
A los que amamos el fútbol y durante años estuvimos soñando con absorberlo todo, el mundo de internet nos empieza a sonar a gloria bendita. Por ello, mientras sigo convenciendo a Sagrario para abonarme a un operador de cable y mis súplicas siguen cayendo en duda esperanzadora, debo seguir buscando en la red el mejor motivo para seguir informado. Y en primer lugar encuentro los blogs, magníficos espacios de reunión donde un puñado de chiflados como yo se reúnen para ponerme al día de todo lo que quiero saber. Y en segundo lugar están los programas para ver fútbol por la red, y a medida que voy dejando sin espacio al disco duro de mi ordenador, voy ganando en locura pues ya no me quedan ventanitas con las que ir alternando mi ansia de visionado.
Por todo ello y gracias a ello, me resultó imposible dejar pasar una jornada como la de ayer en la que pude aclarar varias de mis dudas y pude ir haciéndome una idea de lo que nos espera en esta temporada en la que los dos gigantes de nuestro fútbol serán los auténticos ases a derrocar.
En Inglaterra vi un Chelsea distinto al de años anteriores. Distinto porque sigue manteniendo la solidez que antaño le hizo ganar fama de equipo rocoso y sospechosamente aburrido, pero ahora hasta tiene atisbos de buen fútbol, y eso que la temporada no ha hecho sino empezar. Con un centro del campo de bastante nivel, donde dos veteranos de postín como Ballack y Deco siguen esperando aportar su cátedra desde el banquillo, fía su empuje de velocidad de crucero a una pareja de delanteros aterradora. Ayer, al tran tran particular de los equipos que llegan lejos, aniquiló a un Burnley que salió respondón y se marchó resignado.
Tras los blues hicieron acto de aparación los rojos de Liverpool. Más allá de las dudas que estén levantando al principio de esta temporada, locierto es que en las adversidades siguen buscando la portería rival con orgullo. Cierto es que debe corregir demasiados errores, como la descordinación defensiva y el estado de nervios en el que parece estar sumido su alma máter Steve Gerrard. En un partido que, por sus propios errores, terminó poniéndose cuesta arriba, acabó remontando gracias a su mayor empuje y al miedo de un Bolton que terminó en su área con un hombre menos.
Aunque menos aún me gustó el Manchester United. Cierto es que ganó, pero lo hizo con esa suerte tan característica que suele sonreir a los equipos campeones; esa que dice que se ganan los partidos que se merecen y los que no se merecen también. Si tenemos en cuenta el error clamoroso de Van Persie con cero a uno en el marcador, el piscinazo de Rooney en el penalti que precedió al empate y en la absurdez de Diaby cuando no tenía ningún rival que le acosase, podemos decir que el Arsenal regaló un partido que, en condiciones normales, debió haber ganado y debió haberle servido para acallar todas las dudas que hoy vuelven a cernirse sobre la bisoñez de un grupo que, dicen, cada vez está menos preparado para los grandes compromisos.
Más allá de las islas se jugaron dos partidos de esos que dilucidan el valor de promesa de los que verdaderamente aspiran y los que no tienen nada. En este último grupo se encuentra el Milan, acomplejado por una plantilla demasiado trillada y poco competitiva y, ayer, humillado por un Inter que, casi andando, le dejó bien claro a su vecino que de un tiempo a esta parte las aguas del Olona han cambiado su cauce. Hoy, la ciudad de Milán sonríe en azul y negro con un equipo donde se ve el sello de Mourinho; poca concesión al rival, protagonismo de los laterales, nada de extremos, mucha fuerza en el centro del campo y juego rápido hacia los delanteros. Interesante sociedad la que pueden formar Milito y un Eto'o que, creo, no tendrá la misma influencia en el juego del Inter como lo tenía en Barcelona. Ante un Milan demasiado infértil, diezmado con un Gattuso que fue expulsado por su desquiciamiento y por verse obligado a tapar fuegos lejos de su zona, el Inter demostró solidez y mucha pegada. Me gustó Snejder y me gustó Motta, ese futbolista que hace poco más de un año los visionarios dirigentes del Atlético de Madrid dieron por inútil para la práctica del fútbol. Para hoy queda un interesante Roma – Juve en el que los bianconeris deben demostrar que este año son la alternativa más seria para derrocar el reinado interista.
Y por último viajé a Alemania. Es cierto que al Bayern de Van Gaal le queda mucho, pero ayer pudimos percibir algo de sus pretensiones. Al equipo más grande de Alemania le va atraer jugar con extremos, lejos de los cánones clásicos de Baviera y más cercano a las pretensiones del afamado Louis. Así, con la entrada en el equipo de Robben y si consiguen mantener a Ribery, pueden convertirse en un equipo interesante siempre y cuando corrijan los verdaderos problemas que tienen en la creacción y, sobre todo y según se vio en partidos anteriores, en una defensa a la que aún le queda mucho trabajo.