
La posición de mediocentro es muy delicada. Y entre esas dificultades es donde quiere crecer Marchisio: en el equipo por el que han pasado muchos de los mejores, los más míticos y carismáticos. La suya es una carrera contra los elementos, a contracorriente, contra el tiempo, contra la tradición. Culpa de la presión, de la victoria como sea, de la prohibición de fallar que se impone a los jugadores de la propia cantera, que primero son elevados a los cielos y después, si no responden a las expectativas más fantasiosas, arrinconados en una esquina, arrebatándosele el puesto en el altar de la gloria inmediata sin ninguna piedad. Para seguir en los altares y seguir escalando niveles, gente como Marchisio han de dar el 110% y ponerse una coraza para cubrirse de todo lo que se les venga encima.
Más aún cuando el nuevo elemento es revolucionario y rompe la línea del continuismo. En el seno de un equipo que vive más pendiente del rival que de sus propias posibilidades, aflora el talento natural y aún por pulir de Marchisio. Las exigencias del guión han provocado su entrada súbita en el equipo, con la misión, más que complicada, de hacer creer que no gastarse el dinero en Xabi Alonso y apostar por él fue la decisión correcta. Muchos aficionados al fútbol recordarán al mítico Paulo Sousa, aquel portugués incombustible que hizo carrera en Italia y levantó la Champions con la propia Juventus. Para hacernos una idea, Marchisio es su heredero, en rubio y patrio. Sí, heredero, porque desde Sousa ha sido el único que ha osado a la filosofía rocosa de la Juventus. Marchisio es el metrónomo de la Juve, con una capacidad innata para mantener junto al equipo, cortando y sacando rápido el balón, dándole otro aire y una velocidad más al juego, jugando al primer toque. Un futbolista de 'reciclaje', capaz de recibir balones inservibles de la defensa y empezar la acción de ataque.
Volvió a Turín este verano tras jugar en el Empoli y ser protagonista en el infierno de la Serie B en que le hizo debutar Deschamps. El objetivo ahora es ganarse un puesto entre Sissoko, Poulsen y Zanetti. Él, junto a Giovinco y De Ceglie, son el símbolo del cambio en Italia en general y la Juventus en particular. No le hemos visto temblar ante Fiorentina, Manchester o Real Madrid. Dice que quiere parecerse a Gerrard. De momento es parte de la historia del cambio de la Juventus. Cambio de juego y de política. Estamos en la época de los magnates y los fichajes millonarios, merecen un aplauso los que van a contracorriente en busca del mismo éxito.
P.D. Christian Castellanos es administrador de los más que recomendables blogs Más y más fútbol y Curva bianconera.