
jueves, 31 de mayo de 2007
Una manera distinta de vivir el fútbol

lunes, 28 de mayo de 2007
La profesionalidad del futbolista

En un ejemplo más cercano imaginad a vuestro padre, al que tanto adoráis y admiráis, contándole al viento que todos los abrazos que te regaló en la infancia, que cada vez que sacó la cara por ti, que cada una de sus acciones heroicas ante tus ojos las hizo porque había un señor de negro que le daba un maletín ¿Cómo os lo tomaríais?
Se trata de la misma sensación que yo experimento cuando escucho a algunos de los jugadores de mi equipo proclamar con descaro que ellos se dejan un poquito más de su piel sobre el césped si les ofrecen una suculenta prima por ganar. Es entonces cuando surge una nueva pregunta dentro de mi carrusel de dudas y me entran ganas de saber si el amor a unos colores lo lleva implícito la camiseta que se viste o el dinero que se obtiene por lucirla, si el ansia de victoria se presupone o se compra, si la profesionalidad existe o es un cuento chino que nos intentan hacer tragar desde septiembre hasta junio.
Como abonado del Getafe que soy, le lancé un deseo a mis amigos, durante el partido del sábado, arropado por sus miradas de complicidad: "Sólo espero que jueguen la final de copa con la misma intensidad que hoy y que un título les motive más que una prima".
jueves, 24 de mayo de 2007
Cuando la victoria se convierte en una rutina

Cuando Maldini tenía veinte años utilizaba su velocidad como arma arrojadiza contra los atrevidos, cuando cumplió treinta supo utilizar como nadie las enseñanzas técnicas que aprendió de su maestro Baresi y ahora que tiene cuarenta tira de veteranía con tanta dignidad que muchos delanteros parecen pedir permiso justo en el momento de encararle.
Tras veintidós años en la élite, Paolo Maldini levantó anoche su quinta Copa de Europa y a los que sentimos el fútbol como un proceso de sentimientos aplaudimos su trayectoria, porque en su carrera obtenemos el fruto de una pasión y la fidelidad eterna a unos colores. En plena época de mercenarios y futbolistas convertidos en mercancías al mejor coste, nos sentimos orgullosos de vivir el fin de la carrera de un futbolista que jamás sucumbió a la tentación de las ofertas hipermillonarias.
Él vivió el resrugimiento del Milan, él protagonizó las mayores gestas del equipo y él fue artífice, con su presencia, de un equipo que pasará a la historia por jugar ocho finales de la Copa de Europa. Perdió tres, sí ¿Pero alguien se acordará de ello cuando pase el tiempo y nos preguntemos quién fue el mejor lateral izquierdo de la historia?
martes, 22 de mayo de 2007
El fútbol más allá de la vida y la muerte

Como gran visionario dejó su primera sentencia cumplida el día que el Huddersfield no quiso retener a Dennis Law, su primer gran descubrimiento. Bill Shankly se dirigió a la planta noble del club con el paso tranquilo y el acento pausado y pronosticó: "Algún día, este chico será vendido por cien mil libras". El tiempo volvió a demostrar que a Shankly nunca le faltó la razón.
lunes, 21 de mayo de 2007
Tuvieron lo que merecieron

Aquel jugador de dibujos animados

viernes, 11 de mayo de 2007
Se puede ser muy grande siendo muy pequeño

Salió el Getafe desde el inicio con cuatro centrocampistas. "Un insensato este Schuster", dirían algunos. "¿Cómo quiere remontar así?". Muy fácil. Se trataba de ejecutar un plan primordial para cumplir con éxito la misión de ganar al Barça: quitarle el balón. A raíz de ahí, si se hacían bien las cosas, podría ocurrir cualquier cosa, si llegaba un gol se iría a por el segundo y así sucesivamente.
No tardó mucho la grada en concienciarse con el milagro; no se había disputado un minuto del partido y Güiza ya encaraba a Jorquera con la mirada puesta en el arco, pero como la noche aún deparaba más emoción que goles, no quiso el delantero del Getafe poner de acuerdo a su cerebro con sus pies y la ocasión se quedó en un intento de regate.
El Barça, con sus mejores hombres en el campo, intentaba meterse en la película con algún intento de manoseo, pero cada una de sus intenciones no eran más que fuegos de artificio. Estaba claro que el papel protagonista en la obra de ayer estaba destinado a los hombres vestidos de azul.
Desde el centro, Celestini, Vivar y Casquero, maniataban a Xavi e Iniesta y fabricaban un fútbol sencillo pero preciso. Con sus dos conductores fuera de circulación, el Barça estaba sin corriente porque Edmilson, el tercer centrocampista, se encargaba de maniatarse a sí mismo. Por arriba, Güiza y Maris, intentaban desquebrajar la defensa azulgrana con constantes movimientos sin balón; el jerezano se desmarcaba desde fuera hacia adentro y construía un carril de aceleración para los laterales, y el letón lo hacía desde dentro hacia afuera suponiendo un soplido de alivio para la línea de creación. De esta manera, a los cinco minutos llegó la segunda ocasión para los azules cuando Güiza remataba alto un buen servicio de Maris desde la derecha.
Quien quiso creer que el Getafe jugaría sin bandas estaba muy equivocado. Como ni Vivar ni Cotelo son exteriores al uso, cada caída a posiciones centradas eran aprovechadas por Contra y Paredes para obligar al Barça a dar un pasito más atrás. Así, a la media hora, los azulgranas se encontraban totalmente acorralados y a merced de un equipo que cumplía las normas básicas de la épica: ilusión, empeño y fútbol.
Casquero primero y Paredes después avisaron de lo que vendría a continuación. Con el público entregado al esfuerzo de su equipo y el equipo entregado en su tarea de agradar, un remate mordido de Casquero lanzó el primer grito enfervorizado hacia el cielo de Madrid y puso al Getafe rumbo a un sueño. No tuvo que esperar mucho más la grada para volver a restregarse los ojos en símbolo de incredulidad; una serie de desaciertos dejaban a Güiza mano a mano con la gloria y el delantero expió todas sus culpas batiendo a Jorquera con la tranquilidad de los que saben como se hace su trabajo. Dos a cero y los ecos del deseo sobrevolando la noche getafense. El equipo de Schuster llegaba con la tarea cumplida al descanso y en los ojos de cada jugador azulgrana se notaba la incredulidad del cuento que les estaban redactando "¿De verdad estamos jugando un partido?".
Tras el bocata del descanso y la correspondiente charla de vestuario, salió Eto'o con los puños apretados y la voz alzada. Fue el único conato de arresto que mostró el Barça en todo el partido. Pocos minutos después de la reanudación se comprobó que no era más que demagogia y palabras de saco roto, el Barça no viajó ayer a Getafe para jugar al fútbol.
El fútbol era azul. Casquero y Vivar, omnipresentes, volvieron a emerger para desenmascarar las miserias de un equipo cada vez más agotado. Tras una buena internada de Cotelo por la derecha, Jorquera rechazó un remate a bocajarro de Güiza. No se iban a quedar aquí los intentos del delantero por escribir su pedacito de historia personal, minutos después, el portero catalán volvía a enfundarse su traje de salvador in extremis y dejaba al jerezano con su molde de ejecutor de sentencias en el mano a mano.
A aquellas alturas del partido todo el mundo sabía que la balanza estaba tan inclinada hacia el lado del milagro que solamente era cuestión de tiempo lanzarle al viento la proclama de la remontada. El público comenzó a afinar sus gargantas y Rijkaard, en una decisión difícil de entender, llenó el campo de delanteros. Parecía como si el técnico holandés supiera de antemano que el tercer gol no tardaría mucho en caer y que el Barça debía estar preparado para el desastre con toda su artillería.
Y el tercero llegó a balón parado. El Getafe ejecutó a perfección una de sus jugadas mejor ensayadas y Vivar Dorado se abrazó con la leyenda cabeceando a la red, libre de oposición, el caramelo ofrecido por Cosmin Contra. Quedaban veinte minutos para el final y el trabajo ya estaba hecho.
Los que pronosticaron que con el tercer gol llegaría el repliegue local y el acoso visitante volvieron a caer al pozo de los equivocados. Con un Barça herido y un Getafe crecido, Güiza volvió a quedarse solo ante Jorquera para firmar la sentencia de muerte. No falló esta vez el jerezano y mientras recorría el campo en una loca celebración plagada de lágrimas y euforia, el mundo entero volvió sus ojos hacia el sur de Madrid proclamando al viento los ecos de una leyenda.
Poco más dio el partido. El Getafe se creció en un rondo vitoreado por los olés del público y el Barça agachó la cabeza consciente del ridículo histórico al que estaba siendo sometido. Mucho se escribirá sobre el partido y la remontada que colocó a un equipo en la cima de la admiración perpétua, en Barcelona se hablará de vergüenza y falta de compromiso y en Getafe, los años marcarán el partido como el día en el que su equipo acarició los bordes del cielo. Aún parece un sueño. Hace cinco años recorrían España en busca de relanzar su prestigo en la segunda divisón B y ahora alcanzan la final de Copa y aseguran su participación en Europa por primera vez en sus historia.
El pitido final del árbitro puso de manifiesto que la fe sí mueve montañas, que el fútbol seguirá siendo grande mientras haya gente empeñada en reescribir la historia y que se puede llegar a ser muy grande aunque se sea muy pequeño.
jueves, 10 de mayo de 2007
Triunfar sin haber ganado nada (todavía)

Para mí, más acostumbrado a dejarme conquistar con fútbol que con celebraciones, el éxito reside en venir desde abajo y plantearle al mundo que se puede jugar bien al fútbol y luchar por todo sin necesidad de llamarse Real Madrid o Fútbol Club Barcelona. Por ello, y a pesar de que aún está a tiempo de perder la última batalla en cada uno de sus frentes, considero al Sevilla como el gran triunfador de la una temporada que poco a poco se va cerrando y nos va dejando su lista de ilustres campeones.
Para los equipos de medio presupuesto y carentes de urgencias históricas, los principios de temporada suelen servir para sembrar sus objetivos y los meses de junio sirven para calibrar la recompensa del esfuerzo. Nadie en Sevilla pudo imaginar, cuando el verano pasado se apresuraba a anunciarnos sorpresas, promesas y otras fábulas, que el equipo iba a jugar todos los partidos posibles esta temporada.
Para los grandes, acostumbrados a vivir en la opulencia que genera la magia de sus estrellas, el Sevilla ha supuesto un molesto grano en mitad de su frente que les ha impedido lucir ante el mundo su cartel de favorito sin intromisiones. Para los más humildes, el Sevilla se ha convertido en un ejemplo a seguir, en el resultado perfecto de una ecuación que comenzó a resolverse en las calderas de la segunda división.
En mitad de la tempestad decidieron apostar por la calma. Cuando las heridas amenazaban a tomar el color de la gangrena, lamieron sus costras con los recursos de su cantera. Cuando la necesidad dio tres golpes en su puerta se vieron obligados a vender a sus mejores jugadores. Y cuando las apuestas comenzaron a situarles en el lugar reservado a los perdedores, resurgieron de sus cenizas invirtiendo su trabajo en el lugar más seguro: el criterio.
El Sevilla de hoy es el resultado de un proyecto macerado y de una conducción prudente y constante. Juande sabe qué pueden dar sus jugadores y los jugadores saben lo que quiere Juande. Todos saben lo que quiere media ciudad y la media ciudad ya tiene calmada su sed porque saben que en muchas peores se han visto. Su equipo jugará dos finales y peleará la liga hasta el final con Barcelona y Real Madrid ¿Se debe pedir más?
miércoles, 9 de mayo de 2007
El Madrid de las mil preguntas

martes, 8 de mayo de 2007
Un estadio, una copa y un equipo fabricados para la victoria

lunes, 7 de mayo de 2007
El gol que consagró a un equipo y redimió a un club

viernes, 4 de mayo de 2007
La contundencia del terremoto, la furia del huracán, la prestación de un amigo

Como el huracán que arrasa allá por donde va, como una tempestad desatada para liberar de un soplo todas las promesas prisioneras, como si los contrarios sintiesen en su nuca el aliento de la destrucción, como si el balón viajase hacia sus pies por la inercia de su propia ambición.
Como el amigo fiel que presta su ayuda desinteresadamente, como la mano compañera que te empuja hacia el objetivo sin obligación de mirar atrás, como la ayuda necesaria que encuentra todo futbolista cuando siente el apuro de un balón que le quema en los pies, como la providencia que viaja montada en tu grupa cuando la última gota de aliento parece abandonarte.
Así es Daniel Alves. Un martillo pilón que machaca su banda de arriba a abajo, un coloso sin traje de superhéroe que cada partido se autoproclama como dueño de sus designios, un cazador que conoce de memoria su coto y va dejando víctimas heridas bajo el humo de su cañón, un alivio para sus compañeros, un as en la manga de su entrenador y un grito de delirio en cada rincón del Sánchez Pizjuán.
jueves, 3 de mayo de 2007
Cuestión de grandeza
