Tras casi un año de votación, mediante una encuesta publicada en el margen derecho del blog, los asiduos, o no, a este espacio, han tenido la oportunidad de elegir al que, según ellos y a propuesta mía, es el mejor equipo de la historia de la liga. En principio, el ejercicio de elección constaba entre elegir a diez jugadores por puesto, elegidos por criterios de relevancia histórica. Sé que echasteis de menos a más de uno, pero al tratarse de un campeonato de más de setenta años de antigüedad, resultaba casi imposible dar cabida a todos los grandes jugadores que han disputado el torneo.
El equipo elegido, tras más de doscientos votos recibidos por puesto, fue el siguiente:
- Casillas:
Los mejores jugadores aparecen siempre en momentos de dificultad. En una época en la que al Madrid le sobraban las excusas y le faltaban las victorias, el entrenador Guus Hiddink se vio en la obligación de hacer debutar a un juvenil imberbe de mirada tímida y modales descarados. Casillas recibió dos goles en su debut ante el Athletic y no tardó en regresar al segundo equipo. Sin embargo, su estela había quedado pintada en oro y brillantes. Como a las leyendas resulta fácil encontrarlas, poco después, el galés Toschack volvió a acordarse del joven portero. No sería su último mentor, pues el espaldarazo definitivo se lo dio Vicente del Bosque convirtiéndole en titular de un equipo que terminó ganando la Copa de Europa. Desde entonces todo fueron paradas y milagros. Excepto medio año de inquietante titularidad a la sombra de César y tras una nueva final de infartos y paradones, Casillas se convirtió en leyenda indiscutible. Desde entonces ganó cuatro ligas y se convirtió en hombre clave del Madrid. Cuentan los sabios que, desde Iríbar, ningún portero había sido capaz de ganar tantos puntos para su equipo.
- Sergio Ramos:
Los tipos más fuertes siempre tienen un lugar privilegiado en el olimpo de los admirados. Cuando Ramos tenía diecisiete años ya jugaba como un tipo de treinta. Fuerte, atlético, rápido e intuitivo, en Ramos observamos las condiciones de los mejores defensas de la historia. Atrás dejó unos comienzos inconmensurables vistiendo la camiseta del Sevilla y, por delante, tiene la oportunidad única de convertirse en jugador referencia y capitán del Madrid durante la próxima década. En sus escarceos con lo extrafutbolístico encontramos la duda de un tipo indiferente con el compromiso, pero como sabe redimirse a menudo con la frialdad del ambicioso, en cada reto tomado en serio, encontramos un soldado de barba rala y cuchillo apretado sobre la mandíbula. Debe ser difícil tenerle como enemigo.
- Ayala:
Las segundas oportunidades solamente son concedidas a los tipos que las merecen. Tras liderar a River y derretir de pasión las gradas de Nápoles, Roberto Fabián Ayala llegó a Milan para disputarle la hegemonía a la vieja línea formada por Maldini, Nesta y Costacurta. No lo consiguió. Con la amarga experiencia del fracaso y las ganas irreductibles del triunfo, aterrizó en Valencia para convertirse en mariscal de campo. Como ché, Ayala fue príncipe y guerrero. En una defensa cuya edad hacía chirriar sus engranajes, Ayala aportó criterio, fiereza y seguridad. Como todo ser competitivo sabía hacerse respetar en las dos áreas; en la suya, sabía pegar con discreción y apabullar a los rivales con su anticipación, y en la contraria, sabía saltar como un gamo y anotar decenas de goles gracias a sus cabezazos incontrolables. Suyo fue aquel gol certero que dio la liga en Málaga y suya fue la seguridad impenetrable que certificó una segunda liga conquistada en Sevilla. Cuando abandonó su hábitat, descendió a segunda con el Zaragoza, pero aún en los infiernos nadie pudo olvidar jamás el aporte irrefutable de un defensor pequeño que actuaba como un gigante.
- Hierro:
Cuando jugaba en Valladolid estuvo apunto de fichar por el Atlético. Adelantarse a su eterno rival, fue una de las operaciones más hábiles de Ramón Mendoza. El malagueño Fernando Hierro aterrizó en un Madrid perfectamente engranado y, con los años, se vio obligado a capitanear constantes cambios de rumbo. Cabeza visible en éxitos y fracasos, Hierro rara vez escondió la cabeza a la hora de afrontar los retos. Se consagró mediáticamente como centrocampista, pero pasó de verdad a la historia como defensa central. Fue capitán y guía, férreo enemigo e impulsivo gladiador en ambas áreas. Jugó casi quinientos partidos, marcó más de cien goles y levantó en cinco ocasiones la copa de los campeones de liga. Tras su marcha, el Madrid no dejó de navegar y derivar. Siguió ganando, porque en su inercia reside su esencia, pero no volvió a encontrar un pilar tan fundamental como lo fue su presencia.
- Roberto Carlos:
Rara vez un defensor resultó tan vital en el aspecto ofensivo para su equipo. Roberto Carlos se acostaba en el lado izquierdo, arrancaba como defensor lateral y tuvo siempre alma de delantero. Su principal virtud era la velocidad y su arma más mortífera era su disparo. Como al Madrid siempre le pusieron trabas, el equipo siempre encontró una vía de salvación en los disparos certeros de pequeño jugador brasileño. Llegó rebotado del Inter y se marchó a Turquía tras anotar un centenar de goles y ganar cuatro ligas. En el recuerdo queda la esencia de un jugador irrepetible, dueño absoluto de su carril y arma afilada para los equipos rivales. Cuando ganaba la línea de fondo, era para poner un centro de gol, cuando asomaba a la frontal, era para reventar la pelota en la red de la portería contraria.
- Guardiola:
Hoy le vemos vestido de manera impecable y gesticulando abiertamente junto al banquillo del Fútbol Club Barcelona, pero no hace mucho era el eje central del mejor Barça que se recuerda. En un equipo que pasó a la historia con el sobrenombre de Dream Team, Guardiola era el guía y la estrella polar. Sus críticos siempre achacaron su ausencia de facultades para poner en duda su valía, pero en su principal virtud apagaba todas sus carencias; Pep veía siempre el pase correcto antes incluso de recibir el balón. En una época, la actual, dirigida en viajes por GPS de alta tecnología, recordamos a Guardiola como el primer gran radar del fútbol. Su lugar era la zona central del terreno de juego y su mirada lo abarcaba todo. Aprovechó la profundidad de Stoichkov, el desmarque letal de Romario y la capacidad asociativa de Laudrup para convertirse en su mejor socio. Y el Barcelona se aprovechó de su valía para conquistar seis ligas y convertirse en referente definitivo en el escaparate del fútbol mundial.
- Messi:
Apenas ha cumplido la veintena y solamente ha ganado dos ligas y ya es considerando como uno de los grandes de la historia. A sus asombrados valedores no les falta la razón; Messi es una anguila con pies de pluma y piernas de acero capaz de dejar sentado a cuantos rivales se pongan en su camino. Nacido como delantero, el holandés Rijkaard supo sacar lo mejor de su jugo acostándole sobre el lado derecho. De allí no le ha movido nadie desde que debutó como azulgrana y difícilmente podrán quitarle el sitio durante la próxima década, porque en Messi se adivinan diez u doce años de gran fútbol y una carrera dibujada para uno de los mejores jugadores de la historia.
- Gento:
Ningún otro jugador ha ganado tantas ligas como La Galerna del Cantábrico. Fichado desde el Racing de Santander para hacerse un hueco en el costado izquierdo del ataque madridista, Gento pasó pronto de promesa a realidad y de realidad a capitán legendario. Sobrevivió al mejor Madrid de Di Stéfano y se convirtió en guía espiritual de un Madrid ye-ye que heredó el espíritu de los campeones. Cuando se retiró no solo dejaba atrás la estela del mejor extremo izquierdo de la historia, sino también un palmarés insuperable coronado con dos records, hasta hoy, inalcanzables; el de seis copas de Europa y doce títulos de liga.
- Zidane:
Si la poesía es la estética del sonido dentro del lenguaje, podríamos bautizar a Zidane como el mejor poema que jamás compuso el fútbol. Dotado de unas cualidades técnicas insuperables, Zidane vivió siempre en la cima de los asombros. En cada control, en cada regate, en cada detalle, dejaba el aroma de las mejores cosechas balompédicas. Fue bailarín e hipnotizador. No fue un gran definidor ni un tipo en el que poner los balones decisivos porque lo suyo, más que los goles era el juego. Destilaba fútbol y, como tal, pasó a la historia como un auténtico artista del balón. Jugó en el Madrid durante sus últimos años y solamente ganó una liga, pero por encima de todo dejó varios centenares de detalles que siguen y seguirán siendo inolvidables.
- Raúl:
Comer sin angustia y devorar hasta la saciedad suele ser castigado por los más moralistas como un imperdonable pecado de gula. En este sentido, no podríamos encontrar en nuestra liga un pecador tan insaciable como Raúl. Pocas veces un futbolista tan discutiblemente tocado por la técnica, fue capaz de sacarle tanto partido a su inteligencia. Raúl entiende el fútbol como un juego de patio de colegio, donde el más listo se gana siempre el bocadillo y el beso de la más guapa de la clase. En su ímpetu devorador ha dejado más de doscientos goles, quinientos partidos y un total de seis títulos. Y sigue sumando, porque su hambre de gloria no tendrá jamás límite por más que los moralistas se propongan pararle los pies.
- Puskas:
Llegó al Madrid pasado de kilos y de años y se marchó dejando la sensación de que jamás volvería a verse un delantero como él. Ante la negativa a su fichaje por parte de José Samitier, Santiago Bernabéu mandó al garete a su secretario técnico y cumplió el sueño de fichar al jugador que tanto le había asombrado durante sus antiguos viajes por Europa. Pese a adelgazar, nunca dejó la sensación de ser un gordito, pero, eso sí, siempre un gordito maravilloso. Anotó ciento cincuenta y cuatro goles en ciento ochenta partidos de liga, ganó cinco títulos y dejó para siempre el recuerdo de una pierna izquierda irrepetible. Un cañoncito insuperable. Imparable.
El equipo elegido, tras más de doscientos votos recibidos por puesto, fue el siguiente:
- Casillas:

- Sergio Ramos:

- Ayala:

- Hierro:

- Roberto Carlos:

- Guardiola:

- Messi:

- Gento:

- Zidane:

- Raúl:

- Puskas:
