
Hace unos años, un periodista, acalorado ante las espectaculares actuaciones del jugador alemán de los Dallas Mavericks, y en un afán desmedido por la comparación destemplada, preguntó al gran Larry Bird por el juego de Dirk Nowitzki. El rubio ex jugador de los Celtics, probablemente el mejor alero de toda la historia de la NBA, respondió sin tapujos: "Es más alto que yo, es más ágil que yo, es más fuerte que yo y tira mejor que yo. Pero es peor jugador que yo".
Todo ello sin borrar la sonrisa de ganador bajo su hoy casi imperceptible bigote rubio, todo ello sin mentir, todo ello sin hacer sentir al espectador que aquellas palabras estaban cargadas de la realidad más sensata.
Desde hace meses viene sobrevolando una absurda teoría que dice que Gonzalo Higuaín no sirve para jugar en el Real Madrid. La base de esta tesis se sustenta en que el delantero argentino aún no le ha marcado un gol realmente importante a nadie. Puede que sea cierto, pero ni en los años en los que jugó escorado a la derecha ni en los que lo hace escoltado por el huracán Ronaldo, ninguno de sus compañeros de ataque ha logrado completar esta reprochada misión. Higuaín, por ejemplo, le ha marcado al Barça los mismo goles en los mismos partidos que Cristiano Ronaldo, es decir, cero.
No sirve la comparación para minusvalorar a un Ronaldo que significa tres cuartas partes del oxígeno atacante de un equipo cada vez más fabricado para él, sirve el símil para dejar de enjuiciar a un tipo que sabe moverse en las inmediaciones del área como el mejor depredador de la selva. Como el león que busca su gacela, Higuaín flota entre los defensas sin hacer ningún ruido, casi en silencio, casi sin buscar el balón. Su participación en la elaboración es testimonial, pero es cuando menos se le espera cuando más aparece. Su capacidad para encontrar unos contra uno ante el meta rival es casi incomparable en el fútbol actual. Puede que falle más de las que tenga y puede que, más que eso, haya fallado las más cruciales, más su instinto de goleador y su capacidad para leer a las defensas rivales son apenas existentes en un fútbol de delanteros voraces como es el actual. Es un jugador imperceptible, es un tipo imprescindible.
Como si de un ejercicio de alabanza hacia el poder se tratase, los poderes fácticos andan empeñados en situar a Benzema por encima de Higuaín, por la simple condición de haber sido una apuesta personal del presidente del Madrid. El francés es un tipo de condiciones innatas, chispazos de emoción y sensaciones ilusionantes, pero es más que posible que algún día a Higuaín le pregunten por él y diga: "¿Benzema? Es más alto que yo, es más ágil que yo, es más fuerte que yo y tira mejor que yo. Pero es peor jugador que yo". Y yo lo suscribiría.