él había sido durante su carrera como futbolista; fuertes marcajes, atención exclusiva en el aspecto defensivo y búsqueda de la desesperación del rival. Con estas premisas, Grecia triunfó como los equipos de veinte años atrás, con marcadores al hombre en defensa y el centro del campo y un hombre libre, Dellas, que durante aquellas tres semanas portuguesas vivió su particular cuento de hadas. Para un equipo cuya presencia en el torneo ya era un premio, coronarse campeón significó una sorpresa que jamás olvidará la historia del fútbol.

Otto Rehhagel, con más de sesenta años en su carnet de identidad, continúa intentando hacer creer a Grecia que aquel milagro de tres semanas no es irrepetible y como tal, sigue trabajando como el entrenador que siempre llevó dentro. Suyos son todos los records de la Bundesliga, con más de ochocientos partidos en alemania, ningún entrenador ha ganado, empatado y perdido más partidos que él, y ninguno ha visto desde el banquillo tantos goles a favor marcados por sus equipos, ni tantos goles en contra encajados. Mientras asimila sus cifras, sigue firme en su reto griego, en su obsesión por la preparación física, en su minuciosidad por la intensidad defensiva, en su apuesta por el fútbol tradicional. Atrás quedan sus años en Bremen, cuando se dio a conocer al mundo y cuando consiguió, como hizo con Grecia, que millones de aficionados se echaran a la calle para festejar un logro inesperado. Aquel fue el primer equipo de segunda que cogió para hacerlo campeón, después vinieron más; en Kaiserslautern aún le añoran y en Grecia le siguen agradeciendo que, pese al estilo, convirtiese en un equipo de fútbol a un grupo de anárquicos sin fe.




P.D. Acabamos de cumplir dos años en la blogsfera. Quien nos lo iba a decir cuando empezamos esto con tantas dudas como ilusión. Setencientos treinta días y ciento sesenta y un post después de aquel veinticuatro de abril de dos mil siete, seguimos dando guerra y con mucha ilusión por seguir contando historias. Gracias a todos los que, en estos dos años, habéis perdido un minuto de vuestro tiempo para leernos.

domingo 19 de abril de 2009

El fútbol de Fernando

Desde mi más tierna infancia, he sido un fan futbolero. El deporte rey me ha cautivado; sin duda, el fútbol forma parte de mi vida. Sin él, no sería el mismo, es algo más que un juego, es una forma de vida. Si me quitan el fútbol, sería otra persona.

Mi pasión por el fútbol me ha llevado a vivirlo desde varios puntos de vista como detallo a continuación:

1º. JUGADOR: Sigo jugando al fútbol con los compañeros del trabajo. También jugué en los tiempos escolares y universitarios, además de multitud de partidos en la calle con amigos. Resulta imprescindible jugar al fútbol para entenderlo mejor. Así, uno sabe lo que supone fallar un control, errar un pase, acertar con un remate, hacer la cobertura, estar atento a las permutas, etc.

2º. ENTRENADOR: Llevo 15 años como entrenador de equipos de fútbol base. He entrenado a niños desde los 8 a los 18 años. He aprendido lo que supone ser entrenador. No es lo mismo que a nivel profesional, pero os aseguro que uno se enriquece mucho al meterse en la piel de un míster.

3º. DIRECTIVO: He sido durante cuatro temporadas directivo en un club de regional madrileña. De este modo, he sabido lo que significa estar a la sombra, trabajar sin descanso por el club, comerse marrones que no son tuyos, sufrir sin poder hacer nada y recoger alegrías y tristezas. Claro que un directivo de fútbol regional se implica mucho más que un directivo del fútbol profesional el cual busca otros intereses de índole personal, social y económico.

4º. AFICIONADO: Desde niño soy hincha del At.Madrid. Además, he visto multitud de partidos de otros equipos y selecciones. Ser hincha supone dar mucho, implicarse, sufrir, ganar, perder, emocionarse, entristecerse, en definitiva, vivir. Si bien en los últimos años, he tomado una decisión: sólo veo partidos que me interesen por motivos personales o porque unos de los equipo juegue bien al fútbol; ya no me trago más bodrios.

5º. PERIODISTA: También he cubierto partidos como periodista deportivo. La visión cambia mucho. Uno debe ser imparcial, pero resulta imposible ser objetivo totalmente. Quizá sea el lado del fútbol desde uno menos disfruta pues debe poner una barrera para evitar la parcialidad.

6º. ARBITRO: He pitado varios partidos a nivel amateur entre amigos y niños. Os puedo asegurar que resulta muy complicado ser árbitro. Perdono muchos de sus errores, salvo dos: no cortar el juego violento y favorecer al equipo antideportivo.

De todos estos campos, me quedo con el de JUGADOR. Allí es cuando uno más disfruta y vive el fútbol en estado puro.



Fernando Sánchez Postigo es un periodista y escritor licenciado en el buen gusto por el fútbol y, sobre todo, en el Atlético de Madrid. Desde su blog, "Sentimiento Atlético", nos desgrana, día a día, la actualidad del equipo rojiblanco al tiempo que nos regala un exhaustivo repaso por su historia y sus mejores momentos, salpicado todo con su siempre interesante opinión personal.